domingo, 12 de junio de 2011

EL PRINCIPIO DEL FIN


Con el informe del PET en la mano y a la vista de su resultado , volvimos a pedir cita con la doctora, y tres días mas tarde estabamos en su consulta.

Tras un vistazo a las imágenes y la lectura del informe del PET, la doctora nos confirmó lo que ya sabíamos: Que el angiosarcoma seguía activo y que había comenzado a "moverse", por lo que nos sugiriò aplicar inmediatamente electrocancerterapia (ECT ) local en aquellos focos, donde se manifestaba de forma visible y cierta; la mayor parte de los cuales se ubicaban en el lecho de la zona operada e injertada.

Le formulamos a la doctora varias preguntas sobre dicha técnica, explicándonos en que consistía, así como su fundamento técnico-científico, y aclarándonos que, así como , si bien en España era poco conocida y descartada por la medicina convencional, estaba bastante desarrollada y experimentada en algunos países, tales como Alemania , China o Cuba, entre otros, y que con ella habia obtenido resultados positivos con otros pacientes ( 1 , 2 ) . Además tenía la ventaja de que no requería hospitalizaciòn ni anestesia general, realizándose, normalmente, con anestesia local y de forma ambulatoria, y tras dos a tres horas de aplicaciòn, el paciente podía irse a su casa por su propio pie; pudiendo incluso, tras una primera revisión y cura, realizar las siguientes curas en el propio domicilio, por un familiar de forma sencilla .

A continuación le preguntamos, asimismo, por el coste y por el número de sesiones que estimaba serían necesarias. A ello nos respondió diciendo que, el coste de la primera sesión sería de 500 Euros y si fuesen necesarias nuevas sesiones, este se reduciría a 300 Euros cada sesión adicional, aclarándonos que, en principio, no creía necesarias mas de dos o tres sesiones; aunque también dejó abierta la posibilidad de tener que realizar alguna más, puesto que nunca había tenido experiencia previa con angiosarcomas .

El "mal" seguía activo y no teníamos muchas opciones a la vista. Además, con la electrocancerterapia ( ECT ), tal como nos había sido presentada, parecía que el riesgo o, mas concretamente, el fiel de la balanza coste/beneficio para el paciente, se inclinaba claramente del lado de optar por aplicar la alternativa que nos ofrecían ; Y ello por cuanto, el coste económico, siempre que el tratamiento resultase efectivo, no resultaba excesivamente elevado, comparado con los tratamientos convencionales ( quimio, radio o cirugìa ) . Además, nos horrorizaba la idea de dejar evolucionar al angiosarcoma a sus anchas, vistos los precedentes anteriores y las informaciones de los oncólogos que habíamos consultado, así como la ingente literatura médica sobre el mismo que habíamos leido previamente y que no resultaba nada esperanzadora, en cuanto a la posibilidad de curación espontánea .

Tampoco hizo falta insistirle mucho al enfermo quien, confuso y desorientado, además de encomendarse a la "Divina Providencia" se había puesto prácticamente en nuestras manos, delegándonos la adopciòn de las decisiones sobre las terapias a aplicar.

No obstante dada la reciente implantaciòn del marcapasos y la necesaria aplicacion de electrodos a las zonas a tratar, le preguntamos a la doctora si ello podría interferir en el correcto funcionamiento de aquel.

La doctora, aunque no había tenido una experiencia previa semejante, nos contestó que creía que no y que, no obstante, además de decirnos que consultaría dicha duda con el fabricante del aparato, durante la intervención monitorizaría, en todo momento, la tension y el ritmo cardiaco, con el fin de suspender inmediatamente el tratamiento en caso de observar cualquier anomalía en el mismo.

Finalmente, tras sopesar pros y contras, llegamos a la conclusiòn de que debíamos confiar en la doctora y probar suerte. A sí que, tras firmar el paciente la hoja del consentimiento informado, fuimos citados para dentro de dos días a fin de aplicar el tratamiento de forma mas inmediata posible.

Como estaba previsto, dos días después, el paciente se encontraba tumbado, mirando al techo, en la camilla de la habitaciòn de la clínica, destinada a las sesiones de electrocancerterapia (ECT) .

La sala consistía en una sencilla habitaciòn de unos 14 metros cuadrados, con un amplio ventanal de corredera, que daba a una gran terraza . Junto a la pared del fondo se encontraba adosada una camilla que, situada aproximadamente en el centro de la estancia, dividía esta en dos partes. En su parte izquierda, y junto a la cabecera había una mesa portatil con el ordenador, al se conectaban los electrodos cuyos parámetros serían posteriormente programados. A la derecha una pequeña mesa auxiliar y en la pared situada junto a los pies de la camilla, un mueble conteniendo instrumental y productos de uso sanitario.

Tras, una breve conversación informal destinada a distender el ambiente la doctora comenzó a aplicar al paciente, en las proximidades de los focos tumorales a tratar, pequeñas inyecciones del anestésico procaina, proporcionandole a continuación un sedante oral; procediendo, una vez comprobado que el anestésico había surtido efecto a aplicar los electrodos, introduciéndo las agujas de platino de los mismos en los distintos focos tumorales visibles; lo cual no resultaba fácil al carecer el paciente prácticamente de tejido, aparte del óseo, en esa zona operada.

Realizada dicha actuación procediò a programar los parámetros del BET 7 , permitiendo nuestra presencia en todo momento junto al paciente. Tras comprobar que no se producían arritmias y que las molestias producidas por la corriente de baja intensidad que circulaba a través de los electrodos resultaban soportables para el paciente, se fué a una sala próxima a atender a otras consultas, permaneciendo siempre disponible, en cualquier momento, para solucionar cualquier anomalía que observasemos en el paciente; particularmente molestias o dolores cuando disminuyesen los efectos anestésicos de la procaina, avisándola a través de la enfermera.



Antes de ausentarse le consultó al paciente si prefería música relajante o ver la televisión situada, enfrente del mismo a una altura de dos metros. El paciente, eligiò la caja tonta, aunque sintonizamos un bonito documental sobre el mundo natural que en ese momento pasaban por la 2 de TVE, que hizo bastante amena la primera hora de sesión, que transucurrió sin incidencias, aunque con ligeras molestias por parte del paciente, provocadas por la contínua descarga electrica, a pesar de su baja intensidad y voltaje . Sin embargo, a partir de ese momento las molestias fueron en aumento; por lo que avisamos a la doctora, para ver la forma de reducirlas. Esta, volvió a suministrar nuevas dosis de anestésico local y poco a poco las molestias disminuyeron, aunque no cesaron totalmente.

Quince minutos mas tarde aproximadamente, comenzaban a viisualizarse los primeros efectos de la electroterapia, apreciàndose como, paulatinamente se iba produciendo la quemadura por electrolisis del tejido de los pequeños focos tumorales y del tejido circundante de aspecto aparentemente normal ; indicando con ello, que se trataba de tejido precanceroso .

Como las molestias por la corriente eléctrica iban en aumento y empezaban a ser insoportables para el paciente, la doctora, en vista la evoluciòn de los efectos del tratamiento y de las quejas del paciente, optó por suspenderlo, a pesar de que no habían transcurrido aún las dos horas y media de tiempo programado.

Tras limpiar y curar con Betadine las heridas producidas por las quemaduras de los electrodos en los cinco focos tratados, el paciente, ya mas relajado, se levantó por su propio pié.

La doctora nos dió las instrucciones post-operatorias, consistentes, en aplicar sobre las heridas , una simple limpieza con agua oxigenada o betadine jabonoso y posterior tratamiento con "Betadine" dos veces al día en cada uno de los focos. Asimismo nos cito para revisión en siete días o, en cualquier caso, antes, si se observase cualquier complicaciòn o anomalía.

Tras pagar y despedirnos, regresamos a casa con el paciente, como si nada hubiera sucedido. Pero, en realidad algo había sucedido. Habíamos dado, sin saberlo aún, uno de los pasos fundamentales que constituiría el principio del fin de la pesadilla, como mas tarde podríamos comprobar.

No obstante el camino no sería un camino de rosas sino tortuoso y lleno de espinas e incertidumbres; como iremos viendo en sucesivas entradas.

Una vez en casa y con el fin de ir comprobando la evoluciòn del tratamiento, decidí tomar fotos de los focos tratados y su evoluciòn, para poder compararlas con las de etapas posteriores.

Las que pueden verse a continuación al resultado de la primera sesiòn de electrocancerterapia (ECT).





Imagenes del paciente correspondientes a los focos
tumorales tratados,obtenidas al día siguiente de la
primera sesiòn de electroterapia.

miércoles, 1 de junio de 2011

UN PASITO PA´LANTE UN PASITO PA´TRAS

Comenzamos el tratamiento descrito en entradas anteriores, a base de, uña de gato, Omega 3, Agua cristal, Refensal, Lisin Prolin y las pildoras de microinmunoterapia prescritas, manteniendo al mismo tiempo la dieta estricta sin azucares refinados, carnes, leche, harinas y pan blancos, sal, y tomando agua mineral de bajo residuo seco, productos integrales, frutas y frutos secos y del bosque cuando era posible, cereales, legumbres, verduras y hortalizas, así como pescado. procurando cocinarlo de forma que la pérdida de vitaminas y nutrientes fuese mínima. Asimismo añadíamos a la comida abundantes especias, tales como albahaca, romero, cúrcuma, pimienta, jenjibre, etc. ; sin que faltasen generosas dosis diarias de nuestro ajo y perejil . Asimismo añadíamos, tras las comidas principales, infusiones de te verde, que mas tarde sustituiríamos por te blanco, de mayor poder antioxidante. Todo ello, siguiendo las indicaciones del ya mencionado libro de cabecera titulado "Anticancer" escrito por David Servan Schreiber, y las recomendaciones de nuestra doctora .

Asimismo dada la amena y relativamente sencilla lectura del libro, una vez lo leimos mi mujer y yo, para seguir aquellas indicaciones que nos parecieran mas interesantes, le propusimos al enfermo que lo fuese leyendo tranquilamente, para que se familiarizase con su enfermedad y comprendiese las razones de seguir una dieta y unos hábitos nuevos, a fin de implicarle en su propio proceso curativo, y de que conociese la historia del autor del libro, pensando que ello podría, a su vez darle ánimo y esperanza en su recuperaciòn.

La iniciativa surtió efecto, y a los pocos días comprobamos que el libro suscitaba su interés y que dedicaba largos periodos de tiempo a su lectura. Terminó tan enganchado con su lectura y relectura que lo llevaba consigo a todas partes, incluidas las zonas mas íntimas de la casa.

Durante el periodo en que el enfermo había sido operado y radiado, había sufrido algún breve y esporádico desvanecimiento; Lo que, curiosamente , coincidia , casi siempre, con el momento de la comida principal.


La primera vez que ocurrió, nos asustamos pensando que se trataba de un infarto o una trombosis cerebral. Se encontraba sin fuerzas y casi sin conocimiento;balbuceaba incoherencias y tenía los ojos vidriosos y muy abiertos . No obstante, tras tumbarlo en un sofá y humedecerle la frente con agua fría recuperó poco a poco la consciencia y la normalidad.

Avisamos al Servicio de urgencias, cuyo doctor, tras comprobar la presiòn arterial y realizar in situ un electrocardiograma no observó ninguna anormalidad, siendo diagnosticado como "síncope vasovagal" . Al repetirse posteriormente en otras dos ocasiones, le fué colocado un holter durante 24 horas, sin que, una vez retirado, nadie nos comunicase su resultado, ni nos llamase para prescribir al enfermo algún tratamiento específico. A todo lo cual se sumó que, durante los diez meses siguientes, únicamente se produjeron dos pequeños y breves mareos sin desvanecimiento ni otra sintomatologia, perfectamente achacables a una momentánea bajada de tensiòn . Por lo que no le dimos mas importancia al asunto.

Cuando había transcurrido casi un año desde que le fuera colocado el holter, recibimos una llamada telefónica del servicio de cardiología del hospital comarcal que lo había instalado, para que acudiesemos a una cita urgente al día siguiente, y una vez ante el cardiólogo, este nos informó que habían observado unas arritmias y que era preciso, para evitar futuros problemas, la implantaciòn de un marcapasos; explicándonos detalladamente las razones para ello y los riesgos de no hacerlo. Con igual detalle nos explicó en que consistía la operación y los riesgos de la misma emplazándonos, si aceptábamos la sugerencia, para la semana siguiente, a fin de realizar el implante .


Sorprendidos por el retraso en comunicarnos el resultado del holter, del cual prácticamente nos habíamos olvidado, preguntamos por la tardanza en tomar tal decisión, respondièndonos el doctor, que al parecer el resultado del holter se había traspapelado y al encontrarlo posteriormente nos habían avisado de forma inmediata. Nos miramos recordando lo pasado con el angiosarcoma y nos sonreimos. ¿Que otra cosa podíamos hacer en aquel momento?.


Cuando el mèdico nos preguntó por el mottivo de aquella sonrisa de complicidad, le explicamos la historia del angiosarcoma y los retrasos en el diagnóstico. A pesar de que el doctor no parecía tener nada que ver con el retraso y el traspapeleo, sino mas bien con el espontáneo descubrimiento del resultado del holter y la concertación inmediata de la cita para informarnos del resultado, nos dió toda clase de disculpas; cosa que agradecimos.

Tras firmar el enfermo, la hoja del consentimiento informado, quedamos citados para la semana siguiente.

Llegado el día, a primera hora de la mañana, le fué implantado el marcapasos por la mañana, en poco menos de una hora. Al final de la tarde, tras haber permanecido 8 horas monitorizado y en observación el enfermo salía por su propió pié con el artilugio instalado y haciendo tic-tac, como un reloj nuevo, con pilas para diez años. Largo tiempo, pensamos; teniendo en cuenta la edad y lo que tenìa encima.

El problema fué que aquello limitó uno de los tratamientos prescritos, el Pap-Imi, debido a que la tecnología empleada se basaba en campos magnéticos pulsantes, que podían interferir el funcionamiento del marcapasos ; y por una razón semejante se cerraron tambien las puertas a la aplicaciòn de otro tratamiento que pudiera haber resultado viable, en caso necesario, como la hipertermia . De hecho, cuando, llegado el momento, la doctora sugirió iniciar el tratamiento con Pap-imi, pusimos en su conocimiento la implantaciòn del marcapasos, desaconsejandonos la iniciaciòn del tratamiento tras conocer la nueva situaciòn.

Junto a la dieta mencionada, la microinmunoterapia, y las altas dosis de omega 3 ( hasta 9 gramos diarios distribuidos entre las tres comidas principales ), el paciente tomaba su medicaciòn habitual para la hernia de hiato, así como los anticoagulantes ( adiro ) el hipertensivo ( Emconcor ) y el protector gástrico ( omeprazol ). Mas adelante añadiría "ibuprofeno", para paliar las molestias inflamatorias que ocasionaba el desarrollo del angiosarcoma en la zona mandibular.

Así pasamos los cuatro meses que van de mayo a agosto, con algunas molestias soportables y con un avance muy leve de los síntomas propios del angiosarcoma, y con escasa evolución visible del mismo; por lo que pensamos que tal vez el tratamiento estaba surtiendo efecto, haciendo mas lento su desarrollo.

Sin embargo, al finalizar agosto, comenzamos a comprobar como algunos puntos de aspecto sospechoso situados principalmente en el lecho de la zona operada y radiada, comenzaban a cambiar de coloraciòn y aspecto, así como muy lentamente iba enrojeciendose cada vez una mayor extensión de las áreas circundantes.

En vista de ello, en la primera semana de septiembre concertamos una cita con la doctora, quien tras observar la evoluciòn sugirió realizar un PET, para conocer realmente la localización exacta de los focos activos del angiosarcoma, así como su alcance real, a fin de poder tratarlos, en su caso, mediante electroterapia aplicada localmente; terapia, que no resultaba incompatible con el funcionamiento del marcapasos.

Podíamos haber intentado la realizaciòn del PET a través del hospital donde había sido tratado hasta ese momento, pero el hecho de haber sido desahuciado, junto a los previsibles retrasos, en caso de que fuese admitida nuestra solicitud, debido al caracter limitado y restrictivo con que dicha prueba se realizaba en esos momentos, optamos por realizar dicha prueba de forma privada y a nuestra costa . Tras localizar tres posibles lugares donde obtener el PET en la provincia donde residíamos y comparar los precios, vimos que entre el mas caro y el mas barato había una diferencia de mas de doscientos Euros. Le consultamos a la doctora si ello podría suponer algún inconveniente en cuanto a la calidad del resultado del PET, y nos recomendó que, sin ningún problema fuesemos al más barato. Aún así, la broma salió por 500 Euros.

Dos días mas tarde, a las nueve de la mañana, hora prefijada para la cita, nos presentamos en el mostrador de recepción de la clínica. Tras los trámites administrativos correspondientes, nos pasaron con la doctora que iba a realizar la prueba. Esta nos explicó, detalladamente, en que consistía así como los posibles riesgos de la misma.El paciente firmó la hoja del consentimiento informado, autorizando la prueba. De ahí pasó a un pequeño cuarto, donde debería permanecer, emparedado a cal y canto y totalmente aislado, unas cuatro horas, una vez le hubiese sido inoculado en su flujo sanguineo el producto radioactivo que permitiría detectar los posibles focos neoplásicos.

Mi esposa y yo aprovechamos ese paréntesis para darnos una vuelta por los alrededores y tomar algo, dejando nuestro telefono movil, por si en algún momento era necesaria nuestra presencia; regresando finalmente poco antes de transcurrido el tiempo de aislamiento prescrito . Poco después salía el paciente de su bunkerizado cubículo de aislamiento, recomendándole la doctora que bebiese abundante agua para eliminar los residuos radioactivos y a nosotros , evitar el contacto con el mismo durante, al menos 24 horas.


Nos dijeron que el Informe tardaría aproximadamente una hora, tiempo que aprovechamos para ir todos juntos a comer.

A la vuelta, y previo pago del mismo teníamos el informe en nuestras manos. Desde que la doctora lo prescribió hasta ese momento habían transcurrido escasos tres días. Nada comparable con la quincena, que como mínimo solia tardar en realizarse cualquier TAC por la vía burocrática de la sanidad oficial. Claro que esa diferencia tenía un nombre: 500 Euros.

Desgraciadamente el informe no venía, sino a confirmar lo que suponíamos, aunque no queríamos creernos. El angiosarcoma seguía activo y tenía varios focos, algunos de los cuales ignorábamos totalmente, dado que aún no se habían manifestado exteriormente de forma visible ni dolorosa .Dicho informe recogía el siguiente resultado :


TECNICA:

Se realiza estudio PET/CT con equipo híbrido de GE discovery ST desde cráneo hasta tercio superior de muslo, mediante reconstrucciòn iterativa con dos iteraciones y 15 subsets en modo 2D, con y sin correcciòn de atenuaciòn y adquisiciòn de cortes coronales, axiales y sagitales y administración de contraste iv.

INFORME :

En las imágenes obtenidas se observan varias adenopatías de características hipermetabólicas y morfología redondeada.
Localizadas en :
-adyacente a mandíbula superficial a la misma de unos 12.5 mm de diámetro máximo, parcialmente necrosada ( Standard uptake value - SUV max= 10 g/ml.
-espacio cervical posterior izquierdo en borde posterior de esternocleido mastoideo ( SUV max = 3.5 )
-retromandibular izquierda ( 4.8 g/ml )
-laterocervical izquierda (4.4 g/ml ) de unos 13 mm
-submandibular izquierdo infracentimétrica necrosada, sin incremento metabólico objetivable aunque sugestiva igualmente de malignidad.

En el resto del estudio de cuerpo entero el metabolismo glicolítico presenta una distribución fisiológica, sin observarse otros focos sospechosos de actividad neoplásica.


Resultaba evidente que el angiosarcoma seguía allí agazapado, dando señales de no dejarnos en paz, como un fuego que cuando parece extinguido se reaviva mientras exista un mínimo rescoldo y haga su apariciòn la mas leve brizna de aire.

A cada paso adelante seguía otro para atrás; con lo que teníamos la desoladora sensación de estar siempre en el mismo sitio a pesar de no dejar de movernos sin parar; pero condenados, en cualquier caso a seguir moviéndonos, sin tener muy claro el rumbo.



El tiempo, finalmente premiaría nuestra constancia. Pero en ese momento todavía no lo sabíamos y estabamos sumidos en un mar de dudas.

sábado, 14 de mayo de 2011

UN PASO ADELANTE


Después de la consulta con el que yo había llamado, con cierta sorna "El brujo" y a quien, tras la misma me referiría con el calificativo algo mas respetuoso de "curandero", y después de informarnos, a través de Internet y mediante consulta informal con un amigo médico ya jubilado, optamos por seguir sus indicaciones sobre los productos que nos había recomendado aquel : Uña de gato, vitamina C y Acidos grasos Omega 3 Nua DHA de 1 gramo . Y ello, en cuanto, aun cuando nos parecía insuficiente como tratamiento, no creíamos, por otra parte, que pudiera perjudicar al enfermo y esperábamos, al mismo tiempo, que mientras encontrabamos otras soluciones podría ayudarle a mejorar su sistema inmunitario, y a hacer mas lenta la progresión tumoral. Todo ello, además de la dieta recomendada en el libro "anticancer", que ya habíamos comenzado a practicar, suprimiendo radicalmente azucares, féculas y harinas refinadas, sal, carnes y derivados, leche, grasas saturadas y alimentos procesados , principalmente, y manteniendo o añadiendo, pescados, especialmente azules, leche de soja y yogures naturales, legumbres verduras y hortalizas, frutas , frutos del bosque y frutos secos, en especial nueces; así como determinadas especias, como cúrcuma, pimienta negra, ajos, perjil, gengibre, albahaca, romero, te verde o blanco etc.

Mi mujer acudiò a un herbolario , para adquirir los productos recomendados por el "curandero". Conocía a la propietaria de cuando trataba con ciertos productos fitoterápicos y homeopáticos algunos de los efectos secundarios que le producía el tratamiento "alopatico" a base de corticoides, diuréticos y antihipertensivos, de una "panarteritis nodosa" ; rara enfermedad autoinmune contraida por su madre, treinta años atrás y fallecida hacía seis años, a pesar de que, tras ser diagnosticada por su médico, aficionado a las matemáticas de salón, no le había pronosticado mas de dos meses de vida.


Comentando con la dueña del herbolario la situación de su padre, aquella le recomendó visitar a una doctora que tenía su consulta en una ciudad distante de nuestro domicilio unos 50 kilómetros por autovía, la cual le merecía toda su confianza y que sabía que había tratado con éxito a algunos enfermos de cancer.


A la vuelta mi mujer me lo comentó y no lo pensamos dos veces. Una vez conseguido el teléfono de la consulta de la doctora, ese mismo día, solicitabamos una cita con ella; y tres días mas tarde nos plantábamos con el paciente en su consulta. Esta se encontraba, en la primera planta de un inmenso y moderno edificio de reciente construcción, estratégicamente situado en el mismísimo corazón de la ciudad, con fácil aparcamiento en las inmediaciones, y muy cercana a la estación de Trenes Ave y de cercanías y de la Central de autobuses .


La doctora, tenía un raro nombre de raices griegas, pero de bello significado, seguramente extraido del santoral del día de su nacimiento. Lotería que tradicionalmente solía tocar, en otros tiempos, a muchos de los nacidos en pueblos de la España profunda, bien por dudas o discrepancias a la hora de la elecciòn del mismo o como consecuencia de la acendrada religiosidad de alguno de los padres, tan propia de la españa rural de aquellos tiempos del cuplé.


De unos 50 años, sencilla, y de rostro expresivo y juvenil, a pesar de la edad, enmarcado en una abundante, frondosa y semirizada mata de pelo castaño recogida hacia atrás, la doctora poseía, según supimos, una amplia experiencia previa en Servicios de urgencias y hospitales de la Seguridad Social. Nos recibiò, sonriente y con una espontánea y jovial familiaridad; como si hubieramos sido clientes de toda la vida. El despacho, pequeño, sencillo y , ligeramente desordenado, añadía una nota mas de cercanía y familiaridad. Algo de lo que estábamos necesitados; acostumbrados a tratar con la habitual distancia y frialdad profesional que habíamos padecido anteriormente en nuestras relaciones con la mayoría de los doctores de cirugía plastica, que había terminado por generar en nosotros una cierta desconfianza en los mismos.


Tras sentarnos y mantener una distendida y breve conversación introductoria , cuyos pormenores no recuerdo ahora muy bien, pasamos a relatarle nuestro "via crucis" , así como nuestras particulares críticas a la metodología seguida, hasta ese momento, por los servicios oficiales de salud, y en particular a los retrasos en el diagnóstico correcto y en las intervenciones quirúrgicas . Era una letanía que, a modo de exorcismo, íbamos repìtiendo a todo el que quería oirnos, como una forma de desahogo para sobrellevar la situación a la nos habían abocado, primeramente un diagnóstico tan tardio como erróneo y mas tarde unas intervenciones quirúrgicas, a nuestro juicio mal planificadas, a consecuencia, en gran parte, de la rutina y la burocracia de los protocolos sanitarios.



Tras poner cara de circunstancias, ante el relato que hacíamos, sin saber muy bien que decir, nos animó diciéndonos que, aunque no había tratado anteriormente ningún angiosarcoma, existían terapias, distintas a las convencionales de cirugía, radioterapia o quimioterapia que habían tenido éxito en distintos tumores, entre ellos algunos sarcomas de tejidos blandos y que podían tambien dar tambien buen resultado en nuestro caso. Acto seguido, volvió ligeramente hacia nosotros la pantalla de su ordenador para que pudieramlos verla y nos mostro varias fotografías de detalle en las que podía observarse, el antes y el después de varios casos de tumores, tratados anteriormente por, de forma exitosa con electroterapia , en mama, vulva, cabeza y algunas extremidades. Aquello nos impresionó y a la vez nos llenó de esperanza; y aunque, en mi fuero interno, mantenía un cierto escepticismo defensivo, derivado de nuestras nefastas experiencias anteriores, pensé que, tal vez podríamos tener una oportunidad, y que merecía la pena intentarlo. Mas tarde, durante el tratamiento pudimos comprobar que si bien el escepticismo no era totalmente infundado, puesto que no todo resultó ser un camino de rosas, había merecido la pena el ejercicio de fé y esperanza realizado, que nos llevó a depositar nuestra conrfianza en la doctora .


Tras una breve conversaciòn sobre lo que acababa de mostrarnos, la doctora nos pidiò el historial médico del paciente, comenzando a leer detenidamente los documentos e informes mas relevantes del mismo . A ello siguió una batería de preguntas protocolarias, encaminadas a realizar una amplia y exhaustiva anamnesis recopilatoria de la historia clínica del paciente, desde su mas tierna infancia; incluyendo la medicación que recordase había tomado y la que actualmente estuviera tomando, así como otros detalles relacionados con su modo de vida y su salud.


Una vez concluido el interrogatorio médico, se levantó para observar el lecho de las intervenciones quirúrgicas y los focos de recidiva que ya comenzaban a desarrollarse sobre el mismo , cambiando la coloraciòn y aspecto de los tejidos afectados. Al mismo tiempo realizó una palpación de los distintos gánglios en el cuello y bajo la mandíbula, en busca de posibles adenopatías que, en ese momento, no parecían manifestarse al tacto .
 
Una vez concluido todo ello nos sugiriò, en principio, continuar con la dieta ya iniciada por nuestra cuenta , siguiendo las indicaciones del libro de Servan Schreiber titulado "Anticancer", así como mantener la "uña de gato", la vitamina C y los ácidos grasos Omega 3 Nua DHA, recomendados por el "curandero"; así como, de momento, tambien, la medicaciòn hipotensora ( lisinopril ), betabloqueante ( Enconcor ), anticoagulante ( adiro ), anticolesterol ( Colemin ) y protectora de la mucosa estomacal ( Omeprazol ) , que venía tomando regularmente hasta ese momento, recetada por sus doctores de la Seguridad Social .



Asimismo con el fin de regular y reforzar el sistema "REDOX" y el sistema inmune, prescribió "Refensal" y "Agua cristal" , para posteriormente aplicar sesiones de "Pap-Imi" .


Igualmente nos sugirió que bebieramos agua con bajo residuo seco ( recomendándonos, bien "Bezoya" , "Sierra Fria", comercializada por LIDL o "Bronchales", comercializada por Mercadona, ambas mas baratas que la primera ) y que controlaramos el ph de la orina mediante tiras reactivas de venta en farmacias, para tratar, en su caso de reducir un posible grado de acidez de la misma.


Asimismo, nos sugiriò hacer un "Tipaje linfocitario" y una "serología viral", para aplicar el tratamiento de "microinmunoterapia" mas adecuado en función del resultado obtenido; A cuyo fin obtuvo una muestra de sangre del paciente, para enviarla a un laboratorio de Bruselas que, previo pago de la analítica, nos enviaría el estudio posteriormente.


Finalmente le preguntamos sobre las posibilidades de éxito que pensaba que podíamos obtener siguiendo su tratamiento. La respuesta, a pesar de su inconcrección fué muy clara : "No puedo garantizar el éxito, pero si creo que existen posibilidades" .



Aquella respuesta no acabó con mi escepticismo, pero, a pesar de su indefinición, la sincera espontaneidad con que fue hecha, me inspiró confianza. Y después del "viacrucis" recorrido, un buen chute de confianza, era precisamente lo que necesitábamos para continuar, sin cuartel, nuestra lucha contra la adversidad. Y a pesar de que no terminábamos de ver claro, que las prescripciones realizadas hasta ese momento, fueran a suponer una solución definitiva al problema, decidimos hacer un acto de fé, poniéndonos en sus manos . Aunque bien pensado, no menor que el que habíamos puesto hasta ese momento en los doctores del servicio oficial de salud.



El tiempo nos demostraría que, semejante acto de fé, a pesar de su aparente irracionalidad, fué la mejor decisión que pudimos haber tomado y que supuso el primer paso adelante en el proceso de curación. Pero todavía nos faltarían casi dos años y un largo camino para poder llegar a esa conclusiòn.


A finales de abril de 2009, teniamos en nuestras manos, los resultados del tipaje linfocitario y serológico, cuyo análisis interpretativo y tratamiento recomendado era el siguiente :


"INTERPRETACION DEL TIPAJE LINFOCITARIO :
 
Hiporeactividad inmunitaria global y multiselectiva en relación con una linfopenia y una fuerte disminuciòn de los linfos -T8c y -B , en un sistema inmunitario muy desequilibrado.


Doble bloqueo del CMH I y II, en favor de una presentación mas o menos ineficaz, o sea, inhibida, de los antígenos de todo origen por los CPA a las células inmunocompetentes; es de hecho un estado de anergia inmunitaria.


El derrumbamiento de los linfos B, indica una inmunidad humoral cuasi destruida.


INTERPRETACION DE LAS SEROLOGIAS:
 
Fuerte reactivación del HZV y del VZV
 
Comentarios diagnósticos.-
 
Según los datos clínicos y los resultados analíticos se pueden hacer análisis complementarios :


Perfil proteico
Beta 2 microblobulina


Tratamiento recomendado .-
 
Iniciar un apoyo inmunitario no específico con 2L C1, 3 cápsulas por día en asociacion con las mezclas pro apoptóticas y antiproliferaciòn Bcl-2/VEGF/RANKL âa 30 CH + HGF/IGF-1& 2/IL-6 âa 30 CH + CASPASE-3/TRAIL bak âa 4 CH y el producto antitrombotico ATH, 2 cápsulas en alternancia 1 día /2.


Regular la flora intestinal con un probiótico y neutralizar el Stress oxidativo.
 
Duración del tratamiento : 6 meses. "


A la vista de la analítica y del tratamiento recomendado, la doctora nos sugirió que solicitásemos las píldoras de dicho tratamiento microinmunológico mediante correo electrónico al laboratorio belga que había realizado la analítica; aclarándonos que podíamos hacerlo en español, ya que disponían de una traductora de nuestra lengua, y que lo recibiríamos rápidamente, pudiendo pagarlo contra reembolso o mediante transferencia bancaria.


Asimismo, además de todo lo anterior, nos recomendó tomar una cucharada dosificadora de Lisin-prolin antes o fuera de las principales comidas.



Siguiendo sus indicaciones, pocos días mas tarde teníamos en casa los productos solicitados al laboratorio belga, para comenzar el tratamiento.




Empezábamos una nueva etapa con ilusión y esperanza, pero también con cierta dosis de escepticismo . Todavía nos esperaba un largo camino por recorrer, y muchos obstáculos que superar, como poco después podríamos comprobar.

lunes, 2 de mayo de 2011

BUSCANDO A MERLIN

Mientras afinábamos la dieta, tratando de hacerla lo mas variada y sabrosa posible, a pesar de la limitaciòn que imponía la restricción absoluta de carnes, leche, azucares , féculas, alimentos procesados industrialmente y sal, comenzamos a preguntar a amigos y conocidos, así como en herbolarios, al mismo tiempo que buscábamos por internet, doctores fiables que ejercieran la llamada medicina alternativa y en particular que tratasen problemas de cancer. Y todo ello, como siempre, contrareloj, conscientes de la velocidad con que el angiosarcoma avanzaba; pues sabíamos por nuestras experiencias anteriores, que las primeras manifestaciones externas y apreciables de la recidiva, aparecían, aproximadamente, un mes después de cada operaciòn; progresando, a partir de ese momento con una preocupante celeridad, que se incrementaba a medida que el angiosarcoma aumentaba de tamaño.



Tras varios días de gestiones infrucutuosas, una amiga nos sugirió consultar con un curioso personaje que residía en un pueblo distante poco mas de cien kilómetros de nuestro domicilio quien, según ellla, poseía un extraño don natural para sanar enfermedades de dificil curaciòn, al que acudían, personas desahuciadas por los médicos de la Seguridad Social; con enfermedades raras para las que no encontraban tratamiento adecuado, u otras cuyos tratamientos prescritos resultaban altamente agresivos.



A pesar de que nuestra amiga nos encareció la visita, explicándonos algunos casos difíciles, de amigas y conocidas suyas, que había resuelto con sus misteriosas artes, aquella falta de concrección y mi suspicacia hacia todo lo esotérico me hizo rechazar, de plano, aquella opción, en cuanto me parecía una verdadera pérdida de tiempo.



Sin embargo, mi mujer insistió en visitar al "brujo", como yo, escépticamente, lo llamaba por aquel entonces, alegando, que salvo el tiempo empleado en la visita, no teníamos nada que perder, dado que por sus servicios no exigía otro pago que la voluntad del enfermo.





Conociendo la castellana tozudez de mi mujer y teniendo en cuenta que acababa de prejubilarme y que por tanto disponía un tiempo que antes no hubiera podido dedicarle, no me opuse; especialmente teniendo en cuenta que, de hacerlo, tendría que bregar para convencer a mi mujer y que, al fin y al cabo era la vida de su padre estaba en juego, el cual no se oponía a semejante decisiòn. Así que, mirándolo por el lado positivo, pensé que, aunque no obtuviesemos ningùn resultado, siempre podríamos aprovechar el día para comer fuera y dar un paseo por el campo. Al fin y al cabo siempre sería una experiencia interesante, o al menos curiosa y, por otra parte, nada nos obligaba a seguir sus consejos o los "tratamientos" que nos prescribiese o sugiriese, si no nos convencía.



En cuanto al enfermo, aunque tampoco estaba muy convencido, tampoco opuso resistencia alguna, dado que, después de haber pasado por cinco intervenciones quirúrgicas y mas de 30 sesiones de radioterapia, estaba dispuesto a probar lo que fuese con tal de acabar con su padecimiento, y alejar de si la espada de Damocles que pesaba sobre su cabeza.


Tras concertar la cita, a las 11 de la mañana, salimos en coche y poco después de una hora llegabamos al pueblo del "brujo", situado a unos diez kilómetros de una importante y afamada ciudad . Necesitamos cierto tiempo para dar con la casa, que se encontraba en una calle de una nueva urbanización , medio vacía, del extraradio, cuyo nombre era desconocido para la mayoría de la gente del pueblo y que mi GPS, que llevaba tres años sin actualizar, aùn no tenía en su base de datos.


La casa, de dos plantas, era grande pero modesta, y se encontraba circundada por una valla perimetral, en una parcela ajardinada de unos 500 m2, en una calle muy tranquila, en cuanto no llevaba a ninguna parte.


Llamamos al timbre, e instantes después, una joven de unos 25 años, salió de la casa y nos abrió la puerta del jardín, invitándonos a pasar, cuando le indicamos la cita que previamente habíamos concertado y que ella estaba esperando.


Una vez en la casa, nos dimos cuenta, aquello no estaba lleno de redomas , retortas, matraces o serpentines conteniendo extraños , humeantes y burbujeantes líquidos de colores, sino que se trataba de la vivienda familiar, donde el padre, además, tenía su consultorio en un pequeño despacho de la planta baja, ánexo al salon de la casa, y al fondo del mismo, al que se llegaba después de atravesarlo.


Tras una breve conversacion introductoria con la joven, mi mujer, con hábil interrogatorio circular terminó confirmando lo que sospechaba : Que se trataba de la hija de la persona con la que nos habíamos citado. Avida de curiosidad femenina, continuó el interrogatorio curricular, que fué interrumpido poco después con la llegada del "brujo" al salón, donde en ese momento nos encontrábamos todos, charlando de pié.


La joven que nos había atendido hasta ese momento nos lo presentó, como su padre, y se despidió dejándonos con él, quien nos invitò a pasar a su despacho.



Aunque no esperaba encontrar a un anciano de larga barba blanca vestido de Rappel con sobrero de capirote, tampoco esperaba a un hombre de unos cincuenta años, de aspecto normal y un punto sacerdotal, vestido de calle, con pantalón gris y jersey marrón, quien con ademanes suaves y voz pausada irradiaba por todos sus poros una gran paz de espíritu; todo ello en concordancia con la paz que se respiraba en toda la casa e incluso en la urbanización semifantasma en que aquella se encontraba ubicada.


El despacho, austero, tenía las paredes forradas de madera, barnizada en tono oscuro, y pequeña mesa de escritorio, tras la cual sentó, al tiempo que nos invitaba a hacer lo propio en unas sillas que tenía frente a la misma. En la pared a su espalda, había una estantería con libros, cuyos títulos no alcanzaba a ver, y en un hueco situado en el centro de la misma, un discreto crucifijo . Asimismo, en uno de los huecos de la estanteria pude ver una pequeña imagen de una virgen que no fuí capaz de identificar .


Con voz muy suave se dirigió directamente al enfermo, pidiéndole en un tono cálido y familiar que le relatase la historia de su enfermedad . Cuando hubo escuchado el breve relato, comenzó a hacerle preguntas sobre su profesión, sobre los hijos que tenía y sus relaciones con los mismos; sobre su fallecida esposa y su pasada vida con ella, y sobre otros detalles de su pasado relacionados principalmente con el trabajo, ly a familia, así como tambien relativos a su personalidad.


Terminado ese capítulo de preguntas, continuó preguntando por las enfermedades que había padecido a lo largo de su vida, así como por las intervenciones quirúrgicas de que había sido objeto; pidiendo, por último, que le permitiesemos ver el historial del enfermo que llevábamos con nosotros , sobre el cual tambien hizo algunas preguntas y comentarios, demostrando tener ciertos conocimientos de medicina. Luego nos explicó que aunque no había realizado estudios universitarios de medicina, siempre se había interesado por estos y realizado distintos cursos, y que uno de sus hijos se encontraba actualmente estudiando tercero de medicina. A preguntas de mi curiosa esposa, también nos explicó que había "heredado" de su padre el "don de curar", que a su vez lo había descubierto haciendo con gran éxito de "veterinario" natural de los animales del pueblo, cuando en el pueblo no existía semejante clase de profesionales ;quienes, por otra parte, cobraban unos emolumentos por sus servicios que los campesinos no podían ni querían pagar.


He de reconocer, que había esperado un personaje y una puesta en escena mas efectistas y truculentos y me encontraba ante una persona sencilla , familiar e intuitiva, en el que confluía una extraña mezcla de psicólogo , religioso y médico de cabecera de la antigua escuela, que lejos de inspirar recelo, inspiraba ante todo paz , confianza y esperanza.


Llegados a ese punto, permaneció un momento en silencio y en actitud ausente; dando la apariencia de que se encontraba en trance, meditando y rezando; todo al mismo tiempo.


Pasados unos momentos, abandonó ese estado de ensimismamiento, se dirigió al enfermo y le dijo en un tono, a la vez tan solemne como un doctor de los años 50 y tan dulce como una monja de clausura : " Tiene usted una enfermedad grave, pero acabo de ver que se va a salvar". "Es usted un hombre físicamente fuerte y además veo tambien en usted mucha fuerza interior; y lo más importante : tiene una familia que le quiere mucho; y eso le va a ayudar" . "Solo tiene que tener fé y verá como va a salir bien de esto".


Miré con el rabillo del ojo a mi mujer y a mi suegro y comprobé en sus rostros que aquello les había emocionado. Sincero o no, lo cierto es que aquello, al menos les había levantado el ánimo, aunque no tuviera el más mìnimo fundamento científico.


A continuaciòn el hombre comenzó a exponer sus teorías sobre el cancer sosteniendo , mas o menos, como el cuestionado doctor Hamer que, el sufrimiento era la causa principal, y que también constituía una prueba de la fortaleza interior de las personas. Por tanto tenía que desterrar el miedo, puesto que no solo iba a salir bien del trance, sino que, además, terminaría superando la prueba y la experiencia le fortalecería espiritualmente; por lo que había que contemplar la enfermedad desde este punto de vista positivo, y ello ayudaría a superarla.
Suponiendo, tal vez y con razón, que aquella explicación no nos parecería suficientemente convincente y que esperábamos algo más, el hombre consultó minuciosamente unos libros y folletos que tenía sobre su mesa y en la estantería situada a su espalda y nos sugirió que, para mejorar el sistema inmunológico y el estado general del paciente, con cada comida, "uña de gato" , (Uncaria tormentosa ) "vitamina C"; y "acidos grasos omega 3 nuaDHA" de 1 gramo. No obstante volvió a insistir en su convicción de que todo iba a salir bien y en la importancia de la fortaleza interior del paciente y del apoyo familiar para contribuir a la recuperación.


Personalmente todo aquello me pareciò insuficiente para lidiar con la hidra de Lerna que parecia instalada en la cabeza de mi suegro. Pero no cabe duda de que al menos , lejos de resultar perjudicial, parecía mas bien indicado, en cuanto iba encaminado, principalmente a potenciar el sistema inmune y a mejorar el estado general del paciente, y no parecía incompatible con sus problemas cardiovasculares.


Finalmente y después de una breve charla de despedida mi mujer le preguntó por el importe de sus servicios, a lo que aquel respondió que no cobraba otra cosa que lo que voluntariamente quisiesemos aportar; señalándonos un pequeño cofre con una ranura en su parte superior, donde podríamos introducir , en su caso, anónimamente nuestro donativo; saliendo en ese momento de la habitación y esperando fuera, para que pudieramos discutir, sin su presencia, dicha cuestión . Mi mujer, propuso dejar 50 Euros. Ninguno discutimos la cantidad que introdujo en la ranura del cofre.


Salimos de la habitaciòn . Fuera nos esperaba el hombre, que nos acompañó hasta la puerta donde finalmente nos despedimos .


Aunque todos sabíamos que aquello no era la soluciòn al problema que andábamos buscando, al menos sirvió para inyectar optimismo y esperanza, totalmente irracional, por supuesto; pero, si nos atenemos a los resultados, no menos irracional que los que se habían derivado de las intervenciones quirúrgicas y la radioterapia que, aunque aparentemente mucho mas racionales y científicas, no habían servido hasta ese momento para nada; o para ser exactos, para muy poco. Al tiempo que habían dejado la cabeza del enfermo deformada por las amplias y visibles cicatrices y su piel churruscada y debilitada por los injertos y las radiaciones rebicidas.


Parecía evidente que no habíamos encontrado al mago Merlín. Pero al menos el enfermo había recibido una inyección de optimismo y esperanza que, junto al apoyo de toda la familia, le daban fuerzas para continuar su lucha contra el malvado angiosarcoma.
 

sábado, 30 de abril de 2011

EN BUSCA DEL SANTO GRIAL




La noticia, del abandono del enfermo a su suerte , nos sumió en la perplejidad y su efecto fué semejante al que pudiera sufrir un menor de edad que repentinamente se queda huerfano de padre y madre, o un cristiano que resultase excomulgado, en el el medioevo, sin que hubiese promovido herejía alguna.



Después de todas las informaciones médicas previamente obtenidas de diferentes y prestigiosas fuentes galénicas, que no aportaban ninguna soluciòn o terapia viable ¿Que hacer? . ¿ A donde acudir ? .



Acababan de decirnos que "la ciencia" terminaba allí y que nos habíamos salido de sus racionales, tangibles y empíricos dominios, para entrar en los mas intuitivos, etéreos y metafísicos, de "la Divina Providencia", a la que aquella había venido a sustituir, según pretenden vendernos los materialistas y ateos de turno.



Recordando la impactante y emotiva película titulada "El aceite de la vida" , y teniendo en cuenta la experiencia que allí se narraba, en lugar de esperar pasivamente los acontecimientos, decicimos seguir los pasos de sus protagonistas, enfrentados a una situación semejante, en lugar de tirar la toalla, como el manager de un boxeador grogui, y dar por concluida la pelea.



En dicha película, con base en un hecho real, se narraba la odisea de unos padres, que luchando contra la corriente, representada por el hermético establishment médico-científico, y sin conocimientos previos de medicina consiguieron, con grandes dosis de tesón y estudio, salvar la vida de su hijo de 6 años, diagnosticado de una gravísima enfermedad neurodegenerativa conocida como "adrenoleucodistrofia", o enfermedad de Lorenzo, desde entonces, mediante el conocido desde ese momento, como "aceite de Lorenzo" ; una mezcla de cuatro partes de glicerol trioleato y una de glicerol trieruciato, descubierta por ellos.



En este caso, el niño tenía 82 añitos; pero aún así, intentar ganarle la partida a esa desagradable señora enlutada que guadaña en mano nos acecha cada día, esperando que le ofrezcamos la cabeza, merecía la pena y resultaba estimulante. Máxime cuando el "niño", a pesar de todo se mostraba vigoroso y peleón.



Optando por convertirnos en doctores, aunque fuese a palos, en lugar de enterradores, nos pusimos manos a la obra.



Conscientes de que, además de partir de cero, estábamos actuando contrareloj, decidimos en primer lugar obtener toda la informaciòn posible sobre posibles terapias alternativas, dado que la exigua panoplia de tratamientos reconocidos, por los protocolos médicos oficiales se nos había agotado sin éxito. Así comenzamos a recorrer un nuevo camino, ésta vez, en busca del "Santo Grial" para intentar obtener del mismo sus propiedes mágicas.



Para ello, además de hacer una búsqueda exhaustiva en internet, comenzamos a ojear en librerías especializadas los índices y contenido de los libros mas recientes sobre el cáncer y sus posibles tratamientos alternativos.



De entre los diversos libros que ojeamos, elegimos uno que, por sus características nos pareció de los mas adecuados para los fines que perseguíamos, ya que a la claridad expositiva, dado que se trataba de un libro divulgativo, se unía la seriedad que le daba el estar escrito por una persona del establisment medico-científico, aunque no fuese oncólogo, sino psiquiatra y neurólogo, y la credibilidad de haber superado, con éxito, un cancer cerebral. Justo lo que estábamos buscando. El libro en cuestión se titulaba "Anti-cancer" y había sido escrito por David Servan Schreiber y publicado por Espasa-Calpe.



Comenzamos a devorar literalmente sus 350 páginas y en cuatro días habíamos concluido su lectura, que nos resultó mas amena e interesante de lo que en un principio nos habíamos imaginado.



Resumiendo mucho, podríamos decir que el libro, junto a una clara y sintética exposiciòn de la biología y los principales mecanismos de desarrollo del cancer, se centra y hace hincapié principalmente en dos aspectos fundamentales : La dieta, y el aspecto mental y emocional.





De ellos nos pareciò el más interesante el primero y en el nos centramos en primer lugar; ya que únicamente suponía un cambio de hábitos alimenticios que, aunque siempre dificil, como ocurre con todo cambio de hábito, dadas las circunstancias, nos parecía el más asequible y necesario; debido, tanto a la edad del enfermo ( 82 años por aquel entonces ) como a que, a pesar de todo, su estado mental y de ánimo era bueno y no mostraba especiales sintomas de ansiedad o depresiòn.



Después de su lectura, y dada la importancia que atribuía a la dieta, como uno de los aspectos básicos a tener en cuenta en un tratamiento anticancer, nos llamó profundamente la atenciòn el hecho de que desde el mismo momento del diagnóstico hasta el posterior abandono a del enfermo a su suerte, pasando por todos los periodos hospitalarios y postoperatorios, incluido el tratamiento radioterápico, no había recibido ni la mas mínima indicación o recomendación médica acerca de la dieta u otros hábitos de vida mas convenientes; como si esta fuese completamente irrelevante en la progresión del tumor. En su día ya nos extrañó, pero debido a esa fé casi ciega en nuestros doctores, que para nada se preocuparon de la dieta, no llegamos a plantearles ni a plantearnos semejante cuestión.



No obstante teníamos serias dudas de que la dieta, por si sola, fuese a acabar, y menos en el corto plazo, con lo que no habían podido acabar cinco intervenciones quirúrgicas y 31 sesiones de radioterapia; pero pensamos que no perdíamos nada si empezábamos a introducir cambios radicales en la dieta seguida hasta entonces, rica en azúcares y harinas refinadas, y no exenta de carnes y embutidos, leche, y alimentos procesados y en conserva, etc. y, por supuesto, sal. Claro, que resultaría dificil , asumir dicha dieta, si el enfermo nos veía a los demás comer aquello que siempre había comido y degustado; al tiempo que resultaba un engorro para la cocinera de la casa, mi mujer, o lo que es lo mismo, su hija, hacer dos menús distintos. Así que decidimos declararnos todos enfermos de cancer e iniciar la dieta "anticancer" recomendada por el autor del libro y seguir algunos otros consejos que se recogían en el mismo. Tal vez así incluso pudiese servirnos a quienes aún nos considerábamos sanos, como una forma de prevención de la enfermedad.



Si estabamos convencidos de que aquello no era la solución , tambien teniamos la intuición de que podría ayudar, al menos, a hacer mas lenta la progresión del tumor, permitiéndonos al menos ganar algùn tiempo, mientras buscábamos y aplicábamos otras terapias alternativas, que pudiesen resultar efectivas con mayor rapidez.
 
Además de la dieta, y siguiendo las indicaciones del libro, intentamos buscar otros medios de potenciar de la forma mas natural posible, el sistema inmunológico del enfermo, reducir la inflamación y la angiogénesis , aumentar la ingesta de antioxidantes y la oxigenación sanguínea, así como alcalinizar el Ph celular evitando su acidificaciòn. Factores todos ellos sobre los que, en ningún momento tampoco incidieron ni tuvieron en cuenta, ninguno de los doctores que trataron al paciente durante todo el tiempo en que recorriò lo que, en anteriores entradas, hemos dado en llamar "el Camino de Santiago" y el posterior "Via crucis" , limitándose a aplicar estrictamente los conocimientos , terapias y protocolos propios de sus respectivas especialidades, con olvido de un tratamiento integral o multidisciplinar de la enfermedad.





Si, como ahora pensábamos, la dieta era uno de los pilares en el tratamiento del angiosarcoma, resultaba evidente que habíamos perdido un tiempo precioso, que era necesario recuperar a toda costa.



Cinco días mas tarde de la fatal noticia, que enviaba al paciente a las tinieblas exteriores del sistema de salud, aquel recibía junto con el alta hospitalaria una palmadita en la espalda, y los mejores deseos de los doctores en la búsqueda del "Santo Grial", que le permitiera superar la enfermedad que, hasta entonces se había negado, como demonio mal exorcizado, a abandonar su ahora lacerado cuerpo .



Ese mismo día comenzamos a aplicar la dieta anticancer recomendada en el libro del Dr. David Servan Schreiber, iniciando una carrera contra reloj para vencer al angiosarcoma, que complementaríamos, posteriormente, con otros tratamientos alternativos que comenzamos a buscar , sabiendo que del aciero de su eleccion y de la rapidez de su aplicaciòn, dependía la vida de nuestro familiar.



Asimismo, tambien éramos muy consicientes que necesitaríamos ayuda médica; si bien, agotado el repertorio de remedios de la medicina oficial, no nos quedaba otro remedio que buscar entre profesionales de mente abierta que se dedicasen al ejercer las denominadas medicinas alternativas. Claro que conscientes, igualmente, de que la falta de control colegial en este sector de la medicina, unido a nuestro descocimiento de las distintas técnicas o remedios aplicables en este amplísimo campo y las dificultades para el control y evaluación de los efectos de la mayoría de estas terapias, mas allá de la evidencia directa, nos resultaba dificil elegir una persona que considerásemos adecuada para tratar la grave enfermedad de nuestro familar; todo ello, teniendo en cuenta que había sufrido un infarto años atrás y estaba siendo tratado con anticoagulantes y antihipertensivos, y no queríamos que otro tratamiento pudiera interferir el ya prescrito o complicar su salud cardiaca .



A todo ello nos aplicamos con renovada fé en los días siguientes al alta hospitalaria.