sábado, 23 de julio de 2011

EL PASO DEL ECUADOR

                                      Aspecto del paciente antes de la 3ª sesión de electroterapia

El día 10 de noviembre de 2009 iniciabamos la tercera sesión de electroterapia.

Una vez mas nos encontramos como el mismo problema que en ocasiones anteriores : las dificultades para que el paciente soportase bajo los efectos de la anestesia local, las molestias y dolor de los momentos finales del tratamiento,teniendo que interrumpir el mismo antes de que finalizase el tiempo programado . Con lo cual, el efecto terapeútico, aún resultando positivo no era el esperado; lo que nos obligó a ampliar el número de sesiones que hubiera sido necesario en otro caso.

Con las experiencias anteriores, nos dimos cuenta de que, aún cuando alguno de los focos ya tratados parecían a punto de extinguirse definitivamente , al no dar muestras de actividad y aparecer menos enrojecidos e inflamados, en otros, de mas reciente apariciòn, pensábamos que, dado sus aspecto, y a pesar de haberse reducido su fuerza tras la última sesiòn, al menos temporalmente, serían necesarias nuevas sesiones de electroterapia, puesto que seguían mostrando signos de actividad, que se manifestaban a traves de la inflamaciòn y el enrojecimiento de las zonas adyacentes, con el consiguiente dolor para el paciente; dolor que solo conseguía mitigar, parcial y temporalmente, mediante la ingestión de ibuprofeno, combinado, entre horas, con Traumeel, para reducir la dosis de aquel al màximo.

                                             Aspecto del paciente después de la 3ª sesion de electroterapia

   
Seguíamos con el tratamiento de ozono por el método de autohemoterapia, tras el cual el paciente experimentaba cierta mejoría, que dejaba de percibirse a los pocos días.

A pesar de todo las adenopatías que habían aparecido en la zona submandibular, justo bajo el margen de la cicatriz de la última intervención quirúrgica, y la dureza y enrojecimiento que comenzaba a apreciarse también junto al margen superior de dicha cicatriz y en la zona mas próxima al mentón, comenzaba a preocuparnos, teniendo la sensación de que aunque estabamos actuando en la direcciòn correcta - reduciendo el tumor y restándole fuerza mediante la electroterapia, mientras dábamos tiempo a actuar los restantes componentes del tratamiento ( dieta, microinmunología, omegas 3, ozono etc. ) -, aún no controlábamos su evlución e íbamos por detras del mismo; debido, principalmente a las limitaciones del tratamiento con electroterapia, como consecuencia de la insuficiencia del anestésico empleado que impedía finalizar el tratamiento programado a causa del dolor.

Al mismo tiempo echábamos de menos un tratamiento tópico o local, que actuase día a día, y desde el exterior, en los focos del tumor y sus zonas adyacentes. Veníamos haciéndolo, por nuestra cuenta, aplicando aceite de ozono; lo cual aunque producía un cierto alivio, resultaba insuficiente para contener la progresión de los focos de mayor tamaño, si bien parecía funcionar en los de menor tamaño y fuerza, en cuanto lograba contener su expansión.
Consultamos con la doctora, quien nos sugirió, como complemento terapeútico, visitar a un colega licenciado en medicina china, quien había recibido formación durante cuatro años en dicho país, y en quien ella tenía mucha confianza, por haber colaborado positivamente con el mismo en otros casos de cánceres con buenos resultados. El principal inconveniente era que se encontraba en una ciudad que, aunque bien comunicada por autovía, distaba algo mas de 300 kilometros de nuestro domicilio. La doctora habló con él telefónicamente sobre tal posibilidad, aceptando aquel recibirnos y tratar al paciente si así lo deseábamos.
Antes de salir de su consulta, nos facilitó su teléfono y direcciòn y tras debatirlo durante unos días decidimos contactar con el doctor y probar suerte, una ez más; sin abandonar, por supuesto, el resto del tratamiento, que creíamos adecuado, pero, de momento, insuficiente .

Tras acordar la frecuencia de las sesiones del tratamiento y el precio de cada sesión que sería de 150 euros la primera y de 100 cada una de las siguientes, acordamos acudir cada viernes, y aprovechar de esta forma el fin de semana para hacer algo de turismo por la zona. En cuanto al número de sesiones para determinar si el tratamiento podría resultar efectivo en nuestro caso, fué fijado en 8 o diez.
Tras una ardua búsqueda conseguimos encontrar un aparthotel a buen precio y cercano a la consulta del doctor. Elegir un aparthotel nos permitía, poder cocinar para poder mantener la dieta del paciente; dificil de seguir, comiendo en restaurantes. Aunque ello implicaba molestias para mi mujer que ejercía de cocinera y para mi que lo hacía de ayudante, permitía también abaratar costes, que entre una cosa y otra se iban disparando "in crescendo".

Llegado el viernes, salimos a las dos y media de la tarde, y a las seis estábamos en nuestro destino . El "Tom Tom" nos había guiado perfectamente hasta el aparthotel a la primera. Dejamos las maletas y volviò a guiarnos para llegar a tiempo hasta la consulta sin grandes dificultades.


Nos llamó la atenciòn que la consulta se encontraba en una barriada de edificios de protección oficial de los realizados durante el mandato de Franco que, aunque modesta, se hallaba bien conservada y con amplios espacios libres y zonas ajardinadas.



La consulta estaba situada en los bajos de uno de los edificios y a pocos metros existía un gimnasio de kung fu y otras artes marciales, tambien regentado, por el que todos, respetuosamente, llamaban "Maestro", que no era otro que el doctor con quien nos habíamos citado; el cual había sido, en sus buenos tiempos, campeón del mundo de kung fu y contaba entre sus alumnos, tambien, con varios campeones mundiales de esa especialidad. Tanto en el interior del gimnasio, como en un gran patio ajardinado, próximo al mismo, había sendos grupos de jóvenes practicando artes marciales. De hecho cuando llegados a la consulta preguntamos por el doctor, el recepcionista nos dijo que en ese momento se encontraba en el gimnasio y que vendría en unos instantes. Mas tarde comprobamos, que iba y venía regularmente de la consulta al gimnasio y de este a la consulta controlando y supervisando, de forma onmipresente, ambas actividades, delegadas parcialmente en sus discípulos mas aventajados.



La consulta, constaba de una sala cuadrada con un pequeño mostrador, que hacía las veces de recepciòn, a la que se accedía directamente al abrir la puerta de entrada. En dicha sala, existían siete puertas, cinco de las cuales corespondían a otras tantas pequeñas salas de tratamiento, otra al despacho del doctor y otra a una pequeña sala de espera, completamente abarrotada de gente de toda clase y condiciòn, esperando su turno para ser curados o aliviados de toda clase de dolencias.



Tras presentarnos al recepcionista y esperar unos minutos a que llegase el doctor, este nos saludó e iniciamos una breve conversación introductoria. A sus sesenta años, según nos confesó, a preguntas de mi curiosa esposa, mostraba un aspecto físico envidiable para su edad; afable y serio a la vez, tenía algo que inspiraba confianza. Sus jóvenes, simpáticos y eficientes ayudantes le llamaban "Maestro" con una mezcla de respeto y admiraciòn referancial; incluida una joven doctora, a la que nos presentó, y que trabajaba en un centro de salud a la vez que, invitada por el mismo, se encontraba, en horas libres, ampliando sus conocimientos, y asístiendo a las sesiones de sus tratamientos.




Tras esa conversaciòn introductoria, nos invitó a pasar a una de las diminutas salitas de tratamiento. Esta, al igual que las restantes, consistía en una reducida estancia de no mas de dos metros de ancho por unos tres de fondo en la cual había una camilla y una máquina de acupuntura laser. Invitó al paciente a descalzarse y quitarse la ropa de la parte superior del cuerpo y a tumbarse en la camilla. Acto seguido, echó un vistazo al informe del PET que habíamos realizado antes de iniciar el tratamientos con electroterapia, y a continuación observó, en silencio y con cara de circunstancias, los distintos focos del angiosarcoma; realizó varias preguntas al paciente, tratando de averiguar su historial clínico y de enfermedades padecidas e indagar sobre las molestias que sufría; pasando acto seguido a observar detenidamente sus iris y lengua y palpando, a continuación, alrededor del cuello así como las adenopatías supra y submandibulares, para calibrar su dureza y extensión.



Realizadas todas esas operaciones exploratorias, nos informó acerca del tratamiento que iba a seguir, que consistiría en aplicar localmente acupuntura laser ( 1 ) en la zona afectada; acupuntura con agujas o moxibustión, y "Tuina" o masaje terapeutico chino; así como extractos de hongos Maitake, Shiitake, y Reishi, como suplementos alimenticios para mejorar el sistema inmunitario. A nuestras preguntas nos dijo que nunca había tratado un angiosarcoma, aunque si otros cánceres y que vista la extensión y características del mismo, creía que el tratamiento, podría ser efectivo y, en cualquier caso, contribuiría a mejorar el estado general del paciente y fortalecer su sistema inmune.

Llegado el viernes, salimos a las dos y media de la tarde, y a las seis, estábamos en nuestro destino . El "Tom Tom" nos había ayudado a encontrar el aparthotel a la primera, donde dejamos las maletas, y a llegar a tiempo a la consulta, donde habíamos quedado a las siete de la tarde.

Nos llamó la atenciòn que la consulta se encontraba en una barriada de edificios de protección oficial de los realizados durante el mandato de Franco que, aunque modesta, se encontraba bien conservada y con amplios espacios libres y zonas ajardinadas.

La consulta estaba situada en los bajos de uno de los edificios y a pocos metros existía un gimnasio de kung fu y otras artes marciales, tambien regentado, por el que todos, respetuosamente, llamaban "Maestro", que no era otro que el doctor con quien nos habíamos citado; el cual había sido, en sus buenos tiempos, campeón del mundo de kung fu y contaba entre sus alumnos, tambien, con varios campeones mundiales de esa especialidad. Tanto en el interior del gimnasio, como en un gran patio ajardinado, próximo al mismo, había sendos grupos de jóvenes practicando artes marciales. De hecho cuando llegados a la consulta preguntamos por el doctor, el recepcionista nos dijo que en ese momento se encontraba en el gimnasio y que vendría en unos instantes. Mas tarde comprobamos, que iba y venía regularmente de la consulta al gimnasio y de este a la consulta controlando y supervisando, de forma onmipresente, ambas actividades, delegadas en sus discípulos mas aventajados.

La consulta, constaba de una sala cuadrada con un pequeño mostrador, que hacía las veces de recepciòn, a la que se accedía directamente al abrir la puerta de entrada. En dicha sala, existían siete puertas, cinco de las cuales corespondían a otras tantas pequeñas salas de tratamiento, otra al despacho del doctor y otra a una pequeña sala de espera.

Tras presentarnos al recepcionista y esperar unos minutos a que llegase el doctor, este nos saludó e iniciamos una breve conversación introductoria. Este, a sus sesenta años mostraba un aspecto físico envidiable para su edad, afable y serio a la vez, tenía algo que inspiraba confianza. Sus ayudantes le llamaban "Maestro", con respeto casi reverencial, incluida una joven doctora, a la que nos presentó, y que trabajaba en un centro de salud, a la vez que invitada por el mismo, se encontraba ampliando sus conocimientos, asístiendo a las sesiones de sus tratamientos. Tras esa conversaciòn introductoria, nos invitó a pasar a una de las salitas de tratamiento. Esta, al igual que las restantes, consistía en una reducida estancia de no mas de dos metros de ancho por unos tres de fondo en la cual había una camilla y una máquina de acupuntura laser. Invitó al paciente a descalzarse y quitarse la ropa de la parte superior del cuerpo y a tumbarse en la camilla. Acto seguido, echó un vistazo al informe del PET que habíamos realizado antes de iniciar el tratamientos con electroterapia, y a continuación observó, en silencio y con cara de circunstancias, los distintos focos del angiosarcoma; realizó varias preguntas al paciente, tratando de averiguar su historial clínico y de enfermedades padecidas e indagar sobre las molestias que sufría; pasando acto seguido a observar detenidamente sus iris y lengua y palpando, a continuación, alrededor del cuello así como las adenopatías supra y submandibulares, para calibrar su dureza y extensión.

Realizadas todas esas operaciones exploratorias, nos informó acerca del tratamiento que iba a seguir, que consistiría en aplicar acupuntura laser ( 1 )aplicada localmente; acupuntura con agujas o moxibustión, y Tuina o masaje terapeutico chino; así como extractos de hongos Maitake, Shiitake, y Reishi, como suplementos alimenticios para mejorar el sistema inmunitario. A nuestras preguntas nos dijo que nunca había tratado un angiosarcoma, aunque si otros cánceres y que vista la extensión del mismo, creía que el tratamiento, podría ser efectivo y, en cualquier caso, contribuiría a mejorar el estado general del paciente.

Finalmente, tras animar al paciente, asegurándole que terminaría logrando la curación , le colocó unas gafas protectoras para evitar posibles daños a la vista por la luz laser;apagó la luz; colocó los distintos haces de rayos orientados a los puntos a tratar, y programó el aparato para 20 minutos; encendiéndolo acto seguido y advirtiendo al paciente para que no se moviese durante ese tiempo.

Pudimos observar como salía una intensa y vistosa luz rojo-anaranjada de cada uno de los haces enfocados hacia la cabeza del paciente. Tras recomendarnos encarecidamente que no mirásemos directamente a la luz laser, nos permitió permanecer en la sala con el paciente, mientras el salía para otra sala a atender a otros pacientes; consiguiendo con este curioso sistema atender hasta cinco pacientes a la vez, e incluso echar un ojo a los alumnos del gimnasio, aunque apoyado,a veces, en esta frenética actividad, por alguno de sus ayudantes.

Al cabo de algunos minutos volvía a la sala en repetidas ocasiones a controlar que la posiciòn de los haces de luz seguían en el punto indicado y que el paciente no se había movido.
Este se encontraba totalmente tranquilo y relajado escuchando únicamente el sonido de una suave y relajante música china, que sonaba de fondo, sin que tan siquiera se apercibiera de cuando terminaba la sesiòn, y llegando en alguna ocasiòn a emitir hasta algún leve ronquido, indicativo del estado de placidez en que se encontraba.
Concluida la sesiòn laser, el "Maestro", colocaba unas finas agujas de acupuntura, previamente desinfectadas en alcohol, en diversas partes del cuerpo, permanciendo con las mismas durante quince minutos aproximadamente; transcurridos los cuales, un ayudante realizaba una sesiòn de tuina, ( masaje chino ), en todo el cuerpo, con especial dedicaciòn a pies y piernas y con la misma música de fondo; lo cual terminaba de dejar al paciente totalmente relajado y aliviado de los dolores y molestias en la zona afectada .
La primera sesión fué larga e intensa durando casi una hora y media. Las restantes durarían aproximadamente una hora, consistiendo todas ellas en los mismos tipos de terapia.
Al finalizar la primera sesión y antes de pagar el tratamiento, el doctor nos facilitó un bote de un extracto de los hongos anteriormente citados, recomendándo tomar una píldora con cada comida.Nos despedimos, pagamos y nos fuimos al hotel. Se notaba que el enfermo se sentía mejor, en cuanto la inflamaciòn de la zona mandibular se había reducido y con ella los dolores. De modo que decidimos continuar con el tratamiento.
Aprovechamos el sábado para hacer turismo, y recorrier los bonitos pueblos de los alrededores, y el domingo por la mañana regresamos tranquilamente a casa parando por el camino, en algún destino previamente programado.
Cada fin de semana repetíamos la misma rutina hasta completar ocho sesiones . De todas ellas, el paciente salía animado, relajado, reducida la inflamaciòn y con una agradable sensaciòn de mejoría; si bien, a medida que iban transcurriendo los días de la semana iba desapareciendo la sensación de los benéficos efectos del tratamiento, que se reanudaba tras la siguiente sesiòn.
Notábamos además, que el tratamiento producía una mejoría evidente en la cicatrización de las quemaduras producidas por la electroterapia. Sin embargo cuando llevábamos aproximadamente la mitad de las sesiones del tratamiento, comenzamos a darnos cuenta que aunque el tratamiento resultaba beneficioso, iba a ser insuficiente para terminar con el angiosarcoma que, aunque lentamente, no dejaba de crecer e incordiar con la inflamación de la zona afectaba y su secuela de dolor, que obligaba al paciente a continuar tomando ibuprofeno.
Comentamos el problema con nuestra doctora habitual, quien coincidió con nosotros, en que a la vista de los resultados experimentados hasta el momento, tal vez el tratamiento con acupuntura no fuese suficiente, y que sería necesaria una nueva sesión de electroterapia, para intentar reducir, una vez más los tumores principales, que ahora se habían trasladado del lecho del tejido operado a la zona supra y submandibular, e intentar "rematar" definitivamente alguno de los focos ya tratados en anteriores sesiones y que aunque habían perdido fuerza aún parecían resistirse.
Esperamos unos días a que terminasen de cerrarse las cicatrices de la última sesión de electroterapia, y a la semana siguiente programamos una nueva sesión.
Nos encontrábamos en el paso del ecuador, en nuestro camino hacia la erradicación del angiosarcoma. Sin embargo en esa fecha aún no lo sabíamos y seguíamos sumidos en un mar de dudas.

domingo, 26 de junio de 2011

OTRO PASO EN EL LARGO Y TORTUOSO CAMINO HACIA LA CURACIÓN


Tras la primera sesión de electroterapia, la curaciòn de las heridas producidas, a consecuencia del tratamiento, aunque lenta, no resultó complicada. Las curas con Betadine de los focos tratados, la hacíamos diariamente en casa acudíendo únicamente al centro de salud, o concertando una cita con nuestra doctora, cuando alguna de las heridas parecía complicarse. El problema era que al estar casi todos los focos tratados con electroterapia, en el area que había sido previamente intervenida quirúrgicamente, injertada y posteriormente sometida a radioterapia, el proceso de cicatrizacion resultaba lento y dificil . De hecho, en alguna zona, al de carecer, sobre los huesos craneales, prácticamente de ningún otro tejido, distinto al de la piel injertada, dificultaba, aún mas, la cicatrización de los bordes de la herida, por falta de irrigaciòn y hacía prácticamente imposible la del centro de la misma, donde el hueso había quedado prácticamente al descubierto.

Al cabo de unos quince días notamos que algunas heridas empezaban a cicatrizar bien, pero otras, en cambio, comenzaban a tomar un aspecto ligera y sospechosamente distinto; diferencia, que con el paso de los días iría haciéndose mas evidente . Así se lo hicimos saber telefónicamente a la doctora, a la que enviamos, por correo electrónico, fotos de la evolución de las heridas. Esta nos confirmó nuestros peores temores : que, si bien algunos de los pequeños focos del angiosarcoma estaban siendo eliminados, otros parecían aún seguir afectados.

Al preguntarle si era posible aplicar a los mismos una nueva sesiòn de electroterapia, contestó afirmativamente; no obstante, consideró necesario esperar a que las heridas hubiesen completado el proceso de cicatrización para volver a actuar sobre las mismas, a fin de evitar complicaciones posteriores.

Para complicar las cosas, días mas tarde el paciente comenzó a quejarse de ligeras molestias en la zona infra y supra mandibular izquierda, justo en las proximidades de los bordes de la cicatriz de la última intervenciòn quirúrgica, donde poco a poco comenzaba a percibirse el enrojecimiento típico de una puequeña inflamación , que parecía afectar a gánglios linfáticos de las proximidades y que día a día iría en aumento; por lo que suponiendo que en dichas zonas estaban comenzando a desarrollarse nuevos focos que no se habían manifestado visualmente hasta el momento, decidimos sugerir a la doctora intervenir en los mismos, así como tambien en otros mas diminutos y nuevos en la zona operada y sus proximidades; Y ello, con independencia de volver a actuar sobre los focos resistentes al anterior tratamiento electroterápico , cuando se encontrasen mejor cicatrizados.

A la vista de la evolución, la doctora, consciente de la rapidez del avance del angiosarcoma, aceptó la sugerencia y programó urgentemente para esa misma semana la segunda sesion de electroterapia, que tendría lugar el día 12 de octubre de 2009; casi un més después de la primera .

Una vez más, y como en la ocasión anterior, tras inyectar un suave anestésico local colocó los electrodos en los focos tumorales a tratar y programó el BET 7, monitorizando la presión arterial y el ritmo cardiaco y permitiendo, como en la vez anterior que mi esposa y yo, permanecieramos en todo momento junto al enfermo, para acompañarle y avisar a la enfermera en caso de observar cualquier incidencia.

Al cabo de una hora aproximadamente, los efectos de la anestesia, comenzaron a disminuir, y el paciente a quejarse, de las molestias primero y del dolor después; producidos, ambos, por la corriente que pasaba a través de los electrodos, que aunque de baja intesidad, le resultaba dificil de soportar, prácticamente "a pelo". Avisamos a la enfermera, quien a su vez avisó a la doctora, quien acudiò rápidamente y volvió a inyectar procaina en las proximidades de las zonas tratadas. Poco a poco el dolor pareciò disminuir, pero las molestias ya no cesaron totalmente, por lo que a partir de ese momento estas sin llegar a ser insoportables hacían muy molesto el tratamiento. Intentamos hacer que el enfermo se relajase, pero le resultaba dificil, por lo que cuando llevávamos poco mas de dos horas de tratamiento, nos pidió suspenderlo.

Para entonces ya empezaban a verse los efectos del mismo en forma de quemadura prácticamente completa en los focos mas pequeños, y parcial en los mas grandes; en los cuales debido a su tamaño, el proceso de electrolisis había comenzado, pero aún no había concluido.

Por ello intentamos que el paciente aguantase un poco más hasta completar el proceso, pero en vista de su sufrimiento y de las dificultades para que la anestesia local le permitiera continuar el tratamiento, la doctora decidió suspenderlo.

Detuvo la programaciòn del ordenador que controlaba los parámetros eléctricos suministrados a los electrodos colocados en los focos tumorales tratados; retiró dichos electrodos de los mismos y procedió inmediatamente a curarle las quemaduras producidas por la electroterapia con agua oxigenada primero y Betadine después, cubriéndolas con una gasa. Una vez más nos recomendó hacer la misma cura con agua oxigenada o Betadine jabonoso y posterior aplicación de Betadine dos veces al día y pasar nuevamente por la consulta para revisión una semana después; no sin antes insistirnos en que le comunicásemos cualquier anomalía que observáramos o cualquier duda que nos surgiera durante ese tiempo.

Antes de irnos, pagamos la factura. Si bien en ésta ocasiòn, y dado que el paciente no había podido cumplir totalmente el tratamiento programado y que se preveía que serían necesarias nuevas sesiones, la doctora nos hizo una importante rebaja, con respecto al importe de la primera sesión; rebaja que mantendría durante el resto de las siguientes sesiones de electroterapia, y que nosotros agradecimos.

Tras una breve conversación nos despedirnos y salimos de la consulta con el enfermo ya totalmente aliviado del sufrimiento pasado.





Imágenes obtenidas al dia siguiente de la 2ª sesión
de electroterapia .
A partir de ese día empezamos a darnos cuenta, de que la electroterapia, siendo un tratamiento adecuado, y no excesivamente caro teniendo en cuenta su efectividad, tenía algunos puntos débiles.

El primero era el de encontrar una anestesia local que permitiera soportar sin interrupciones el tiempo total del tratamiento programado ( entre 2 y 3 horas ).

El segundo, que solo resultaba aplicable de forma controlada en aquellos focos que se manifestaban exteriormente haciéndose visibles o localizables al tacto .

Y el tercero que, dada la destrucción del tejido tumoral que provocaba, y la delicada zona donde asentaban los focos del angiosarcoma, existía el riesgo de daño colateral de alguna de las ramas del importante nervio facial, por lo que había que ser extremadamente cauto y prudente en su aplicación.

A todo ello, había que añadir la velocidad con que el angiosarcoma evolucionaba, y el tiempo de curación necesario hasta que pudieran tratarse de nuevo los focos insuficientemente tratados por no haberse podido completar el tiempo pogramado.

Po todo ello, empezábamos a ser conscientes de que necesitábamos encontrar algo que, además de reducir el número de focos tumorales o la fuerza de los mismos, ralentizase o inhibiese el crecimiento tumoral; si queríamos erradicarlo antes de que se extendiese de forma irreversible.

Si queríamos detener la progresiòn, estaba claro que necesitábamos, correr y ponernos por delante y no solo, como hasta ahora, seguirle los pasos de cerca e intentar ponerle zancadilas para evitar su rápido crecimiento y avance; puesto que estaba claro que, por ahora, corría mas que nosotros.

Igualmente nos dimos cuenta que los efectos, tanto de la dieta como de los suplementos incorporados a la misma y del tratamiento de microinmunoterapia no resultaban fácilmente evidenciables ni fácilmente evaluables en el corto plazo, y que por tanto debíamos de incorporar al arsenal terapeútico algun otro medio que acelerase el proceso de inhibición de la proliferación celular cancerosa y con ello evitase o redujese al máximo las posibilidades de metástasis, que hasta ahora parecía no haberse producido.


Por ello, sin abandonar ninguna de las líneas de tratamiento que habíamos iniciado, comenzamos a estudiar la posibilidad de introducir otros nuevos elementos en el mismo que reforzasen los anteriores, para después comentarlo con la doctora.

Entre las numerosas informaciones que habíamos leido sobre posibles terapias aplicables conocimos la utilización del bicarbonato de sodio, para modificar el Ph del medio celular.

Parecía existir un cierto consenso en que las células cancerígenas se reproducen con mayor facilidad en un medio ácido que en uno alcalino; y el bicarbonato de sodio contribuía a la alcalinizaciòn de los tejidos, y con ello a evitar la proliferaciòn celular cancerígena. Sobre esta cuestión se ha hecho incluso algún estudio científico relacionado con el dolor y la acidez tumoral. Sin embargo, el tratamiento, defendido y practicado por Tullio Simoncini, no nos pareció adecuado como priemera opción, por varias razones :

En primer lugar por haber sufrido el paciente previamente, un infarto , tener instalado un marcapasos y estar siendo tratado con antihipertensivos y anticoagulantes. Pues entendíamos que en tales condiciones la ingesta de un compuesto sódico, podría traer, cuando menos, tantos riesgos ciertos para el corazón como dudosos beneficios para el angiosarcoma. Además, no nos convencía la teoría, por excesivamente simplista, de que todo cancer estuviese producido por la "Cándida", como sostenía Simoncini, y nos preocupaba el hecho de no encontrar ningún mèdico en España que aplicase la terapia, ni referencias concretas de pacientes a quien se hubiese aplicado con éxito.

Todo ello, así como algunas críticas (1 , 2 ) unido al hecho de que Tullio Simoncini hubiese sido condenado en primera instancia por homicidio imprudente, al haberse muerto uno de sus pacientes mientras le aplicaba la terapia, nos hizo colocar dicha opción en uno de los últimos lugares de la lista de terapias candidatas.

Otra opción que habíamos barajado, era la de la hipertermia local ( 1 , 2 , 3 , 4 , 5 , 6 ) . Sin embargo esta técnica tambien tuvo que ser desechada, ante el riesgo de que las ondas generadoras de hipertermia pudieran interferir con el marcapasos recientemente instalado al paciente. No obstante habíamos leido al respecto la posibilidad de inducir el estado de hipertermia local mediante hipnosis pero, además de no existir terapeutas que la aplicasen, cercanos a nuestra residencia habitual, no terminaba de convencernos la idea de que tal mecanismo pudiera funcionar. Así que esta opciòn también fué arrinconada a un puesto secundario.

Otro tratamiento que nos planteamos introducir fué la ozonoterapia, ( 1 , 2 , )en cuanto habíamos leido que no solo potenciaba el sistema inmune, sino que también tenía efectos anti-inflamatorios, antioxidantes y que contribuía a la oxigenación celular. Además no resultaba contraindicado para sus problemas cardíacos, sino que incluso podría resultar incluso beneficioso para estos.

Comentamos todas estas cuestiones con la doctora, mostrándose ésta mas partidaria de utilizar la ozonoterapia que del resto de tratamientos, teniendo en cuenta la relaciòn riesgo-beneficio para el paciente.

Había,no obstante, un problema, puesto que ella, en ese momento, aún no se había especializado en el uso de dicha técnica, y debíamos buscarnos otro especialista, a poder ser en nuestra misma provincia, donde el desplazamiento no resultase complicado y costoso.

Preguntamos a la doctora, pero nos dijo que no conocía alguien a quien pudiera recomendarnos que aplicase dicha técnica en nuestra provincia . Así que decidimos intentar averiguarlo por nuestra cuenta.

Tras una árdua búsqueda en Internet, conseguimos localizar en la misma capital de la provincia una clínica, donde utilizaban dicha técnica;i bien la utilizaban para tratar problemas traumatológicos, y no como terapia anticancerígena. No obstante, como no teníamos, por el momento otra opciòn, concertamos una cita con uno de los doctores que en dicha clínica llevaba a cabo dicha técnica, para valorar su opinión. respecto al tratamiento del angiosasarcoma.

Lo primero que nos advirtió el doctor, fué que su única experiencia con el ozono se refrería al tratamiento de problemas traumatológicos y que, carecía de experiencia en tratamiento de tumores, aunque conocía el hecho de que se utilizaba para tal fin como terapia complementaria y que intentaría informarse con otros colegas que utilizaban la ozonoterapia como complementaria en tratamientos tumorales. Asimismo, constatamos, que había oido hablar del angiosarcoma, pero que, debido que la oncología no era su especialidad, sus conocimientos sobre el mismo, e incluso sobre el cancer, eran inferiores a los que nosotros habíamos ido adquiriendo por experiencia y por las numerosas informaciones médicas que habíamos leido y oido.

A pesar de todo nos dijo que podíamos intentarlo; proponiéndonos la compra de un aparato generador de ozono terapeútico que él mismo comercializaba y que valía 500 Euros, con el fin de beber agua ozonizada tres veces al día, y proponiéndo que, además, acudieramos dos veces por semana a la clínica para aplicar directamente ozono por vía rectal, cobrando 100 euros por cada sesión.

Quedamos en que lo pensaríamos, pero en realidad no nos convencieron demasiado sus explicacioenes y el tratamiento propuesto, en cuanto nos dimos cuenta que no tenía experiencia alguna en la aplicaciòn de la ozonoterapia al tratamiento complementario del cancer. Así que intentamos buscar otro médico que utilizara dicha técnica y que nos ofreciera mayor confianza.

Comentando con la doctora, nuestra anterior experiencia, esta recordó una colega, que residía en su misma ciudad y que realizaba tratamientos de ozonoterapia, facilitándonos su teléfono para que contactásemos con ella. Así lo hicimos, explicándole cual era nuestro problema y nuestra finalidad. Esta nos recomendó de ocho a diez sesiones de autohemoterapia mayor, como tratamiento de choque, una vez por semana, complementadas posteriormente con otras tantas de aplicación rectal como terapia de mantenimiento, dos veces por semana; con la ventaja de que estas últimas podrían llevarse a cabo en otra clínica mas próxima a nuestro domicilio. Nos informó asimismo de que el importe de cada sesión de autohemoterapia sería de 90 euros y 40 cada sesión de aplicación rectal.

Tres días mas tarde iniciábamos la primera sesión de autohemoterapia. Sin embargo no todo iba a ser tan fácil, pues nos encontramos con el problema de que el paciente tenía las venas muy poco pronunciadas, aún aplicando la goma sobre el brazo y que la doctora carecía de personal de enfermería y de gran experiencia en tales menesteres; por lo que le resultaron necesarios varios intentos para lograr la extracción de la sangre del paciente para su ozonización y posterior autotransfusión, una vez ozonizada.

El problema se agravó en la segunda sesión, que tuvo lugar a la semana siguiente, teniendo que abandonar tras varios intentos fallidos, y optando por aplicar el ozono rectalmente; sugiriéndonos, ante tales dificultades, que en las siguientes sesiones prescindiéramos de la autohemoterapia y aplicasemos el ozono exclusivamete por vía rectal. Accedimos a hacerlo así en la siguiente sesiòn, pero insistimos en que creíamos que, en nuestro caso, resultaría mas efectiva, como tratamiento de choque la autohemoterapia , instándola a que volviese a intentarlo.

Ante ello la doctora, con gran honestidad, por su parte, nos dijo que, por su condiciòn de doctora, carecía de práctica de enfermería suficiente para garantizar que no dañase al paciente en sus intentos de encontrar la vena, por lo que nos sugirió acudir a otro doctor, con el que previamente había comentado el caso, quien también aplicaba dicha técnica y cuya esposa, que trabajaba con él era enfermera, y poseía amplia experiencia práctica; por lo que creía que podría realizar dicho tratamiento con mayores garantías para el paciente. Asimismo, con gran amabilidad, y dado que ese día eramos su último paciente, se ofreciò a acompañarnos hasta la clínica donde trabajaban, a presentarnos y a que nos respetasen los mismos importes pactados con ella por cada sesiòn, ya que habitualmente cobraban algo mas por sus servicios.

Agradecimos su sinceridad y su amable ofrecimiento, y en nuestro coche nos dirigimos todos hacia la clínica donde aquellos trabajaban, que se encontraba en una localidad que distaba nada menos que 80 kilómetros de la suya.

Llegados a la misma, nos estaban esperando y, tras una breve presentación nos atendieron, consiguiendo la enfermera, en esta ocasión, encontrar por fin la escurridiza vena, rápidamente, debido a su gran práctica y a sus especiales dotes para ello. Realizada la autotransfusión, que además fué acompañada de un tratamiento simultáneo de "mesoterapia" ( 1 ) homotoxicológica (1 , 2 ) con "Ubichinon" (Coenzima Q-10 )y "Hepar" para reforzar los efectos del ozono .

Concertamos una nueva cita con el doctor en una clínica a la que aquel acudía una vez por semana ubicada en la misma ciudad donde se encontraba la de la doctora que acababa de presentarnos.

Invitamos a comer a la doctora en un restaurante próximo, comprobando en la charla, durante la comida, que se trataba, ante todo de una persona sencilla, afable y humana, a quien hemos de agradecer la atenciòn y ayuda que nos ha prestado y con quien, desde entonces, hemos mantenido una buena relaciòn.

Regresamos, dejándola en su clínica y agradeciéndole su atención, no sin antes abusar de su amabilidad pidiéndole un último favor : Que nos hiciese un poco de aceite ozonificado, para tratar tópicamente las heridas producidas por la electroterapia y las zonas adyacentes e inflamadas. Accedió a ello, sin cobrarnos nada, dicièndonos que nos pasásemos a recogerlo al día siguiente, como así hicimos.

A pesar de la electroterapia, de la ozonoterapia y de todos los restantes elementos del tratamiento, el angiosarcoma mostraba nuevos focos y parecía empezar a afectar a ganglios linfáticos situados en la zona submandibular; justo bajo la zona operada en la última ocasión; comenzando a mostrar síntomas de inflamaciòn y dolor en la zona, que comenzamos a tratar, por indicaciòn de la doctora, con un modulador homeopático de la inflamación ( Traumeel ) y compuesto a base de papaina, bromelina y quercetina, que con el tiempo resultarían insuficiente; sugiriéndo, ante ello, la doctora tomar Ibuprofeno, junto con Omeprazol, como protector, cuando se considerase insuficiente la acciòn de los anteriores.

Ante todo ello, y temiendo que la acciòn de las elevadas dosis de Omega 3 , junto con el ozono, la dieta , los antiinflamatorios, y el anticoagulante "adiro", que el paciente tomaba por prescripción del cardiólogo, pudiera derivar en problemas de coagulaciòn de la sangre, consultamos a la doctora la posibilidad de retirar este último medicamento, así como el resto de la medicación antihipertensiva, teniendo en cuenta, a su vez la rigurosa dieta sin sal y sin grasas saturadas que seguía.


La doctora estuvo de acuerdo con tal sugerencia, si bien como precauciòn nos sugiriò ir reduciendo lenta y escalonadamente la dosis de dicha medicaciòn cada semana, para dar tiempo al cuerpo a adaptarse al cambio y controlar los efectos de la supresión tomando diariamente la tensiòn y realizando periódicamente análíticas cuyos resultados evaluaría .


Así lo hicimos hasta llegar, al cabo de un més aproximadamente, a suprimir totalmente dicha medicaciòn sin efecto negativo apreciable alguno. Y así ha permanecido hasta hoy, mas de año y medio después, sin problema alguno;con el paréntisis de una reciente neumonía que le provocó insuficiencia cardiaca y obligó nuevamente a tomar diuréticos, y antihipertensivos, entre otra medicaciòn .

Las heridas de la electroterapia iban curando lentamente, pero las molestias inflamatorias en algunas zonas adyacentes y, especialmente en la zona submandibular no cesaban, y ya tenían que ser tratadas diariamente con ibuprofeno ( de dos a tres veces al día ) y a veces combinadas con traumeel en los intervalos y con aplicaciones tópicas de aceite de ozono mezclado con cúrcuma; con lo cual conseguía calmar por algún tiempo las las molestias y el dolor ocasionadas por la inflamaciòn.


Cada vez resultaba más evidente que necesitaríamos una nueva sesión de electroterapia para reducir los nuevos focos detectados y acabar definitivamente con los restos de los anteriormente tratados; pues el angiosarcoma seguía, preocupantemente, activo, a pesar de que parecía reducir su velocidad de desarrollo y propagaciòn.


Así se lo hicimos saber a la doctora, quien en vista de la positiva evolución de las heridas causadas por la última sesiòn de electoterapia, programó una nueva y tercera sesiòn, para dentro de diez días cuando aquellas terminasen de cicatrizar.


Una vez más habíamos dado un nuevo paso, pero aún nos quedarían bastantes más hasta conseguir doblegar al correoso y resistente angiosarcoma.
 
 NOTA : Estudios recientes, ponen en cuestión la posibilidad de inducir hipertermia terapeútica mediante hipnosis, como puede verse AQUI.  

domingo, 12 de junio de 2011

EL PRINCIPIO DEL FIN


Con el informe del PET en la mano y a la vista de su resultado , volvimos a pedir cita con la doctora, y tres días mas tarde estabamos en su consulta.

Tras un vistazo a las imágenes y la lectura del informe del PET, la doctora nos confirmó lo que ya sabíamos: Que el angiosarcoma seguía activo y que había comenzado a "moverse", por lo que nos sugiriò aplicar inmediatamente electrocancerterapia (ECT ) local en aquellos focos, donde se manifestaba de forma visible y cierta; la mayor parte de los cuales se ubicaban en el lecho de la zona operada e injertada.

Le formulamos a la doctora varias preguntas sobre dicha técnica, explicándonos en que consistía, así como su fundamento técnico-científico, y aclarándonos que, así como , si bien en España era poco conocida y descartada por la medicina convencional, estaba bastante desarrollada y experimentada en algunos países, tales como Alemania , China o Cuba, entre otros, y que con ella habia obtenido resultados positivos con otros pacientes ( 1 , 2 ) . Además tenía la ventaja de que no requería hospitalizaciòn ni anestesia general, realizándose, normalmente, con anestesia local y de forma ambulatoria, y tras dos a tres horas de aplicaciòn, el paciente podía irse a su casa por su propio pie; pudiendo incluso, tras una primera revisión y cura, realizar las siguientes curas en el propio domicilio, por un familiar de forma sencilla .

A continuación le preguntamos, asimismo, por el coste y por el número de sesiones que estimaba serían necesarias. A ello nos respondió diciendo que, el coste de la primera sesión sería de 500 Euros y si fuesen necesarias nuevas sesiones, este se reduciría a 300 Euros cada sesión adicional, aclarándonos que, en principio, no creía necesarias mas de dos o tres sesiones; aunque también dejó abierta la posibilidad de tener que realizar alguna más, puesto que nunca había tenido experiencia previa con angiosarcomas .

El "mal" seguía activo y no teníamos muchas opciones a la vista. Además, con la electrocancerterapia ( ECT ), tal como nos había sido presentada, parecía que el riesgo o, mas concretamente, el fiel de la balanza coste/beneficio para el paciente, se inclinaba claramente del lado de optar por aplicar la alternativa que nos ofrecían ; Y ello por cuanto, el coste económico, siempre que el tratamiento resultase efectivo, no resultaba excesivamente elevado, comparado con los tratamientos convencionales ( quimio, radio o cirugìa ) . Además, nos horrorizaba la idea de dejar evolucionar al angiosarcoma a sus anchas, vistos los precedentes anteriores y las informaciones de los oncólogos que habíamos consultado, así como la ingente literatura médica sobre el mismo que habíamos leido previamente y que no resultaba nada esperanzadora, en cuanto a la posibilidad de curación espontánea .

Tampoco hizo falta insistirle mucho al enfermo quien, confuso y desorientado, además de encomendarse a la "Divina Providencia" se había puesto prácticamente en nuestras manos, delegándonos la adopciòn de las decisiones sobre las terapias a aplicar.

No obstante dada la reciente implantaciòn del marcapasos y la necesaria aplicacion de electrodos a las zonas a tratar, le preguntamos a la doctora si ello podría interferir en el correcto funcionamiento de aquel.

La doctora, aunque no había tenido una experiencia previa semejante, nos contestó que creía que no y que, no obstante, además de decirnos que consultaría dicha duda con el fabricante del aparato, durante la intervención monitorizaría, en todo momento, la tension y el ritmo cardiaco, con el fin de suspender inmediatamente el tratamiento en caso de observar cualquier anomalía en el mismo.

Finalmente, tras sopesar pros y contras, llegamos a la conclusiòn de que debíamos confiar en la doctora y probar suerte. A sí que, tras firmar el paciente la hoja del consentimiento informado, fuimos citados para dentro de dos días a fin de aplicar el tratamiento de forma mas inmediata posible.

Como estaba previsto, dos días después, el paciente se encontraba tumbado, mirando al techo, en la camilla de la habitaciòn de la clínica, destinada a las sesiones de electrocancerterapia (ECT) .

La sala consistía en una sencilla habitaciòn de unos 14 metros cuadrados, con un amplio ventanal de corredera, que daba a una gran terraza . Junto a la pared del fondo se encontraba adosada una camilla que, situada aproximadamente en el centro de la estancia, dividía esta en dos partes. En su parte izquierda, y junto a la cabecera había una mesa portatil con el ordenador, al se conectaban los electrodos cuyos parámetros serían posteriormente programados. A la derecha una pequeña mesa auxiliar y en la pared situada junto a los pies de la camilla, un mueble conteniendo instrumental y productos de uso sanitario.

Tras, una breve conversación informal destinada a distender el ambiente la doctora comenzó a aplicar al paciente, en las proximidades de los focos tumorales a tratar, pequeñas inyecciones del anestésico procaina, proporcionandole a continuación un sedante oral; procediendo, una vez comprobado que el anestésico había surtido efecto a aplicar los electrodos, introduciéndo las agujas de platino de los mismos en los distintos focos tumorales visibles; lo cual no resultaba fácil al carecer el paciente prácticamente de tejido, aparte del óseo, en esa zona operada.

Realizada dicha actuación procediò a programar los parámetros del BET 7 , permitiendo nuestra presencia en todo momento junto al paciente. Tras comprobar que no se producían arritmias y que las molestias producidas por la corriente de baja intensidad que circulaba a través de los electrodos resultaban soportables para el paciente, se fué a una sala próxima a atender a otras consultas, permaneciendo siempre disponible, en cualquier momento, para solucionar cualquier anomalía que observasemos en el paciente; particularmente molestias o dolores cuando disminuyesen los efectos anestésicos de la procaina, avisándola a través de la enfermera.



Antes de ausentarse le consultó al paciente si prefería música relajante o ver la televisión situada, enfrente del mismo a una altura de dos metros. El paciente, eligiò la caja tonta, aunque sintonizamos un bonito documental sobre el mundo natural que en ese momento pasaban por la 2 de TVE, que hizo bastante amena la primera hora de sesión, que transucurrió sin incidencias, aunque con ligeras molestias por parte del paciente, provocadas por la contínua descarga electrica, a pesar de su baja intensidad y voltaje . Sin embargo, a partir de ese momento las molestias fueron en aumento; por lo que avisamos a la doctora, para ver la forma de reducirlas. Esta, volvió a suministrar nuevas dosis de anestésico local y poco a poco las molestias disminuyeron, aunque no cesaron totalmente.

Quince minutos mas tarde aproximadamente, comenzaban a viisualizarse los primeros efectos de la electroterapia, apreciàndose como, paulatinamente se iba produciendo la quemadura por electrolisis del tejido de los pequeños focos tumorales y del tejido circundante de aspecto aparentemente normal ; indicando con ello, que se trataba de tejido precanceroso .

Como las molestias por la corriente eléctrica iban en aumento y empezaban a ser insoportables para el paciente, la doctora, en vista la evoluciòn de los efectos del tratamiento y de las quejas del paciente, optó por suspenderlo, a pesar de que no habían transcurrido aún las dos horas y media de tiempo programado.

Tras limpiar y curar con Betadine las heridas producidas por las quemaduras de los electrodos en los cinco focos tratados, el paciente, ya mas relajado, se levantó por su propio pié.

La doctora nos dió las instrucciones post-operatorias, consistentes, en aplicar sobre las heridas , una simple limpieza con agua oxigenada o betadine jabonoso y posterior tratamiento con "Betadine" dos veces al día en cada uno de los focos. Asimismo nos cito para revisión en siete días o, en cualquier caso, antes, si se observase cualquier complicaciòn o anomalía.

Tras pagar y despedirnos, regresamos a casa con el paciente, como si nada hubiera sucedido. Pero, en realidad algo había sucedido. Habíamos dado, sin saberlo aún, uno de los pasos fundamentales que constituiría el principio del fin de la pesadilla, como mas tarde podríamos comprobar.

No obstante el camino no sería un camino de rosas sino tortuoso y lleno de espinas e incertidumbres; como iremos viendo en sucesivas entradas.

Una vez en casa y con el fin de ir comprobando la evoluciòn del tratamiento, decidí tomar fotos de los focos tratados y su evoluciòn, para poder compararlas con las de etapas posteriores.

Las que pueden verse a continuación al resultado de la primera sesiòn de electrocancerterapia (ECT).





Imagenes del paciente correspondientes a los focos
tumorales tratados,obtenidas al día siguiente de la
primera sesiòn de electroterapia.

miércoles, 1 de junio de 2011

UN PASITO PA´LANTE UN PASITO PA´TRAS

Comenzamos el tratamiento descrito en entradas anteriores, a base de, uña de gato, Omega 3, Agua cristal, Refensal, Lisin Prolin y las pildoras de microinmunoterapia prescritas, manteniendo al mismo tiempo la dieta estricta sin azucares refinados, carnes, leche, harinas y pan blancos, sal, y tomando agua mineral de bajo residuo seco, productos integrales, frutas y frutos secos y del bosque cuando era posible, cereales, legumbres, verduras y hortalizas, así como pescado. procurando cocinarlo de forma que la pérdida de vitaminas y nutrientes fuese mínima. Asimismo añadíamos a la comida abundantes especias, tales como albahaca, romero, cúrcuma, pimienta, jenjibre, etc. ; sin que faltasen generosas dosis diarias de nuestro ajo y perejil . Asimismo añadíamos, tras las comidas principales, infusiones de te verde, que mas tarde sustituiríamos por te blanco, de mayor poder antioxidante. Todo ello, siguiendo las indicaciones del ya mencionado libro de cabecera titulado "Anticancer" escrito por David Servan Schreiber, y las recomendaciones de nuestra doctora .

Asimismo dada la amena y relativamente sencilla lectura del libro, una vez lo leimos mi mujer y yo, para seguir aquellas indicaciones que nos parecieran mas interesantes, le propusimos al enfermo que lo fuese leyendo tranquilamente, para que se familiarizase con su enfermedad y comprendiese las razones de seguir una dieta y unos hábitos nuevos, a fin de implicarle en su propio proceso curativo, y de que conociese la historia del autor del libro, pensando que ello podría, a su vez darle ánimo y esperanza en su recuperaciòn.

La iniciativa surtió efecto, y a los pocos días comprobamos que el libro suscitaba su interés y que dedicaba largos periodos de tiempo a su lectura. Terminó tan enganchado con su lectura y relectura que lo llevaba consigo a todas partes, incluidas las zonas mas íntimas de la casa.

Durante el periodo en que el enfermo había sido operado y radiado, había sufrido algún breve y esporádico desvanecimiento; Lo que, curiosamente , coincidia , casi siempre, con el momento de la comida principal.


La primera vez que ocurrió, nos asustamos pensando que se trataba de un infarto o una trombosis cerebral. Se encontraba sin fuerzas y casi sin conocimiento;balbuceaba incoherencias y tenía los ojos vidriosos y muy abiertos . No obstante, tras tumbarlo en un sofá y humedecerle la frente con agua fría recuperó poco a poco la consciencia y la normalidad.

Avisamos al Servicio de urgencias, cuyo doctor, tras comprobar la presiòn arterial y realizar in situ un electrocardiograma no observó ninguna anormalidad, siendo diagnosticado como "síncope vasovagal" . Al repetirse posteriormente en otras dos ocasiones, le fué colocado un holter durante 24 horas, sin que, una vez retirado, nadie nos comunicase su resultado, ni nos llamase para prescribir al enfermo algún tratamiento específico. A todo lo cual se sumó que, durante los diez meses siguientes, únicamente se produjeron dos pequeños y breves mareos sin desvanecimiento ni otra sintomatologia, perfectamente achacables a una momentánea bajada de tensiòn . Por lo que no le dimos mas importancia al asunto.

Cuando había transcurrido casi un año desde que le fuera colocado el holter, recibimos una llamada telefónica del servicio de cardiología del hospital comarcal que lo había instalado, para que acudiesemos a una cita urgente al día siguiente, y una vez ante el cardiólogo, este nos informó que habían observado unas arritmias y que era preciso, para evitar futuros problemas, la implantaciòn de un marcapasos; explicándonos detalladamente las razones para ello y los riesgos de no hacerlo. Con igual detalle nos explicó en que consistía la operación y los riesgos de la misma emplazándonos, si aceptábamos la sugerencia, para la semana siguiente, a fin de realizar el implante .


Sorprendidos por el retraso en comunicarnos el resultado del holter, del cual prácticamente nos habíamos olvidado, preguntamos por la tardanza en tomar tal decisión, respondièndonos el doctor, que al parecer el resultado del holter se había traspapelado y al encontrarlo posteriormente nos habían avisado de forma inmediata. Nos miramos recordando lo pasado con el angiosarcoma y nos sonreimos. ¿Que otra cosa podíamos hacer en aquel momento?.


Cuando el mèdico nos preguntó por el mottivo de aquella sonrisa de complicidad, le explicamos la historia del angiosarcoma y los retrasos en el diagnóstico. A pesar de que el doctor no parecía tener nada que ver con el retraso y el traspapeleo, sino mas bien con el espontáneo descubrimiento del resultado del holter y la concertación inmediata de la cita para informarnos del resultado, nos dió toda clase de disculpas; cosa que agradecimos.

Tras firmar el enfermo, la hoja del consentimiento informado, quedamos citados para la semana siguiente.

Llegado el día, a primera hora de la mañana, le fué implantado el marcapasos por la mañana, en poco menos de una hora. Al final de la tarde, tras haber permanecido 8 horas monitorizado y en observación el enfermo salía por su propió pié con el artilugio instalado y haciendo tic-tac, como un reloj nuevo, con pilas para diez años. Largo tiempo, pensamos; teniendo en cuenta la edad y lo que tenìa encima.

El problema fué que aquello limitó uno de los tratamientos prescritos, el Pap-Imi, debido a que la tecnología empleada se basaba en campos magnéticos pulsantes, que podían interferir el funcionamiento del marcapasos ; y por una razón semejante se cerraron tambien las puertas a la aplicaciòn de otro tratamiento que pudiera haber resultado viable, en caso necesario, como la hipertermia . De hecho, cuando, llegado el momento, la doctora sugirió iniciar el tratamiento con Pap-imi, pusimos en su conocimiento la implantaciòn del marcapasos, desaconsejandonos la iniciaciòn del tratamiento tras conocer la nueva situaciòn.

Junto a la dieta mencionada, la microinmunoterapia, y las altas dosis de omega 3 ( hasta 9 gramos diarios distribuidos entre las tres comidas principales ), el paciente tomaba su medicaciòn habitual para la hernia de hiato, así como los anticoagulantes ( adiro ) el hipertensivo ( Emconcor ) y el protector gástrico ( omeprazol ). Mas adelante añadiría "ibuprofeno", para paliar las molestias inflamatorias que ocasionaba el desarrollo del angiosarcoma en la zona mandibular.

Así pasamos los cuatro meses que van de mayo a agosto, con algunas molestias soportables y con un avance muy leve de los síntomas propios del angiosarcoma, y con escasa evolución visible del mismo; por lo que pensamos que tal vez el tratamiento estaba surtiendo efecto, haciendo mas lento su desarrollo.

Sin embargo, al finalizar agosto, comenzamos a comprobar como algunos puntos de aspecto sospechoso situados principalmente en el lecho de la zona operada y radiada, comenzaban a cambiar de coloraciòn y aspecto, así como muy lentamente iba enrojeciendose cada vez una mayor extensión de las áreas circundantes.

En vista de ello, en la primera semana de septiembre concertamos una cita con la doctora, quien tras observar la evoluciòn sugirió realizar un PET, para conocer realmente la localización exacta de los focos activos del angiosarcoma, así como su alcance real, a fin de poder tratarlos, en su caso, mediante electroterapia aplicada localmente; terapia, que no resultaba incompatible con el funcionamiento del marcapasos.

Podíamos haber intentado la realizaciòn del PET a través del hospital donde había sido tratado hasta ese momento, pero el hecho de haber sido desahuciado, junto a los previsibles retrasos, en caso de que fuese admitida nuestra solicitud, debido al caracter limitado y restrictivo con que dicha prueba se realizaba en esos momentos, optamos por realizar dicha prueba de forma privada y a nuestra costa . Tras localizar tres posibles lugares donde obtener el PET en la provincia donde residíamos y comparar los precios, vimos que entre el mas caro y el mas barato había una diferencia de mas de doscientos Euros. Le consultamos a la doctora si ello podría suponer algún inconveniente en cuanto a la calidad del resultado del PET, y nos recomendó que, sin ningún problema fuesemos al más barato. Aún así, la broma salió por 500 Euros.

Dos días mas tarde, a las nueve de la mañana, hora prefijada para la cita, nos presentamos en el mostrador de recepción de la clínica. Tras los trámites administrativos correspondientes, nos pasaron con la doctora que iba a realizar la prueba. Esta nos explicó, detalladamente, en que consistía así como los posibles riesgos de la misma.El paciente firmó la hoja del consentimiento informado, autorizando la prueba. De ahí pasó a un pequeño cuarto, donde debería permanecer, emparedado a cal y canto y totalmente aislado, unas cuatro horas, una vez le hubiese sido inoculado en su flujo sanguineo el producto radioactivo que permitiría detectar los posibles focos neoplásicos.

Mi esposa y yo aprovechamos ese paréntesis para darnos una vuelta por los alrededores y tomar algo, dejando nuestro telefono movil, por si en algún momento era necesaria nuestra presencia; regresando finalmente poco antes de transcurrido el tiempo de aislamiento prescrito . Poco después salía el paciente de su bunkerizado cubículo de aislamiento, recomendándole la doctora que bebiese abundante agua para eliminar los residuos radioactivos y a nosotros , evitar el contacto con el mismo durante, al menos 24 horas.


Nos dijeron que el Informe tardaría aproximadamente una hora, tiempo que aprovechamos para ir todos juntos a comer.

A la vuelta, y previo pago del mismo teníamos el informe en nuestras manos. Desde que la doctora lo prescribió hasta ese momento habían transcurrido escasos tres días. Nada comparable con la quincena, que como mínimo solia tardar en realizarse cualquier TAC por la vía burocrática de la sanidad oficial. Claro que esa diferencia tenía un nombre: 500 Euros.

Desgraciadamente el informe no venía, sino a confirmar lo que suponíamos, aunque no queríamos creernos. El angiosarcoma seguía activo y tenía varios focos, algunos de los cuales ignorábamos totalmente, dado que aún no se habían manifestado exteriormente de forma visible ni dolorosa .Dicho informe recogía el siguiente resultado :


TECNICA:

Se realiza estudio PET/CT con equipo híbrido de GE discovery ST desde cráneo hasta tercio superior de muslo, mediante reconstrucciòn iterativa con dos iteraciones y 15 subsets en modo 2D, con y sin correcciòn de atenuaciòn y adquisiciòn de cortes coronales, axiales y sagitales y administración de contraste iv.

INFORME :

En las imágenes obtenidas se observan varias adenopatías de características hipermetabólicas y morfología redondeada.
Localizadas en :
-adyacente a mandíbula superficial a la misma de unos 12.5 mm de diámetro máximo, parcialmente necrosada ( Standard uptake value - SUV max= 10 g/ml.
-espacio cervical posterior izquierdo en borde posterior de esternocleido mastoideo ( SUV max = 3.5 )
-retromandibular izquierda ( 4.8 g/ml )
-laterocervical izquierda (4.4 g/ml ) de unos 13 mm
-submandibular izquierdo infracentimétrica necrosada, sin incremento metabólico objetivable aunque sugestiva igualmente de malignidad.

En el resto del estudio de cuerpo entero el metabolismo glicolítico presenta una distribución fisiológica, sin observarse otros focos sospechosos de actividad neoplásica.


Resultaba evidente que el angiosarcoma seguía allí agazapado, dando señales de no dejarnos en paz, como un fuego que cuando parece extinguido se reaviva mientras exista un mínimo rescoldo y haga su apariciòn la mas leve brizna de aire.

A cada paso adelante seguía otro para atrás; con lo que teníamos la desoladora sensación de estar siempre en el mismo sitio a pesar de no dejar de movernos sin parar; pero condenados, en cualquier caso a seguir moviéndonos, sin tener muy claro el rumbo.



El tiempo, finalmente premiaría nuestra constancia. Pero en ese momento todavía no lo sabíamos y estabamos sumidos en un mar de dudas.

sábado, 14 de mayo de 2011

UN PASO ADELANTE


Después de la consulta con el que yo había llamado, con cierta sorna "El brujo" y a quien, tras la misma me referiría con el calificativo algo mas respetuoso de "curandero", y después de informarnos, a través de Internet y mediante consulta informal con un amigo médico ya jubilado, optamos por seguir sus indicaciones sobre los productos que nos había recomendado aquel : Uña de gato, vitamina C y Acidos grasos Omega 3 Nua DHA de 1 gramo . Y ello, en cuanto, aun cuando nos parecía insuficiente como tratamiento, no creíamos, por otra parte, que pudiera perjudicar al enfermo y esperábamos, al mismo tiempo, que mientras encontrabamos otras soluciones podría ayudarle a mejorar su sistema inmunitario, y a hacer mas lenta la progresión tumoral. Todo ello, además de la dieta recomendada en el libro "anticancer", que ya habíamos comenzado a practicar, suprimiendo radicalmente azucares, féculas y harinas refinadas, sal, carnes y derivados, leche, grasas saturadas y alimentos procesados , principalmente, y manteniendo o añadiendo, pescados, especialmente azules, leche de soja y yogures naturales, legumbres verduras y hortalizas, frutas , frutos del bosque y frutos secos, en especial nueces; así como determinadas especias, como cúrcuma, pimienta negra, ajos, perjil, gengibre, albahaca, romero, te verde o blanco etc.

Mi mujer acudiò a un herbolario , para adquirir los productos recomendados por el "curandero". Conocía a la propietaria de cuando trataba con ciertos productos fitoterápicos y homeopáticos algunos de los efectos secundarios que le producía el tratamiento "alopatico" a base de corticoides, diuréticos y antihipertensivos, de una "panarteritis nodosa" ; rara enfermedad autoinmune contraida por su madre, treinta años atrás y fallecida hacía seis años, a pesar de que, tras ser diagnosticada por su médico, aficionado a las matemáticas de salón, no le había pronosticado mas de dos meses de vida.


Comentando con la dueña del herbolario la situación de su padre, aquella le recomendó visitar a una doctora que tenía su consulta en una ciudad distante de nuestro domicilio unos 50 kilómetros por autovía, la cual le merecía toda su confianza y que sabía que había tratado con éxito a algunos enfermos de cancer.


A la vuelta mi mujer me lo comentó y no lo pensamos dos veces. Una vez conseguido el teléfono de la consulta de la doctora, ese mismo día, solicitabamos una cita con ella; y tres días mas tarde nos plantábamos con el paciente en su consulta. Esta se encontraba, en la primera planta de un inmenso y moderno edificio de reciente construcción, estratégicamente situado en el mismísimo corazón de la ciudad, con fácil aparcamiento en las inmediaciones, y muy cercana a la estación de Trenes Ave y de cercanías y de la Central de autobuses .


La doctora, tenía un raro nombre de raices griegas, pero de bello significado, seguramente extraido del santoral del día de su nacimiento. Lotería que tradicionalmente solía tocar, en otros tiempos, a muchos de los nacidos en pueblos de la España profunda, bien por dudas o discrepancias a la hora de la elecciòn del mismo o como consecuencia de la acendrada religiosidad de alguno de los padres, tan propia de la españa rural de aquellos tiempos del cuplé.


De unos 50 años, sencilla, y de rostro expresivo y juvenil, a pesar de la edad, enmarcado en una abundante, frondosa y semirizada mata de pelo castaño recogida hacia atrás, la doctora poseía, según supimos, una amplia experiencia previa en Servicios de urgencias y hospitales de la Seguridad Social. Nos recibiò, sonriente y con una espontánea y jovial familiaridad; como si hubieramos sido clientes de toda la vida. El despacho, pequeño, sencillo y , ligeramente desordenado, añadía una nota mas de cercanía y familiaridad. Algo de lo que estábamos necesitados; acostumbrados a tratar con la habitual distancia y frialdad profesional que habíamos padecido anteriormente en nuestras relaciones con la mayoría de los doctores de cirugía plastica, que había terminado por generar en nosotros una cierta desconfianza en los mismos.


Tras sentarnos y mantener una distendida y breve conversación introductoria , cuyos pormenores no recuerdo ahora muy bien, pasamos a relatarle nuestro "via crucis" , así como nuestras particulares críticas a la metodología seguida, hasta ese momento, por los servicios oficiales de salud, y en particular a los retrasos en el diagnóstico correcto y en las intervenciones quirúrgicas . Era una letanía que, a modo de exorcismo, íbamos repìtiendo a todo el que quería oirnos, como una forma de desahogo para sobrellevar la situación a la nos habían abocado, primeramente un diagnóstico tan tardio como erróneo y mas tarde unas intervenciones quirúrgicas, a nuestro juicio mal planificadas, a consecuencia, en gran parte, de la rutina y la burocracia de los protocolos sanitarios.



Tras poner cara de circunstancias, ante el relato que hacíamos, sin saber muy bien que decir, nos animó diciéndonos que, aunque no había tratado anteriormente ningún angiosarcoma, existían terapias, distintas a las convencionales de cirugía, radioterapia o quimioterapia que habían tenido éxito en distintos tumores, entre ellos algunos sarcomas de tejidos blandos y que podían tambien dar tambien buen resultado en nuestro caso. Acto seguido, volvió ligeramente hacia nosotros la pantalla de su ordenador para que pudieramlos verla y nos mostro varias fotografías de detalle en las que podía observarse, el antes y el después de varios casos de tumores, tratados anteriormente por, de forma exitosa con electroterapia , en mama, vulva, cabeza y algunas extremidades. Aquello nos impresionó y a la vez nos llenó de esperanza; y aunque, en mi fuero interno, mantenía un cierto escepticismo defensivo, derivado de nuestras nefastas experiencias anteriores, pensé que, tal vez podríamos tener una oportunidad, y que merecía la pena intentarlo. Mas tarde, durante el tratamiento pudimos comprobar que si bien el escepticismo no era totalmente infundado, puesto que no todo resultó ser un camino de rosas, había merecido la pena el ejercicio de fé y esperanza realizado, que nos llevó a depositar nuestra conrfianza en la doctora .


Tras una breve conversaciòn sobre lo que acababa de mostrarnos, la doctora nos pidiò el historial médico del paciente, comenzando a leer detenidamente los documentos e informes mas relevantes del mismo . A ello siguió una batería de preguntas protocolarias, encaminadas a realizar una amplia y exhaustiva anamnesis recopilatoria de la historia clínica del paciente, desde su mas tierna infancia; incluyendo la medicación que recordase había tomado y la que actualmente estuviera tomando, así como otros detalles relacionados con su modo de vida y su salud.


Una vez concluido el interrogatorio médico, se levantó para observar el lecho de las intervenciones quirúrgicas y los focos de recidiva que ya comenzaban a desarrollarse sobre el mismo , cambiando la coloraciòn y aspecto de los tejidos afectados. Al mismo tiempo realizó una palpación de los distintos gánglios en el cuello y bajo la mandíbula, en busca de posibles adenopatías que, en ese momento, no parecían manifestarse al tacto .
 
Una vez concluido todo ello nos sugiriò, en principio, continuar con la dieta ya iniciada por nuestra cuenta , siguiendo las indicaciones del libro de Servan Schreiber titulado "Anticancer", así como mantener la "uña de gato", la vitamina C y los ácidos grasos Omega 3 Nua DHA, recomendados por el "curandero"; así como, de momento, tambien, la medicaciòn hipotensora ( lisinopril ), betabloqueante ( Enconcor ), anticoagulante ( adiro ), anticolesterol ( Colemin ) y protectora de la mucosa estomacal ( Omeprazol ) , que venía tomando regularmente hasta ese momento, recetada por sus doctores de la Seguridad Social .



Asimismo con el fin de regular y reforzar el sistema "REDOX" y el sistema inmune, prescribió "Refensal" y "Agua cristal" , para posteriormente aplicar sesiones de "Pap-Imi" .


Igualmente nos sugirió que bebieramos agua con bajo residuo seco ( recomendándonos, bien "Bezoya" , "Sierra Fria", comercializada por LIDL o "Bronchales", comercializada por Mercadona, ambas mas baratas que la primera ) y que controlaramos el ph de la orina mediante tiras reactivas de venta en farmacias, para tratar, en su caso de reducir un posible grado de acidez de la misma.


Asimismo, nos sugiriò hacer un "Tipaje linfocitario" y una "serología viral", para aplicar el tratamiento de "microinmunoterapia" mas adecuado en función del resultado obtenido; A cuyo fin obtuvo una muestra de sangre del paciente, para enviarla a un laboratorio de Bruselas que, previo pago de la analítica, nos enviaría el estudio posteriormente.


Finalmente le preguntamos sobre las posibilidades de éxito que pensaba que podíamos obtener siguiendo su tratamiento. La respuesta, a pesar de su inconcrección fué muy clara : "No puedo garantizar el éxito, pero si creo que existen posibilidades" .



Aquella respuesta no acabó con mi escepticismo, pero, a pesar de su indefinición, la sincera espontaneidad con que fue hecha, me inspiró confianza. Y después del "viacrucis" recorrido, un buen chute de confianza, era precisamente lo que necesitábamos para continuar, sin cuartel, nuestra lucha contra la adversidad. Y a pesar de que no terminábamos de ver claro, que las prescripciones realizadas hasta ese momento, fueran a suponer una solución definitiva al problema, decidimos hacer un acto de fé, poniéndonos en sus manos . Aunque bien pensado, no menor que el que habíamos puesto hasta ese momento en los doctores del servicio oficial de salud.



El tiempo nos demostraría que, semejante acto de fé, a pesar de su aparente irracionalidad, fué la mejor decisión que pudimos haber tomado y que supuso el primer paso adelante en el proceso de curación. Pero todavía nos faltarían casi dos años y un largo camino para poder llegar a esa conclusiòn.


A finales de abril de 2009, teniamos en nuestras manos, los resultados del tipaje linfocitario y serológico, cuyo análisis interpretativo y tratamiento recomendado era el siguiente :


"INTERPRETACION DEL TIPAJE LINFOCITARIO :
 
Hiporeactividad inmunitaria global y multiselectiva en relación con una linfopenia y una fuerte disminuciòn de los linfos -T8c y -B , en un sistema inmunitario muy desequilibrado.


Doble bloqueo del CMH I y II, en favor de una presentación mas o menos ineficaz, o sea, inhibida, de los antígenos de todo origen por los CPA a las células inmunocompetentes; es de hecho un estado de anergia inmunitaria.


El derrumbamiento de los linfos B, indica una inmunidad humoral cuasi destruida.


INTERPRETACION DE LAS SEROLOGIAS:
 
Fuerte reactivación del HZV y del VZV
 
Comentarios diagnósticos.-
 
Según los datos clínicos y los resultados analíticos se pueden hacer análisis complementarios :


Perfil proteico
Beta 2 microblobulina


Tratamiento recomendado .-
 
Iniciar un apoyo inmunitario no específico con 2L C1, 3 cápsulas por día en asociacion con las mezclas pro apoptóticas y antiproliferaciòn Bcl-2/VEGF/RANKL âa 30 CH + HGF/IGF-1& 2/IL-6 âa 30 CH + CASPASE-3/TRAIL bak âa 4 CH y el producto antitrombotico ATH, 2 cápsulas en alternancia 1 día /2.


Regular la flora intestinal con un probiótico y neutralizar el Stress oxidativo.
 
Duración del tratamiento : 6 meses. "


A la vista de la analítica y del tratamiento recomendado, la doctora nos sugirió que solicitásemos las píldoras de dicho tratamiento microinmunológico mediante correo electrónico al laboratorio belga que había realizado la analítica; aclarándonos que podíamos hacerlo en español, ya que disponían de una traductora de nuestra lengua, y que lo recibiríamos rápidamente, pudiendo pagarlo contra reembolso o mediante transferencia bancaria.


Asimismo, además de todo lo anterior, nos recomendó tomar una cucharada dosificadora de Lisin-prolin antes o fuera de las principales comidas.



Siguiendo sus indicaciones, pocos días mas tarde teníamos en casa los productos solicitados al laboratorio belga, para comenzar el tratamiento.




Empezábamos una nueva etapa con ilusión y esperanza, pero también con cierta dosis de escepticismo . Todavía nos esperaba un largo camino por recorrer, y muchos obstáculos que superar, como poco después podríamos comprobar.