lunes, 2 de mayo de 2011

BUSCANDO A MERLIN

Mientras afinábamos la dieta, tratando de hacerla lo mas variada y sabrosa posible, a pesar de la limitaciòn que imponía la restricción absoluta de carnes, leche, azucares , féculas, alimentos procesados industrialmente y sal, comenzamos a preguntar a amigos y conocidos, así como en herbolarios, al mismo tiempo que buscábamos por internet, doctores fiables que ejercieran la llamada medicina alternativa y en particular que tratasen problemas de cancer. Y todo ello, como siempre, contrareloj, conscientes de la velocidad con que el angiosarcoma avanzaba; pues sabíamos por nuestras experiencias anteriores, que las primeras manifestaciones externas y apreciables de la recidiva, aparecían, aproximadamente, un mes después de cada operaciòn; progresando, a partir de ese momento con una preocupante celeridad, que se incrementaba a medida que el angiosarcoma aumentaba de tamaño.



Tras varios días de gestiones infrucutuosas, una amiga nos sugirió consultar con un curioso personaje que residía en un pueblo distante poco mas de cien kilómetros de nuestro domicilio quien, según ellla, poseía un extraño don natural para sanar enfermedades de dificil curaciòn, al que acudían, personas desahuciadas por los médicos de la Seguridad Social; con enfermedades raras para las que no encontraban tratamiento adecuado, u otras cuyos tratamientos prescritos resultaban altamente agresivos.



A pesar de que nuestra amiga nos encareció la visita, explicándonos algunos casos difíciles, de amigas y conocidas suyas, que había resuelto con sus misteriosas artes, aquella falta de concrección y mi suspicacia hacia todo lo esotérico me hizo rechazar, de plano, aquella opción, en cuanto me parecía una verdadera pérdida de tiempo.



Sin embargo, mi mujer insistió en visitar al "brujo", como yo, escépticamente, lo llamaba por aquel entonces, alegando, que salvo el tiempo empleado en la visita, no teníamos nada que perder, dado que por sus servicios no exigía otro pago que la voluntad del enfermo.





Conociendo la castellana tozudez de mi mujer y teniendo en cuenta que acababa de prejubilarme y que por tanto disponía un tiempo que antes no hubiera podido dedicarle, no me opuse; especialmente teniendo en cuenta que, de hacerlo, tendría que bregar para convencer a mi mujer y que, al fin y al cabo era la vida de su padre estaba en juego, el cual no se oponía a semejante decisiòn. Así que, mirándolo por el lado positivo, pensé que, aunque no obtuviesemos ningùn resultado, siempre podríamos aprovechar el día para comer fuera y dar un paseo por el campo. Al fin y al cabo siempre sería una experiencia interesante, o al menos curiosa y, por otra parte, nada nos obligaba a seguir sus consejos o los "tratamientos" que nos prescribiese o sugiriese, si no nos convencía.



En cuanto al enfermo, aunque tampoco estaba muy convencido, tampoco opuso resistencia alguna, dado que, después de haber pasado por cinco intervenciones quirúrgicas y mas de 30 sesiones de radioterapia, estaba dispuesto a probar lo que fuese con tal de acabar con su padecimiento, y alejar de si la espada de Damocles que pesaba sobre su cabeza.


Tras concertar la cita, a las 11 de la mañana, salimos en coche y poco después de una hora llegabamos al pueblo del "brujo", situado a unos diez kilómetros de una importante y afamada ciudad . Necesitamos cierto tiempo para dar con la casa, que se encontraba en una calle de una nueva urbanización , medio vacía, del extraradio, cuyo nombre era desconocido para la mayoría de la gente del pueblo y que mi GPS, que llevaba tres años sin actualizar, aùn no tenía en su base de datos.


La casa, de dos plantas, era grande pero modesta, y se encontraba circundada por una valla perimetral, en una parcela ajardinada de unos 500 m2, en una calle muy tranquila, en cuanto no llevaba a ninguna parte.


Llamamos al timbre, e instantes después, una joven de unos 25 años, salió de la casa y nos abrió la puerta del jardín, invitándonos a pasar, cuando le indicamos la cita que previamente habíamos concertado y que ella estaba esperando.


Una vez en la casa, nos dimos cuenta, aquello no estaba lleno de redomas , retortas, matraces o serpentines conteniendo extraños , humeantes y burbujeantes líquidos de colores, sino que se trataba de la vivienda familiar, donde el padre, además, tenía su consultorio en un pequeño despacho de la planta baja, ánexo al salon de la casa, y al fondo del mismo, al que se llegaba después de atravesarlo.


Tras una breve conversacion introductoria con la joven, mi mujer, con hábil interrogatorio circular terminó confirmando lo que sospechaba : Que se trataba de la hija de la persona con la que nos habíamos citado. Avida de curiosidad femenina, continuó el interrogatorio curricular, que fué interrumpido poco después con la llegada del "brujo" al salón, donde en ese momento nos encontrábamos todos, charlando de pié.


La joven que nos había atendido hasta ese momento nos lo presentó, como su padre, y se despidió dejándonos con él, quien nos invitò a pasar a su despacho.



Aunque no esperaba encontrar a un anciano de larga barba blanca vestido de Rappel con sobrero de capirote, tampoco esperaba a un hombre de unos cincuenta años, de aspecto normal y un punto sacerdotal, vestido de calle, con pantalón gris y jersey marrón, quien con ademanes suaves y voz pausada irradiaba por todos sus poros una gran paz de espíritu; todo ello en concordancia con la paz que se respiraba en toda la casa e incluso en la urbanización semifantasma en que aquella se encontraba ubicada.


El despacho, austero, tenía las paredes forradas de madera, barnizada en tono oscuro, y pequeña mesa de escritorio, tras la cual sentó, al tiempo que nos invitaba a hacer lo propio en unas sillas que tenía frente a la misma. En la pared a su espalda, había una estantería con libros, cuyos títulos no alcanzaba a ver, y en un hueco situado en el centro de la misma, un discreto crucifijo . Asimismo, en uno de los huecos de la estanteria pude ver una pequeña imagen de una virgen que no fuí capaz de identificar .


Con voz muy suave se dirigió directamente al enfermo, pidiéndole en un tono cálido y familiar que le relatase la historia de su enfermedad . Cuando hubo escuchado el breve relato, comenzó a hacerle preguntas sobre su profesión, sobre los hijos que tenía y sus relaciones con los mismos; sobre su fallecida esposa y su pasada vida con ella, y sobre otros detalles de su pasado relacionados principalmente con el trabajo, ly a familia, así como tambien relativos a su personalidad.


Terminado ese capítulo de preguntas, continuó preguntando por las enfermedades que había padecido a lo largo de su vida, así como por las intervenciones quirúrgicas de que había sido objeto; pidiendo, por último, que le permitiesemos ver el historial del enfermo que llevábamos con nosotros , sobre el cual tambien hizo algunas preguntas y comentarios, demostrando tener ciertos conocimientos de medicina. Luego nos explicó que aunque no había realizado estudios universitarios de medicina, siempre se había interesado por estos y realizado distintos cursos, y que uno de sus hijos se encontraba actualmente estudiando tercero de medicina. A preguntas de mi curiosa esposa, también nos explicó que había "heredado" de su padre el "don de curar", que a su vez lo había descubierto haciendo con gran éxito de "veterinario" natural de los animales del pueblo, cuando en el pueblo no existía semejante clase de profesionales ;quienes, por otra parte, cobraban unos emolumentos por sus servicios que los campesinos no podían ni querían pagar.


He de reconocer, que había esperado un personaje y una puesta en escena mas efectistas y truculentos y me encontraba ante una persona sencilla , familiar e intuitiva, en el que confluía una extraña mezcla de psicólogo , religioso y médico de cabecera de la antigua escuela, que lejos de inspirar recelo, inspiraba ante todo paz , confianza y esperanza.


Llegados a ese punto, permaneció un momento en silencio y en actitud ausente; dando la apariencia de que se encontraba en trance, meditando y rezando; todo al mismo tiempo.


Pasados unos momentos, abandonó ese estado de ensimismamiento, se dirigió al enfermo y le dijo en un tono, a la vez tan solemne como un doctor de los años 50 y tan dulce como una monja de clausura : " Tiene usted una enfermedad grave, pero acabo de ver que se va a salvar". "Es usted un hombre físicamente fuerte y además veo tambien en usted mucha fuerza interior; y lo más importante : tiene una familia que le quiere mucho; y eso le va a ayudar" . "Solo tiene que tener fé y verá como va a salir bien de esto".


Miré con el rabillo del ojo a mi mujer y a mi suegro y comprobé en sus rostros que aquello les había emocionado. Sincero o no, lo cierto es que aquello, al menos les había levantado el ánimo, aunque no tuviera el más mìnimo fundamento científico.


A continuaciòn el hombre comenzó a exponer sus teorías sobre el cancer sosteniendo , mas o menos, como el cuestionado doctor Hamer que, el sufrimiento era la causa principal, y que también constituía una prueba de la fortaleza interior de las personas. Por tanto tenía que desterrar el miedo, puesto que no solo iba a salir bien del trance, sino que, además, terminaría superando la prueba y la experiencia le fortalecería espiritualmente; por lo que había que contemplar la enfermedad desde este punto de vista positivo, y ello ayudaría a superarla.
Suponiendo, tal vez y con razón, que aquella explicación no nos parecería suficientemente convincente y que esperábamos algo más, el hombre consultó minuciosamente unos libros y folletos que tenía sobre su mesa y en la estantería situada a su espalda y nos sugirió que, para mejorar el sistema inmunológico y el estado general del paciente, con cada comida, "uña de gato" , (Uncaria tormentosa ) "vitamina C"; y "acidos grasos omega 3 nuaDHA" de 1 gramo. No obstante volvió a insistir en su convicción de que todo iba a salir bien y en la importancia de la fortaleza interior del paciente y del apoyo familiar para contribuir a la recuperación.


Personalmente todo aquello me pareciò insuficiente para lidiar con la hidra de Lerna que parecia instalada en la cabeza de mi suegro. Pero no cabe duda de que al menos , lejos de resultar perjudicial, parecía mas bien indicado, en cuanto iba encaminado, principalmente a potenciar el sistema inmune y a mejorar el estado general del paciente, y no parecía incompatible con sus problemas cardiovasculares.


Finalmente y después de una breve charla de despedida mi mujer le preguntó por el importe de sus servicios, a lo que aquel respondió que no cobraba otra cosa que lo que voluntariamente quisiesemos aportar; señalándonos un pequeño cofre con una ranura en su parte superior, donde podríamos introducir , en su caso, anónimamente nuestro donativo; saliendo en ese momento de la habitación y esperando fuera, para que pudieramos discutir, sin su presencia, dicha cuestión . Mi mujer, propuso dejar 50 Euros. Ninguno discutimos la cantidad que introdujo en la ranura del cofre.


Salimos de la habitaciòn . Fuera nos esperaba el hombre, que nos acompañó hasta la puerta donde finalmente nos despedimos .


Aunque todos sabíamos que aquello no era la soluciòn al problema que andábamos buscando, al menos sirvió para inyectar optimismo y esperanza, totalmente irracional, por supuesto; pero, si nos atenemos a los resultados, no menos irracional que los que se habían derivado de las intervenciones quirúrgicas y la radioterapia que, aunque aparentemente mucho mas racionales y científicas, no habían servido hasta ese momento para nada; o para ser exactos, para muy poco. Al tiempo que habían dejado la cabeza del enfermo deformada por las amplias y visibles cicatrices y su piel churruscada y debilitada por los injertos y las radiaciones rebicidas.


Parecía evidente que no habíamos encontrado al mago Merlín. Pero al menos el enfermo había recibido una inyección de optimismo y esperanza que, junto al apoyo de toda la familia, le daban fuerzas para continuar su lucha contra el malvado angiosarcoma.
 

sábado, 30 de abril de 2011

EN BUSCA DEL SANTO GRIAL




La noticia, del abandono del enfermo a su suerte , nos sumió en la perplejidad y su efecto fué semejante al que pudiera sufrir un menor de edad que repentinamente se queda huerfano de padre y madre, o un cristiano que resultase excomulgado, en el el medioevo, sin que hubiese promovido herejía alguna.



Después de todas las informaciones médicas previamente obtenidas de diferentes y prestigiosas fuentes galénicas, que no aportaban ninguna soluciòn o terapia viable ¿Que hacer? . ¿ A donde acudir ? .



Acababan de decirnos que "la ciencia" terminaba allí y que nos habíamos salido de sus racionales, tangibles y empíricos dominios, para entrar en los mas intuitivos, etéreos y metafísicos, de "la Divina Providencia", a la que aquella había venido a sustituir, según pretenden vendernos los materialistas y ateos de turno.



Recordando la impactante y emotiva película titulada "El aceite de la vida" , y teniendo en cuenta la experiencia que allí se narraba, en lugar de esperar pasivamente los acontecimientos, decicimos seguir los pasos de sus protagonistas, enfrentados a una situación semejante, en lugar de tirar la toalla, como el manager de un boxeador grogui, y dar por concluida la pelea.



En dicha película, con base en un hecho real, se narraba la odisea de unos padres, que luchando contra la corriente, representada por el hermético establishment médico-científico, y sin conocimientos previos de medicina consiguieron, con grandes dosis de tesón y estudio, salvar la vida de su hijo de 6 años, diagnosticado de una gravísima enfermedad neurodegenerativa conocida como "adrenoleucodistrofia", o enfermedad de Lorenzo, desde entonces, mediante el conocido desde ese momento, como "aceite de Lorenzo" ; una mezcla de cuatro partes de glicerol trioleato y una de glicerol trieruciato, descubierta por ellos.



En este caso, el niño tenía 82 añitos; pero aún así, intentar ganarle la partida a esa desagradable señora enlutada que guadaña en mano nos acecha cada día, esperando que le ofrezcamos la cabeza, merecía la pena y resultaba estimulante. Máxime cuando el "niño", a pesar de todo se mostraba vigoroso y peleón.



Optando por convertirnos en doctores, aunque fuese a palos, en lugar de enterradores, nos pusimos manos a la obra.



Conscientes de que, además de partir de cero, estábamos actuando contrareloj, decidimos en primer lugar obtener toda la informaciòn posible sobre posibles terapias alternativas, dado que la exigua panoplia de tratamientos reconocidos, por los protocolos médicos oficiales se nos había agotado sin éxito. Así comenzamos a recorrer un nuevo camino, ésta vez, en busca del "Santo Grial" para intentar obtener del mismo sus propiedes mágicas.



Para ello, además de hacer una búsqueda exhaustiva en internet, comenzamos a ojear en librerías especializadas los índices y contenido de los libros mas recientes sobre el cáncer y sus posibles tratamientos alternativos.



De entre los diversos libros que ojeamos, elegimos uno que, por sus características nos pareció de los mas adecuados para los fines que perseguíamos, ya que a la claridad expositiva, dado que se trataba de un libro divulgativo, se unía la seriedad que le daba el estar escrito por una persona del establisment medico-científico, aunque no fuese oncólogo, sino psiquiatra y neurólogo, y la credibilidad de haber superado, con éxito, un cancer cerebral. Justo lo que estábamos buscando. El libro en cuestión se titulaba "Anti-cancer" y había sido escrito por David Servan Schreiber y publicado por Espasa-Calpe.



Comenzamos a devorar literalmente sus 350 páginas y en cuatro días habíamos concluido su lectura, que nos resultó mas amena e interesante de lo que en un principio nos habíamos imaginado.



Resumiendo mucho, podríamos decir que el libro, junto a una clara y sintética exposiciòn de la biología y los principales mecanismos de desarrollo del cancer, se centra y hace hincapié principalmente en dos aspectos fundamentales : La dieta, y el aspecto mental y emocional.





De ellos nos pareciò el más interesante el primero y en el nos centramos en primer lugar; ya que únicamente suponía un cambio de hábitos alimenticios que, aunque siempre dificil, como ocurre con todo cambio de hábito, dadas las circunstancias, nos parecía el más asequible y necesario; debido, tanto a la edad del enfermo ( 82 años por aquel entonces ) como a que, a pesar de todo, su estado mental y de ánimo era bueno y no mostraba especiales sintomas de ansiedad o depresiòn.



Después de su lectura, y dada la importancia que atribuía a la dieta, como uno de los aspectos básicos a tener en cuenta en un tratamiento anticancer, nos llamó profundamente la atenciòn el hecho de que desde el mismo momento del diagnóstico hasta el posterior abandono a del enfermo a su suerte, pasando por todos los periodos hospitalarios y postoperatorios, incluido el tratamiento radioterápico, no había recibido ni la mas mínima indicación o recomendación médica acerca de la dieta u otros hábitos de vida mas convenientes; como si esta fuese completamente irrelevante en la progresión del tumor. En su día ya nos extrañó, pero debido a esa fé casi ciega en nuestros doctores, que para nada se preocuparon de la dieta, no llegamos a plantearles ni a plantearnos semejante cuestión.



No obstante teníamos serias dudas de que la dieta, por si sola, fuese a acabar, y menos en el corto plazo, con lo que no habían podido acabar cinco intervenciones quirúrgicas y 31 sesiones de radioterapia; pero pensamos que no perdíamos nada si empezábamos a introducir cambios radicales en la dieta seguida hasta entonces, rica en azúcares y harinas refinadas, y no exenta de carnes y embutidos, leche, y alimentos procesados y en conserva, etc. y, por supuesto, sal. Claro, que resultaría dificil , asumir dicha dieta, si el enfermo nos veía a los demás comer aquello que siempre había comido y degustado; al tiempo que resultaba un engorro para la cocinera de la casa, mi mujer, o lo que es lo mismo, su hija, hacer dos menús distintos. Así que decidimos declararnos todos enfermos de cancer e iniciar la dieta "anticancer" recomendada por el autor del libro y seguir algunos otros consejos que se recogían en el mismo. Tal vez así incluso pudiese servirnos a quienes aún nos considerábamos sanos, como una forma de prevención de la enfermedad.



Si estabamos convencidos de que aquello no era la solución , tambien teniamos la intuición de que podría ayudar, al menos, a hacer mas lenta la progresión del tumor, permitiéndonos al menos ganar algùn tiempo, mientras buscábamos y aplicábamos otras terapias alternativas, que pudiesen resultar efectivas con mayor rapidez.
 
Además de la dieta, y siguiendo las indicaciones del libro, intentamos buscar otros medios de potenciar de la forma mas natural posible, el sistema inmunológico del enfermo, reducir la inflamación y la angiogénesis , aumentar la ingesta de antioxidantes y la oxigenación sanguínea, así como alcalinizar el Ph celular evitando su acidificaciòn. Factores todos ellos sobre los que, en ningún momento tampoco incidieron ni tuvieron en cuenta, ninguno de los doctores que trataron al paciente durante todo el tiempo en que recorriò lo que, en anteriores entradas, hemos dado en llamar "el Camino de Santiago" y el posterior "Via crucis" , limitándose a aplicar estrictamente los conocimientos , terapias y protocolos propios de sus respectivas especialidades, con olvido de un tratamiento integral o multidisciplinar de la enfermedad.





Si, como ahora pensábamos, la dieta era uno de los pilares en el tratamiento del angiosarcoma, resultaba evidente que habíamos perdido un tiempo precioso, que era necesario recuperar a toda costa.



Cinco días mas tarde de la fatal noticia, que enviaba al paciente a las tinieblas exteriores del sistema de salud, aquel recibía junto con el alta hospitalaria una palmadita en la espalda, y los mejores deseos de los doctores en la búsqueda del "Santo Grial", que le permitiera superar la enfermedad que, hasta entonces se había negado, como demonio mal exorcizado, a abandonar su ahora lacerado cuerpo .



Ese mismo día comenzamos a aplicar la dieta anticancer recomendada en el libro del Dr. David Servan Schreiber, iniciando una carrera contra reloj para vencer al angiosarcoma, que complementaríamos, posteriormente, con otros tratamientos alternativos que comenzamos a buscar , sabiendo que del aciero de su eleccion y de la rapidez de su aplicaciòn, dependía la vida de nuestro familiar.



Asimismo, tambien éramos muy consicientes que necesitaríamos ayuda médica; si bien, agotado el repertorio de remedios de la medicina oficial, no nos quedaba otro remedio que buscar entre profesionales de mente abierta que se dedicasen al ejercer las denominadas medicinas alternativas. Claro que conscientes, igualmente, de que la falta de control colegial en este sector de la medicina, unido a nuestro descocimiento de las distintas técnicas o remedios aplicables en este amplísimo campo y las dificultades para el control y evaluación de los efectos de la mayoría de estas terapias, mas allá de la evidencia directa, nos resultaba dificil elegir una persona que considerásemos adecuada para tratar la grave enfermedad de nuestro familar; todo ello, teniendo en cuenta que había sufrido un infarto años atrás y estaba siendo tratado con anticoagulantes y antihipertensivos, y no queríamos que otro tratamiento pudiera interferir el ya prescrito o complicar su salud cardiaca .



A todo ello nos aplicamos con renovada fé en los días siguientes al alta hospitalaria. 

jueves, 21 de abril de 2011

FINAL DEL VIA CRUCIS : CAMINO DEL INFIERNO


Tras las reiteradas intervenciones quirúrgicas sin resultado positivo, la desesperación y la falta de confianza en la curación comenzaba a apoderarse de nosotros. No tanto del paciente, a quien tratábamos de mantener piadosamente engañado respecto a la gravedad de su mal, aparentando en todo momento una tranquilidad que no teníamos y procurando nunca hablar en su presencia sobre de la gravedad de su diagnóstico; cosa que los doctores tampoco hacían, según comprobamos, a menos que el enfermo preguntase muy directamente; lo cual tampoco sucedía. Era como si el enfermo, temeroso recibir malas noticias con sus preguntas, se negase de antemano a conocerlas; Estrategia avestrucista en la que todos colaborábamos, al entenderla, como reacción psicológica defensiva, que venía a ratificar el viejo refran: " no hay noticia, buena noticia" . De este modo, el enfermo siempre estaba confiando en que cada nueva operaciòn terminaría por extirpar el tumor, que aunque, peligroso, creía que no amenazaba seriamente su vida. No obstante, y a pesar de esto comenzábamos a notar en el mismo un cierto escepticismo, que nosotros procurabamos calmar con mentiras piadosas que, finalmente, terminaba por creerse; o al menos eso aparentaba, tal vez como mecanismo psicologico defensivo ante la fatal alternativa.


Ante las perspectivas de una nueva intervención quirúrgica y la constataciòn de que la cirugía tal como estaba planteada no resultaba eficaz, empezamos a pensar, que tal vez pudiera haber algún otro abordaje del problema que no hubiesemos contemplado. Por ello, mientras transcurría el tiempo en que se desarrollaban los preparativos para una nueva intevención, y aprovechando el ofrecimiento de un amigo que nos brindó, amablemente, alojamiento temporal en su casa, aprovechamos para trasladarnos a Valencia a realizar sendas consultas médicas que habíamos estado barajando con anterioridad. La primera de ellas, con un prestigioso cirujano, jefe del servicio de cirugía plástica de un conocido hospital valenciano y la segunda con otro prestigioso oncólogo, por aquel entonces director de un centro oncológico valenciano de referencia.


Pocos días mas tarde acudíamos, puntualmente, a la cita que previamente habíamos concertado en la consulta privada del cirujano plástico, situada en un pueblo en los alrededores de la capital valenciana, famoso por los numerosos e importantes talleres falleros acogidos en el mismo .


Nos recibió personalmente su esposa, con gran amabilidad y un trato muy cercano y familiar . Tras una breve conversación, nos invitó a esperar en una pequeña sala, donde tras unos quince minutos de espera pasamos a presencia del doctor.


El doctor, de unos 50 años y persona de trato afable y campechano, tras una breve conversación intrascendente, iniciada, probablemente, para distender y relajar el ambiente, consciente de la situaciòn que nos llevaba a su consulta y de la cual habíamos puesto previamente en antecedentes telefónicamente y mediante el envio por fax del historial clínico de que disponíamos.



Tras ello, realizó una serie de preguntas profesionales al paciente, así como una exploración física del mismo, al tiempo que analizaba y valoraba todas las pruebas clínicas que le habíamos facilitado.


A continuación y después de haberle explicado que, el paciente, iba a ser intervenido nuevamente le preguntamos, que opinaba de la eficacia de la misma a la vista de los antecedentes y si aparte de la técnica de Mohs que se habían negado a emplear en anteriores intervenciones, conocía alguna técnica o solución recomendable que pudieramos sugerir. al equipo de cirugía plástica de nuestro hospital de referencia. A todo ello nos respondió, que la cirugía era, en nuestro caso, la primera indicación, y que aunque no era oncólogo, estimaba que antes aplicar tratamientos radioterápìcos o quimioterápicos, dado que de las pruebas efectuadas no se apreciaba la existencia de metástasis, era preferibla agotar la opciòn quirúrgica; opciòn que entendía que aún tenía cierto recorrido.


En cuanto a la posibilidad de mejorar la técnica quirúrgica que hasta ahora se había venido aplicando, ademas de reconocer que desde el punto de vista estrictamente tecnico-quirúrgico, las intervenciones anteriores habían sido impecables, consideró que era mejorable, y que la cirugía de Mohs, aunque económicamente mas costosa hubiera sido recomendable, en cuanto podría haber reducido el número de operaciones, al tener mayores posibiliades de éxito en cuanto a la completa erradicación del tumor. No obstante nos sugirió, que ante la posible negativa a realizar dicha cirugía, podríamos sugerir la aplicación de una técnica, que aunque no tan efectiva, pudiera mejorar la seguida hasta ahora y acortar notablemente el tiempo entre operaciòn y operaciòn; lo que constituía uno de los problemas que habían contribuido al escaso éxito obtenido hasta el momento. Dicha técnica, utilizada frecuentemente con grandes quemados, consistía en cubrir la zona operada con un injerto provisional de piel artificial, hasta tanto se conociese el resultado del estudio anatomopatológico resultante de la intervención quirúrgica, a fin de poder reintervenir nuevamente de forma inmediata y antes del alta hospitalaria, si dicho resultado así lo aconsejase .


Ante el temor de que semejante planteamiento fuese rechazado por los cirujanos del Hospital Provincial que tenía que realizar la intervención, le planteamos la posibilidad de realizar un traslado del paciente al hospital valenciano donde el doctor ejercía como jefe del Servicio de Cirugía Plastica, a lo que aquel nos contestó que, como consecuencia de el sistema de Autonomías, ello no sería posible sin un previo concierto entre los Servicios de Salud de ambas autonomías, la valenciana y la andaluza; lo cual aunque, hipotéticamente, pudiera terminar autorizándose, no resultaba recomendable, en cuanto la burocracia requerida para ello, probablemente llevaría un tiempo que nos convenía perder. Nos aclaró al respecto y a título anecdótico, que había un gran contrasentido que, a su vez, suponía una flagrante injusticia, en el hecho de que fuera mas fácil, burocráticamente hablando, la intervenciòn quirúrgica de un extranjero de cualquier país de la CEE, en cualquier hospital de cualquier Autonomía española, que de un español.


Efectuada la consulta, nos despedimos, pagamos los 150 Euros acordados previamente, y salimos relativamente contentos; en cuanto, al menos, teníamos nueva informaciòn útil que podíamos utilizar, si bien un tanto molestos con nuestros cirujanos plásticos, en cuanto en ningún momento parecían haberse planteado semejante alternativa que permitiera ganar un tiempo valioso entre operación y operación. La técnica, aunque no permitía conocer, intraoperatoriamente, si el tumor había sido completamente extirpado, como ocurría con la técnica de Mohs, al menos permitía hacerlo "intrahospitalariamente"; lo cual reducía notablemente los tiempos entre operación y operación.


A la misma hora del día siguiente, acudimos a la cita en la consulta del oncólogo, la cual resultó bastante decepcionante, por diferentes motivos .



Tras recibirnos en un gran despacho, notamos, de entrada la falta de calidez en el recibimiento, que encontramos en nuestro anterior interlocutor. Tras saludarnos ritualmente mientras permecía tras su mesa de despacho, nos invitó a sentarnos en unas butacas situadas a unos cuatro o cinco metros de distancia, lo que hacía la comunicaciòn mucho mas formal y menos cercana que la que habíamos mantenido con el cirujano el día anterior.


Tras preguntarnos por el motivo concreto por el que solicitábamos sus servicios y decirle que este consistía en obtener toda la informaciòn posible sobre posibles tratamientos del angiosarcoma que padecía nuestro familiar, sin tan siquiera levantarse a inspeccionar al paciente, nos soltó, a bocajarro, que no había, al margen de la cirugía, tratamiento efectivo alguno para el angiosarcoma.



En cuanto a la radioterapia, nos dijo, que dada la dosis recibida en el anterior tratamiento, no era recomendable una nueva dosis, ya que la recibida era la máxima recomendable; añadiendo igualmente que el nunca habría empleado radioterapia, en cuanto no la consideraba efectiva contra el angiosarcoma y que incluso habría podido ser hasta contrapdoducente.



Respecto a las posibilidades de quimioterapia o, en su caso, de inclusiòn en algún ensayo clínico que se estuviese llevando a cabo con angiosarcomas, negó rotundamente ambas posibilidades; tanto por desconocer la existencia de fármacos eficaces contra dicho tumor, como por la inexistencia de tales ensayos; a lo que añadió como elemento a valorar especialmente, antes de utilizar algún tipo de quimioterapia , la agresividad de los tratamientos quimioterápicos y la propia edad del paciente.


Con aquello dió prácticamente por zanjada la breve y decepcionante consulta, que no añadió otra cosa que una mayor certidumbre a lo que ya sospechábamos, aunque nos resistíamos a creer . No obstante, como pensábamos que tendríamos que intentar convencer a los cirujanos de nuestro Hospital Provincial, para que el enfermo no fuese derivado hacía areas distintas a la cirugía, ( radioterapia o quimioterapia ) le solicitamos nos realizase, al menos, un breve informe escrito con su recomendacion en cuanto al tratamiento y las razones de la misma; petición a la que accediò, un poco a regañadientes, tras insistirle y explicarle las razones de tal solicitud, que no eran otras que tener algún elemento con el que convencer a nuestros cirujanos en caso de que se mostrasen reticentes a la intervención y pretendiesen sustituirla por otra alternativa.



Nos invitó a esperar en la sala de espera mientras redactaba el informe. Diez minutos mas tarde teníamos un escueto informe escrito sobre un folio, en el que se recomendaba la opciòn quirúrgica como única con posibilidades de efectividad.


Cuando fuimos a abonar los servicios a la secretaria, los 200 Euros en que habíamos pactado la consulta, se habían convertido en 300. Nos pareció una desfachatez, en cuanto la consulta no había durado mas de diez minutos y no nos había proporcionado ninguna información adicional, limitándose a confirmar lo que ya suponíamos de antemano, y en cuanto el informe escrito, que no había llevado mas de diez minutos en confeccionar, al igual que la información facilitada en la consulta, era de una parquedad , que no justificaba los 100 Euros adicionales.



Al igual que ya sucediera, en una anterior ocasión con una prestigiosa y afamada Clínica madrileña, tuvimos la sensaciòn de que aquello era un puro negocio que para nada tenía en consideración las circunstancias o el servicio real prestado. Protestamos ante la secretaria, de forma correcta, indicándonos ésta que los cien euros extra, eran por el informe que no estaba incluido en la consulta. Tras insistir en que el informe era tan escueto que equivalía a poco mas que una receta y que nos parecía excesivo, consultó con el doctor, y nos rebajo 50 Euros.



Decidimos no seguir insistiendo, pero reclamamos una factura, que en principio no tenía intenciòn de darnos, y una vez obtenida nos marchamos con una amarga sensación de no ser considerados como pacientes sino como meros clientes de cualquier otro negocio.


Una vez de vuelta a casa concertamos una cita con el jefe del servicio de cirugía plástica de nuestro Hospital Provincial para intentar acelerar la nueva intervenciòn y plantearle nuestro punto de vista sobre la misma con base en las recomendaciones obtenidas durante nuestra estancia en Valencia.


Nos citó para un día y hora de la semana siguiente en que tenían programada una reunión en sesiòn clínica, a fin de que en la misma planteásemos lo que tuviesemos que decir, y para decidir durante la misma la decisión a adoptar.


LLegado el día y hora , tras la espera de rigor, por fin fuimos invitados a pasar a la sala donde se desarrollaba la reunión. Allí se encontraba, casi al completo, el cuadro médico del Servicio.



El jefe del mismo nos invitó a sentarnos y tras examinar brevemente al paciente y la zona afectada por las sucesivas intervenciones y la localización de la recidiva, nos dijo que ya había sido operado varias veces, y sometido a sesiones de radioterapia, todo ello sin éxito y que poco quedaba por hacer . Le preguntamos si contemplaba la posibilidad de una nueva intervenciòn, a lo que contestó que aún era posible pero que dada la localización de la zona afectada y el número de intervenciones realizadas quedaba muy poco margen de actuación y que no había garantías de éxito; especialmente en vista de la resistencia mostrada hasta entonces por el angiosarcoma . Le contestamos que, si había alguna posibilidad de ampliar los margenes de resecciòn el paciente estaba dispuesto a someterse a una nueva intervención. Tras discutir entre ellos la cuestión, así como las posibilidades de éxito y la mejor forma de abordaje, parecieron aceptar el reto, ante lo cual aproveché para volver a insistir en que, en esta ocasión, para agotar al máximo las posibilidades de éxito, emplearan la técnica de Mohs, aún sabiendo, como finalmente ocurriò que tal opción serìa nuevamente rechazada.



Ante la rotunda negativa, volví a la carga, con la propuesta de realizar un injerto provisional de piel artificial que el cirujano valenciano nos había sugerido; opciòn que, para mi sorpresa, les pareciò aceptable.



Desde entonces siempre me he formulado la siguiente pregunta sin respuesta: Si conocían la técnica propuesta, así como la agresividad del angiosarcoma, ¿Por que no la emplearon en las anteriores intervenciones, para evitar retrasos en los retrasos burocráticos entre cada una de ellas ?.



Lo cierto es que nunca lo supimos. Solo pudimos sospecharlo. Pero no vamos ahora a hablar de sospechas.


Una vez más fueron necesarios nuevos estudios de extensión, para conocer el grado de afectaciòn. Entre ellos se realizó, como venía siendo habitual, un TAC de craneo y cuello que, como en ocasiones anteriores, no descubrió el mas mínimo signo tumoral, como puede verse siguiente transcripciòn del informe correspondiente :


" TAC DE CRANEO


Técnica :


Se han realizado cortes axiales de 2,5mm. de grosor en la fosa posterior, y cortes de 5 mm. de grosor en el compartimento supratentorial, empleando técnica multicorte, tras la inyecciòn de contraste endovenoso.


Hallazgos :


Cambios postquirúrgicos en tejidos blandos de región retroauricular y occipital izquierda, sin alteraciones visibles en la calota craneal. No se ven masas que sugieran recidiva local del tumor.


Ambas mastoides y cavidades timpánicas se ven bien neumatizadas.


No se observan imágenes patológicas en el tronco cerebral o el cerebelo. El cuarto ventrículo y las cisternas de la base del cráneo son de morfología y tamaño normales.


En el compartimento supratentorial, se observan signos de leve atrofia cortico-subcortical, normales a la edad del paciente, con ligero aumento del tamaño ventricular y ensanchamiento de las cisuras y de algunos surcos de forma bilateral y simétrica. No se ven imágenes patológicas en el cortex ni en la sustancia blanca de los hemisferios.Orbitas y senos paranasales sin anormalidades significativas.


TAC DE CUELLO


Técnica :


Se han realizado cortes axiales de 2,5mm. de grososr desde el agujero occipital hasta la unión cérvico-torácica, empleando técnica multicorte, durante la inyección dinámica de contraste endovenoso.


Hallazgos :


Cambios postquirúrgicos en tejidos blandos de regiòn retro-auricular y occipital izquierda ya comentados.


No se ven anormalidades óseas en la base craneal ni en la mandibular.


Glándulas parotidas y submandibulares normales simétricas.


Luz de faringe, laringe y traquea sin anormalidades.


No se ven adenopatías submandibulares o latero-cervicales de tamaño significativo.
Glándula tiroides normal.


Vértices pulmonares sin imágenes patológicas.


Ateromatosis calcificada en cayado y aorta descendente. Se ha revisado la exploraciòn previa de fecha 16-10-2008, aportada por el paciente, no apreciándose cambios significativos. "
   
El 16 de febrero de 2009 , el paciente ingresaba, una vez más para ser operado el 20 del mismo mes.Tras una nueva intervención, el doctor nos informaba de que había realizado una amplia exeresis, de la zona submandibular izquierda, que había afectado a parte del músculo platisma, cubriendo provisionalmente la herida con un injerto artificial . Once días mas tarde, se recibía en el servicio de cirugía plástica, el informe anatomopatológico del tejido extirpado, realizado el 2 de marzo de 2009, que decía lo siguiente :


" DATOS CLINICOS :


Angiosarcoma cervical izquierdo inervenido con margen de resecciòn afecto.


DESCRIPCION MACROSCOPICA :


Dos frascos numerados:


1º .- Fragmento elíptico de peil y tejido subcutaneo de 18 x 5,4 cm. y 2 cm. de espesor máximo marcado con sedas. Presenta en su superficie múltiples nódulos de coloración oscura, el mayor de ellos de 0,6 cm. que no parece conectar con márgenes de resección.


2º .- Fragmento irregular de tejido de aspecto fibroadiposo de 1,7 x 1,4 x 0,7 cm


DIAGNOSTICO :


1º.- PIEL, TEJIDO SUBCUTANEO Y MUSCULAR CON ANGIOSARCOMA MULTIFOCAL QUE ALCANZA MARGEN LATERAL Y BASAL DE RESECCIÓN; CAMBIOS POSTQUIRURGICOS.


2º.- FRAGMENTO DE TEJIDO SUBCUTANEO SIN AFECTACION NEOPLASCICA.


Nota:


Se comprueba en este caso el comportamiento habitual de los angiosarcomas cutáneos con recidivas frecuntres y múltiples; cinco en este paciente. El caracter multifocal en forma de pequeñas masas tumorales, la afectaciòn en profundidad y el campo quirúrgico modificado por las intervenciones previas explica la no delimitación clínica de la extensiòn real del tumor; por lo que es lógico que en la pieza hayamos evidenciado afectación de los márgenes quirúrgicos. Esta situación muy probablemente se va a producir en nuevas intervenciones. "



Viendo el contenido de la novedosa nota final del informe anatomopatológico y la ausencia de notas semejantes en los informes anteriores, daba toda la impresión de haber sido solicitada por el propio servcio de cirugía plástica, como justificaciòn para abortar cualquier otra petición de nuevas intervenciones quirúrgicas, por nuestra parte .


Fuera como fuese, en vista del escaso éxito obtenido tras las múltiples intervenciones anteriores, y la afectaciòn, en esta última del músculo platisma que originó que el paciente no pudiese controlar normalmente el movimiento de apertura y cierre de la boca y que la comisura izquierda de la misma apareciese caida respecto a la derecha, empezabámos a pensar en desistir de nuevas intervenciones quirúgicas, en caso de recidiva, a menos de que nos diesen ciertas garantías de éxito; cosa, por otra parte, harto improbable.


Ese mismo día fuimos informados del resultado del informe anatomo-patológico, por el Jefe del Servicio de cirugía plástica y citados para el día siguiente en que habría una nueva reunión del comité de tumores, con doctores del servicio de oncología radioterápica para, reunidos en sesiòn clínica, decidir la actuación a seguir, e infomarnos, posteriormente, sobre lo allí decidido.


Aquella información nos cayó como un jarro de agua fría a quien está constipado , pués teníamos alguna esperanza de que esta vez fuese la definitiva , y por otro lado temíamos que si la afectación de márgenes persistía, no fuese posible o aconsejable una nueva intervención, dados los riesgos existentes al aproximarse a zonas cercanas a ramas del nervio facial y ganglios linfáticos, y las dudas de que una nueva operaciòn pudiera resultar exitosa en cuanto a la erradicaci. Todo ello, unido a nuestras, cada vez mayores, dudas sobre las posibilidades de erradicar definitivamente el angiosarcoma mediante la técnica quirúrgica empleada hasta entonces. Además, en ésta ocasión el paciente, dada la zona extirpada, se encontraba mas molesto que en otras ocasiones y desanimado, ante los reiterados fracasos y a que cada vez era mas consciente de la gravedad de su dolencia; hasta el punto de llegar a preguntar a los doctores, cuanto le quedaba de vida; algo que, pudiera haber pensado en algún momento, pero que, hasta ahora, nunca había planteado, de manera tan abierta y directa.


Cuando concluyó la reuniòn de la sesión clínica, el jefe del servicio de cirugía plástica nos invitó a pasar a su despacho, donde con cara de circunstancias nos informó que allí terminaban sus servicios, en cuanto no era posible ni recomendable una nueva intervención quirúrgica, ni tampoco la aplicación de nuevas sesiones de radioterapia, por haberle sido aplicada, en el anterior ciclo de sesiones, la máxima dosis recomedable ; Ello significaba que cuando recibiese el alta hospitalaria, días mas tarde, quedaría en las exclusivas "manos del Dios", sin ayuda ninguna del Servicio de Salud. El doctor no empleó esa palabra, pero fué lo que diò a entender, con cara de circunstancias, al tiempo que se disculpaba por no haber podido erradicar el angiosarcoma definitivamente . No obstante nos informó que acabados sus servicios, nos derivarían al servicio de oncología radioterápica, para que nos explicasen personalmente, las razones por las que tampoco era recomendable la radioterapia. Ese mismo día, con la moral por los suelos, bajamos al servicio de ondcología radioterápica, donde el segundo jefe del servicio, tambien con cara de circunstancias, o lo que es lo mismo, de impotencia, nos informó en el mismo sentido que ya había hecho el jefe de cirugía plástica.


Con la información que previamene habíamos obtenido en las consultas privadas efectuadas, y visto el resultado obtenido hasta el momento, decidimos aceptar, sin protesta alguna, el final del tratamiento seguido en la sanidad pública.


Aunque, inconscientemente sabíamos que aquella situación podía llegar, nunca la habíamos contemplado como posible, en cuanto que a pesar de las deficiencias médicas que hemos ido apuntando a lo largo de las entradas anteriores, teníamos confianza en que la cirugía finalmente pudiera acabar con el angiosarcoma. No fué así. Y aunque entendimos las razones que nos dió el doctor, con las que llegado ese momento, no nos quedó mas remedio que estar de acuerdo, en cuanto nos parecía dificilmente asumible y arriesgada una nueva intervenciòn sin garantías, nos costaba creer que, después de los errores de diagnóstico y del retraso en el inicio del tratamiento quirúrgico, y el inadecuado abordaje de este, no hubiera nada mas que la ciencia pudiese hacer y que todo quedase a partir de ese momento en las exclusivas manos del Altìsimo. Y la impotencia se transformaba en rabia cuando pensábamos en el cúmulo de circunstancias ya relatadas que nos había llevado a esa situación, y en como le contaríamos al paciente la nueva y desoladora situaciòn en que se encontraba.

En principio decidimos ocultarle el resultado, intentando ganar algún tiempo, hasta ver que se nos ocurría; pues, confiados en la ciencia y la técnica oficiales, nos habíamos quedado sin recursos alternativos, y no sabíamos muy bien que hacer.


Así nos quedamos en espera de que el paciente recibiera la definitiva alta hospitalaria que llegaría el 16 de marzo de 2009 .


El informe de alta, y en este caso tambien informe final, decía lo siguiente :


"ANTECEDENTES PERSONALES :


Infarto agudo de miocardio. Toma AAS. Hernia de hiato. Intervenido de cataratas. No alergias medicamentosas conocidas.


ENFERMEDAD ACTUAL :


Paciente intervenido en varias ocasiones en nuestro Servicio, a donde acudió por presentar tumoraciòn retroauricular izquierda de características clinicas de Ca. basocelular quístico ( 1ª intervenciòn 8/06/2007), con resultado de AP de angiosarcoma que afecta a un margen lateral de resección) . Por este motivo es reintervenido con fecha 3/6/07 ( Sic ) siendo el resultado anatomopatológico de Angiosarcoma que contacta con borde superior de reseccion. Ante este resultado vuelve a intervenirse en noviembre de 2007 con idéntico resultado anatomopatológico ( Angiosarcoma con afectación de márgenes quirúrgicos ) . Ante esta situacion, el paciente es visto por los oncólogos radioterapeutas que dedicen tto. radioterápico, siendo previamente descartada la extensiòn tumoral en el estudio de extensiòn del mismo. El tto. termina en Febrero de 2008 y el paciente no vuelve a contactar por nosotros hasta que aparece una nueva recidiva local que de nuevo es abordada quirúrgicamente con fecha 27/11/2008.en dicha intervención se realiza una nueva exéresis de la lesiòn con margen de seguridad y el resultado anatomopatològico vuelve a decirnos angiossrcoma que afecta a un margen lateral de resecciòn. Se decide, por tanto, una exéresis con margen de seguridad extremo que se lleva a cabo el 20/02/2009.


JUICIO DIAGNOSTICO :


Angiosarcoma


INTERVENCION QUIRURGICA :

Con fecha 20/02/2009, bajo anestesia local y sedaciòn, Dr.......... le realiza exéresis con margen muy amplio de resección dejando cruenta la zona intervenida en espera de anatomía patológica.
El resultado vuelve a ser angiosarcoma multifocal que alcanza márgenes de resección ( Se adjunta informe anatomopatológico ) . Con fecha 5/03/2009 es injertado bajo anestesia geneal por Dr.....


EVOLUCION :


Ante el cuadro descrito se decide comentar el caso en el comité de tumores de cabeza y cuello de nuestro hospital lo que se hace con fecha 11/3/2009, donde se decide nuevo tto. radioterápico y que al alta del enfermo se le remita a la consulta de oncologìa radioterápica para el mismo. Deberá además acudir a la Consulta Externa de Cirugía Plástica para revisión y curas.


Tratamiento
- Realizar curas con betadine-
- Seguir su medicaciòn domiciliaria habitual


A pesar de lo que puede leerse en el informe de alta, el segundo tratamiento radioterápico estaba contraindicado, según nos había informado primero el Jefe de Cirugía Plastica y después el Segundo Jefe de Oncología radioterápica. A pesar de lo cual, inexplicablemente consta en el informe.



Por supuesto, que dicho tratamiento radioterápico nunca llegó a efectuarse.


Allí terminaba el via crucis y comenzaba el camino hacia el infierno. O al menos así lo veíamos nosotros.

viernes, 25 de marzo de 2011

EL VIA CRUCIS : SEXTA ESTACION

Un poco hartos de la metodología seguida hasta el momento, en cuanto no se obtenían los resultados esperados con la cirugía, en esta ocasión, aprovechando el intervalo de tiempo que normalmente se producía desde que se iniciaban los trámites de las intervenciones quirúrgicas, hasta el efectivo ingreso hospitalario para llevarlas a cabo, optamos por realizar, previamente, una consulta oncológica en una de las clínicas privadas mas afamadas de la capital de España en esta materia, e internacionalmente renombrada, a fin de obtener la máxima información posible sobre las muchas dudas que teníamos y sobre las distintas posibilidades u opciones terapeúticas existentes y aplicables al angiosarcoma . Tras un primer contacto telefónico en el que nos informaron del importe de la consulta que ascendía a 500 Euros, y aunque nos parecía excesiva esa cantidad para una consulta, decidimos gastarnos esa cantidad, en la confianza de que, al menos, podríamos obtener la máxima informaciòn, sobre posibles tratamientos y posibilidades de curaciòn, e incluso la posibilidad de intervenir en alguno de los ensayos clínicos, que en dicho centro sanitario se estaban llevando a cabo. Tal como nos pidieron, enviamos por fax previamente, todo el historial clínico que anteriormente habíamos solcitado en nuestro hospital, para que el doctor que iba a atendernos se documentase previamente, y días mas tarde acudimos con el paciente a la cita que nos habían facilitado. Tras llegar y hablar con la persona con quien habíamos contactado telefónicamente, nos sorprendió el hecho de que antes del inicio de la consulta tuviésemos que abonar la totalidad de la misma. Protestamos de forma correcta, porque nadie nos había advertido, y porque nos parecía una norma atípica, pero ante la insistencia de que eran las normas del centro, y el hecho de que nos hubieramos desplazado expresamente con tal fin, optamos por aceptar y efectuar el pago, previa obtención de un recibo. Al solicitar una factura en regla, nos dijeron que una vez concluida nuestra visita al centro nos la proporcionarían por el total importe de gasto que hubieramos efectuado, dado que podrian resultar necesarios, bien algún tipo de prueba, o incluso alguna otra consulta con otros especialistas, tales como cirugía, otorrino etc , dada la zona donde se ubicaba la tumoraciòn. Nuevamente protestamos, por el hecho de que entendíamos que en el elevado importe de la consulta debería ir incluida la información integral sobre el motivo de la misma. Pero nuevamente terminamos por mordernos la lengua, en cuanto que una vez desplazados hasta allí no podíamos permitirnos regresar como habíamos venido, por una mera disputa de caracter económico. Aquello estaba claro que, ante todo, era un negocio y que nosotros constituíamos la parte mas débil en el mismo. Nos indicaron una sala de espera, y media hora mas tarde éramos llamados para la visita al oncólogo; que en este caso resultó ser oncóloga. He de confesar que la entrevista nos decepcionó. En primer lugar, porque comprobamos que a pesar de habernos solicitado el anticipo del historial clínico 3 días antes, la doctora aún no lo había leido; lo que a su vez indicaba que no había realizado ningún estudio previo personalizado del caso, sino que iba a improvisar sobre la marcha y tratar el asunto como uno más dentro de su rutina. Y en segundo lugar porque tal vez, la fama del Centro, nos había hecho, ingénuamente, elevar demasiado las expectativas. Lo cierto es que la entrevista se desarrolló sin prisas, y que pudimos realizar todas las preguntas que quisimos para aclarar nuestras muchas dudas, a las que la doctora respondió de forma clara. Sin embargo tambien es cierto que salimos de la consulta poco menos que como habíamos entrado, en cuanto a nuevas posibilidades de tratamiento efectivo; pues descartada el tratamiento radioterápico, como consecuencia de la alta dosis de radiaciòn previa recibida, que no admitía un nuevo tratamiemiento radioterápico, descartó igualmente la posibilidad de quimioterapia; en cuanto, según nos dijo, no se conocía ningún tratamiento que pudiese proporcionar una mínima garantía de curación; a lo que había que añadir, que dada la edad del paciente no resultaba recomendable por los serios efectos secundarios de este tipo de tratamientos, cuyas mínimas posibilidades de éxito, no justificaban el riesgo, que superaba con creces los previsibles beneficios. Y lo mismo ocurrió con la posibilidad de participar en algún tipo de ensayo clínico que estuviese realizando el Centro en ese momento, en cuanto a que no había ninguno en marcha aplicable al angiosarcoma, que como nos explicó era un raro tumor, sobre el que había muy poca información que permitiera un tratamiento que pudiera proporcionar ciertas garantías de sobrevida. Finalmente, tras descartar la radioterapia, nos confirmó que la única opción viable era agotar las posibilidades de la cirugía, en cuanto entendía que, además de la alta dosis ya recibida anteriormente, la radioterapia no estaba claramente indicada; aún cuando reconocía, que la cuestión no era pacífica, al existír al respecto opiniones contradictorias entre los oncólogos. Ante tal recomendación le indicamos que la cirugía nos había resultado hasta el momento infructuosa debido, a nuestro juicio, por una parte, a la metodología seguida en las distintas intervenciones quirúgicas y por otra al tiempo que tardaba en conocerse el resultado del informe anatomopatológico y en consecuencia al tiempo que transcurría entre una y otra intervención . Por tal motivo le preguntamos si había alguna técnica quirúrgica que permitiese un examen anatomopatológico intraoperatorio para poder, durante la misma intervenciòn ir ampliando los márgenes, en funciòn de los resultados de dicho examen, hasta el límite que la cirugía permitiese y hasta el momento en que pudiese comprobarse que los márgenes de las resecciones no resultasen afectados. Ante dicha pregunta y ante las dificultades de una respuesta correcta sobre un tema no correspondiente a su especialidad, y teniendo en cuenta, asimismo, lo delicado de la zona afectada por la tumoraciòn, nos sugiriò ampliar la consulta con el servicio de cirugía plástica, asì como con el de otorrinolaringología del propio Centro. Le preguntamos si dicha consulta estaría incluida en el importe ya abonado; a lo que nos contestó que creía que eran independientes, pero que ese detalle deberíamos consultarlo previamente con el servicio de Administracòn del Centro, y que en caso de que aceptásemos esa opción ella se encargaría de coordinar la entrevista con los doctores correspondientes para que pudieran antendernos en la misma mañana. Salimos para consultar con la Administración y una vez allí nos dijeron que dicha consulta, por tratarse de una segunda consulta costaría únicamente 200 Euros, salvo que hubiese que realizar algún tipo de prueba, en cuyo caso se facturaría aparte. Nos pareció caro; pero habíamos ido hasta allí para intentar buscar soluciones nuevas y útiles, y decidimos aceptar . Así que tras pasar nuevamente por caja, esperamos en la sala de espera correspondiente a que el cirujano plástico y el otorrino asignados para la consulta terminasen con los pacientes que tenía cita previa. Cuando llegó el momento, tras hora y media de espera, pasamos al despacho del cirujano plástico, de unos 40 años y gran reputación profesional, quien tras consultar el historial y realizar al paciente numerosas preguntas, nos explicó su punto de vista en cuanto a la mejor forma en que entendía podía abordarse la intervención quirúrgica con mayores posibilidades de éxito. Nos explicó que lo mas recomendable, dadas las características del tumor y las pasadas experiencias quirúrgicas, sería hacer una amplia resección con cirugía Microgrfáfica de Mohs y reconstrucción, mediante colgajo ( 1 ) obtenido de la zona dorsal . No obstante, dada la zona a la que podría afectar, solicitó la presencia del otorrino, para que evaluar conjuntamente la intervención planteadea. El otorrino acudió inmediatamente y tras breve discusión entre ambos doctores, sobre algunos detalles técnicos, prestó su conformidad a dicha forma de abordaje del problema. Llegados a este punto, preguntamos por , las expectativas de curación, los riesgos de la operaciòn, el coste de la misma, el momento en que podría llevarse a cabo, en caso de que aceptásemos y la previsible duraciòn del periodo postoperatorio hospitalario en condiciones normales. Respecto a lo primero, solo pudieron asegurarnos que las expectativas de curación empleando la técnica de Mohs, serían superiores a las del empleo de la técnica tradicional empleada hasta el momento. En cuanto a los riesgos de la operaciòn, nos informaron que serían semejantes a los soportados en anteriores intervenciones, ya que la operación habría de hacerse con anestesia general, si bien, a su vez, estaría en función de la cantidad de tejido que finalmente hubiera que extirpar y restaurar, lo que era imposible conocer a priori. Y en cuanto al precio de la operación nos dijeron que no podrían establecerlo ellos, sino la administración del centro, en función de las características detalladas de la operación que ellos le facilitasen; donde se incluiría el tiempo de quirófano empleado, el tipo de anestesia, el número y tipo de profesionales intervninientes, el tiempo mínimo de hospitalizacion previsible, que se estimaba de cinco días y de otras circunstancias de dificil evaluaciòn en ese momento. Todo lo cual podría variar, al alza, en función del desarrollo concreto de la intervenciòn; por lo que el presupuesto, a facilitar sería un presupuesto mínimo, abierto en funciòn de circunstancias de dificil previsión que podrían presentarse, principalmente, durante la operaciòn o incluso durante el periodo postoperatorio. Para reducir al máximo el presupuesto preveían un periodo mìnimo de hospitalizaciòn de 5 días, con curas diarias, posteriores al alta hospitalaria, a efectuar en el mismo centro durante al menos otros diez días. Por último, en cuanto al momento en que podría llevarse a efecto la operación, nos dijeron que tardarían no mas de una semana, aproximadamente, desde que aceptásemos el presupuesto, que habría de ser pagado, al igual que la consulta por anticipado; con independencia de que posteriormente pagasemos los extras que pudieran surgir durante o tras la operaciòn. A pesar de que el planteamiento no nos parecía excesivamente atractivo, decidimos solicitar el presupuesto, con las indicaciones que ambos doctores establecieron y facilitaron a la administración del Centro. Una hora mas tarde, y después que hubieramos comido en el bar-restaurante del mismo Centro hospitalario, recibimos el presupuesto, que ascendía a algo más de 30.000 Euros. Valorando expectativas, riesgos y costes, decidimos no aceptar el presupuesto y probar suerte una vez más en el servicio de cirugía plástica del Hospital Provincial que hasta el momento había venido realizando las operaciones, tratando de que utilizasen la técnica qurúrgica de Mohs; a cuyo fin solicitamos una cita con el Jefe del Servicio de Cirugía plástica para insistirle en este punto. Cuando le planteamos semejantes posibilidad nos dijo que dicha técnica era excesivamente costosa para los resultados que podrían obtenerse de la misma y que por tanto seguirían empleando la técnica tradicional, dado que las zonas a resecar se encontraban en las zonas injertadas ubicadas en el lecho de las intervenciones quirúrgicas anteriores y por tanto perfectamente localizado. No nos convenciò. Pero , una vez mas no tuvimos mas remedio que aceptar lo que nos proponía, ya que,como no titulados en medicina ni especialistas en cirugía , carecíamos de autoridad científica y técnica para rebatir sus opiniones y puntos de vista médicos. Así que, el día 24 de Noviembre de 2008 , el paciente ingresaba nuevamente en el Servicio de Cirugía Plástica, para realizar su cuarta intervención quirúrgica, que se llevaría a efecto el día 27 . El motivo, según la exploracion física " NODULOS EN ZONA DE INJERTO PREVIO Y MARGENES LATERALES COMPATIBLES CON RECIDIVA LOCAL. NO ADENOPATIAS LOCO REGIONALES PALPABLES"; consistiendo la intervenciòn en "EXERESIS AMPLIA QUE INCLUYE LESIONES Y MARGEN DE SEGURIDAD INJERTO CUTANEO . La estancia hospitalaria, fué una repetición de las anteriores : Fria y aséptica profesionalidad del cuadro médico, a quienes había que extraer la información, poco menos que con ayuda de forceps; profesionalidad, simpaptía y calidad humana en el trato por parte del resto del personal; y, una vez más, mucha suerte con el compañero de cama; lo que, junto con la buena evolución de cicatrización del injerto, que en ningún momento originó el mas mínimo problema, permitiò hacer la estancia relativamente llevadera . Una vez más la intervención quirúrgica, realizada, en esta ocasiòn con anestesia general, resultó, un éxito desde el punto de vista quirúrgico, pero un nuevo fracaso, desde el punto de vista oncológico; ya que tras el estudio anatomopatológico del tejido extirpado, que en esta ocasión, por primera vez, aparecía recogido en el propio informe de alta hospitalaria, el correspondiente informe recogía básicamente lo siguiente : En el apartado de "Datos clínicos" de dicho informe se recogía "RECIDIVA DE ANGIOSARCOMA RETROAURICULAR IZQUIERDO QUE PRESENTA 2 LESIONES : NODULAR Y ULCERADA . Juicio clínico : RECIDIVA DE ANGIOSARCOMA";, y en el de "descripción macroscópica" : " FRAGMENTO IRREGULAR DE PIEL DE 9,5 X 3,7 CM CON UN ESPESOR EN PROFUNDIDAD DE 3,2 CM, QUE MUESTRA EN SU SUPERFICIE UNA LESIÓN ULCERADA DE 1,3 CM DE DIAMETRO MÁXIMO Y OTRA NODULAR DE 1 CM, QUE NO PARECE CONTACTAR CON BORDES QUIRÚRGICOS DE RESECCIÓN". Sin embargo, en el apartado del "diagnóstico" , se informaba del siguiente resultado :" PIEL Y TEJIDO MUSCULAR . RECIDIVA DE ANGIOSARCOMA QUE AFECTA PIEL Y TEJIDO SUBCUTANEOS ALCANZANDO MARGEN LATERAL DE RESECCION". Una vez más los márgenes de la resecciòn resultaban afectados por el angisarcoma; lo que implicaba que el mismo seguía "vivo", comprometiendo con ello la propia vida del paciente. A la vista del resultado de dicho informe, tras el alta hospitalaria, que tendría lugar el día 9 de diciembre de 2008, se acordó : "SEGUIMIENTO ESTRICTO DEL PACIENTE EN LA CONSULTA EXTERNA DE CIRUGÍA PLÁSTICA", quedando el paciente citado para una primera revisión, el 18 de ese mismo més, y prescribiendo mientras tanto "CURA LOCAL: BETADINE EN BORDES Y FURACIN EN INJERTO.RETIRADA DE GRAPAS EN CENTRO DE SALUD" A los diez días de la última revisión observamos nuevamente cambios visibles de coloración y aspecto en uno de los márgenes de la resecciòn, por lo que acudimos inmediatamente al servicio de consultas externas del Servicio de Cirugía Plástica , donde tras observarlo el doctor que ese día se encontraba atendiendo las consultas, decidió iniciar los trámites para programar una nueva intervención. Una vez más parecía evidente que a pesar de haber recorrido tanto camino, nos encontrábamos prácticamente en el mismo sitio, en cuanto el paciente aún seguía a cuestas con su angiosarcoma, y soportando sobre su cabeza la pesada y peligrosa carga.

sábado, 19 de febrero de 2011

EL VIACRUCIS : QUINTA ESTACION


El mismo día en que el Jefe del Servicio Cirugía Plástica nos comunicó el resultado del estudio anatomopatológico y el acuerdo de la Comisiòn conjunta de dicho Servicio y del de Oncología Radioterápica, por el que decidían derivar al paciente a éste último Servicio, para continuar el tratamiento, nos dirigimos a la Secretaría del mismo para iniciar el trámite correspondiente.

Una vez explicada la situación a la funcionaria de la ventanilla del Servicio y tras esperar unos tres cuartos de hora, fuimos invitados a pasar al despacho del doctor que nos había sido asignado; que en este caso, resultó una doctora.

La doctora una joven de aparentando poco más de treinta años, nos atendiò con una amabilidad y delicadeza, hasta entonces desconocida, explicándonos con detalle, en que consistiría el tratamiento radioterápico, sus riesgos, y los posibles efectos secundarios que podíamos esperar, así como las posibles formas de minimizar unos y otras; asimismo respondiò a nuestras preguntas sobre las posibilidades de curación tras el tratamiento; si bien,en este último punto, resultó mas vacilante, aunque si nos aclaró que, aunque no existía garantía alguna de curación, la radioterapia, constituía, después de la cirugía, la segunda indicaciòn terapéutica y que, a pesar de la dureza del tratamiento, resultaba conveniente intentarlo, pués no existía otra opción válida; ya que la quimioterapia, tanto por la edad del paciente, como por el tipo de tumor, no resultaba recomendable, al no conocerse ningún medicamente específico eficaz para el mismo.

Ante tan negro panorama decidimos probar suerte en la ruleta radioterápica; especialmente teniendo en cuenta que el paciente, a pesar de todo, se encontraba, físicamente, con fuerzas, y psicológicamene animado y que no conocíamos otra opción en ese momento. Además las explicaciones de la doctora y su trato amable y distendido, nos infundió confianza e inyectó una cierta dosis de moderado optimismo. Pues para esa fecha y después de todas las pasadas experiencias nuestra percepción del problema había ido cambiando de tono, pasando del color mas o menos rosa a un gris bastante oscuro.

Cuando le preguntamos, cuando podría empezar el tratamiento, no nos dió fecha en ese momento, alegando que antes sería preciso hacer un un estudio para determinar la zona exacta a tratar y su profundidad, junto con una previa simulación por ordenador para determinar la dosis de radiaciòn a aplicar; así como preparar la máscara que dejaría expuesta únicamente el área a tratar y protegería las restantes zonas adyacentes. A pesar de esa falta de concrecciòn, se comprometió a intentar que fuese lo antes posible, ya que era consciente de la agresividad del angiosarcoma y, probablemente tambien, teniendo en cuenta que, al principio de la entrevista, le habíamos comentado de nuestros malestar por los retrasos y fallos que habíamos detectado tanto en el diagnóstico como en las distintas intervenciones quirúrgicas, que entendíamos habían contribuido a que nos encontrásemos en la situaciòn actual.

A pesar de ello, y de su buena voluntad, que nos consta, el tratamimento efectivo, una vez realizadas todas las pruebas y ensayos preliminares, no fué posible iniciarlo hasta el día 18 de diciembre de ese mismo año 2007. Parecía claro que esa Navidad el paciente tendría que comerse el turrón con la cabeza chamuscada. Aún cuando pensábamos que eso carecía de importancia si con ello conseguíamos acabar con el problema.

Dada la agresividad del tratamiento radioterápico que el paciente iba a comenzar, y mientras transcurría el tiempo para su inicio, decidimos efectuar, al margen de la Seguridad Social, una segunda consuolta sobre la conveniencia del tratamiento propuesto y, en su caso la posibilidad de considerar otro tratamiento mas efectivo y menos agresivo.

Tras concertar una cita con el servicio de oncología de una de las clínicas privadas mas prestigiosas existentes en la provincia, la doctora que nos atendió, tras el estudio de todos los antecedentes y la realizaciòn de un TAC, nos informó que la opción radioterápica, a pesar de no proporcionar garantías de curaciòn, resultaba la mas indicada, descartando igualmente cualquier opción quimioterápica, al no concerse ningúna medicación de ese tipo indicada en el caso de angiosarcoma.

Con semejante información no nos quedaba mas remedio, si es que así podía llamarse, que la radioterapia. Y a Santa Radioterapia nos encomendamos.

Llegado el día 18 de diciembre, tras haber pasado previamente por todas las fases de preparación, llegamos con el paciente a la sala de espera del servicio de oncología radioterápica, donde ya se encontraban esperando otros pacientes; la mayoría de ellos junto a sus familiares.
Lo primero que nos sorprendió, fué el buen ambiente que nos encontramos, y la buena acogida recibida, tanto por los pacientes que esperaban como por el personal sanitario encargado de su tratamiento .

La sala de espera consistía en una larga sala rectangular con sillones adosados contra las dos paredes mas largas, separados por un pasillo de escasos dos metros de ancho; en uno de cuyos extremos se situaba la puerta de acceso a la sala de espera y en el otro, la puerta donde se ubicaba la sala de tratamiento; de la cual, cada cierto tiempo, salía una enfermera o enfermero, para anunciar el próximo paciente al que había llegado el turno de ser tratado, conforme al programa de citas previamente concertadas .

Cuando esperábamos encontrarnos una sala con pacientes semi-moribundos, deprimidos o sumidos en el dolor y la desesperanza, nos sorpendió ver el increible buen estado de ánimo de la mayoría de los allí presentes, a pesar de sus graves dolencias, del tiempo que llevaban en tratamiento radioterápico y de las secuelas que este iba dejando en alguno de ellos; de los cuales incluso mas de uno se encontraban compatibilizado aquel con quimioterapia.

Allí cada uno hablaba de sus males , tratamientos y experiencias con total naturalidad; bromeando, e incluso riendo las bromas, sin traslucir en ningún momento que se encontrasen en la antesala de la muerte. Casi todos irradiaban un espíritu positivo y de lucha que invitaba a la esperanza y que ayudó a relajar la que habíamos presagiado tensa espera del primer día.

Tras la entrada y posterior salida de varios pacientes llegó el turno al nuestro, al que su hija despidió, antes de desaparecer tras la puerta de la sala de tratamiento, tan efusivamente, como si se tratase de un gladiador que iba a enfrentarse a un peligroso enemigo, y al que corría el riesgo de no volver a ver .

Unos quince minutos mas tarde, aproximadamente, el paciente volvía a aparecer por la puerta donde había entrada, sonriente, como si nada hubiera pasado, y mostrando únicamente un ligero enrojecimiento en la zona radiada semejante al obtenido con una moderada esposición al sol.

Le preguntamos, curiosos, como había ido todo, y nos explicó que tras quitarle todos los objetos metálicos que llevaba, le colocaron la máscara protectora con la que en días anteriores habían realizado la simulación , sobre unos puntos previamente tatuados sobre la cara con el fin de no variar su posiciòn durante todo el tratamiento, y lo introdujeron en una especie de bunker aislado, comunicado por un interfono y visible a través de un cristal fijo, al tiempo que lo inmovilizaban para que la radiación aplicada incidiese exactamente en la zona programada.
Y así durante 33 sesiones, 5 días a la semana, con algún pequeño descanso añadido motivado, por las fiestas navideñas y por la avería que en una ocasiòn sufrió el aparato, y que obligó a suspender tratamientos hasta su reparaciòn; con lo que el mismo finalizó el 4 de febrero de 2008, recibiendo una dosis total de 65 Grays.

A pesar de los riesgos acerca de las posibles efectos secundarios del tratamiento radioterápico, sobre los cuales ya habiamos sido advertidos, todo fué mas o menos bien durante las 20 primeras sesiones. Después de cada sesión y varias veces al día el paciente se hidrataba y trataba el efecto de las radiaciones con el uso de una crema, a base de urea ( Ureadin ) o de aloe, tal como le había sido recomendado por los doctores;a pesar de lo cual resultaba prácticamente imposible evitar que la zona radiada se fuera enrojeciendo cada vez más, y en particular toda la fina capa de piel injertada. Durante las tres últimas semanas de tratamiento el paciente esperaba la llegada del viernes con la cabeza ardiendo, como el boxeador sonado que espera el sonido salvador de la campana, anunciando el final del asalto. Tras el descanso del fin de semana, la piel, ligeramente recuperada, volvía a ser bombardeada con nuevas dosis de radiación que se acumulaba con la ya recibida anteriormente. Al final, con la cabeza medio desollada y parte del pelo adyacente a la zona radiada perdido, el paciente pudo descansar de aquella tortura que supuestamente iba a salvarle la vida.Pero no fué así; como comprobaríamos, tristemente, algún tiempo después.

Una vez concluido el tratamiento radioterápico programado y dadas, por la doctora que hacía el seguimiento, las instrucciones para el tratamiento posterior de la epitelitis G 2 que afectaba a la zona radiada, se fijó un control, para comprobaciòn de la evoluciòn para el 17 de mayo de ese mismo año 2008. Durante ese tiempo, la epitelitis ( enrojecimiento, inflamación y descamaciòn de la piel radiada ) fué mejorando gracias al tratamiento diario y la zona radiada , si bien a finales de abril, en el area operada, comenzamos a notar unas pequeñas zonas donde se apreciaba un ligero cambio de la coloración y aspecto de la piel, que no sabíamos si atribuir a una redidiva o a un efecto secudario de la radiación. Así que decicimos observar su evoluciòn para comentárselo posteriormente a la doctora en caso de que el problema persistiese o se incrementase.

Llegada la fecha fijada para el control, las manchas habían evolucionado muy poco, pero no desaparecían, a pesar de continuar el paciente aplicando el tratamiento prescrito . Hecho que pusimos en conocimiento del nuevo doctor que nos habían asignado, puesto que la joven doctora que nos había atendido hasta ese momento había causado baja, por embarazo, según nos dijeron.
El doctor nos dijo que, dado el estado incipiente de los pequeños cambios en la coloraciòn y aspecto de la piel observados no era posible determinar si eran debidos a una recidiva o a efectos secundarios de la radioterapia, inclinándose por esta última posibilidad, dado que era frecuente y normal semejante tipo de alteraciones tras las sesiones de radioterapia . No obstante, ante nuestra insistencia para salir de dudas sin perder mas tiempo, solicitó la realizaciòn de una radiografía de torax, TAC y una analítica de glucosa, urea, creatinina, acido úridco, calcio, fosforo, sodio, potasio y cloro, colesterol, triglicéridos, HDL, hierro, ferritina, GOT, GTP, GGT, fosfatasa alcalina, así como un hemograma; tras todo lo cual no fué observada ninguna anormalidad destacable; Todo ello, al tiempo que programaba un nuevo control para dentro de otros tres meses.

Entre tanto la evolución de las pequeñas manchas, era tan lenta , poco notoria, y tan diferente en relación con la que había mostrado e angiosarcoma en sus comienzos, que optamos por terminar creyendo la versión del doctor relativa a que no constituía otra cosa que una mero efecto secundario de la radioterapia . Supongo que en ello influyó tambien el humano deseo de creer que la pesadilla había terminado, unido al hecho de que las recidivas tras cada operación quirúrgica no tardaban mas de un més en aparecer y que además lo hacían de forma mas agresiva que la que veníamos observando en los últimos días.

No obstante iniciado el més de septiembre los cambios hasta entonces observados, comenzaron a ser mas ostensibles y rápidos, y empezamos tener la sospecha de que aquello no era lo que habíamos pensado, sino el inicio de otra recidiva. Cuando el día 24 de septiembre nos citaron en el servicio de radioterapia para la revisión trimestral, el doctor, tras explicarle como se había producido la evoluciòn solicitó una citología para células neoplásicas. Dos días después,al paciente le era realizada una biopsia para llevar a cabo el análisis anatomopatològico de la muestra obtenida, y el 20 de octubre del mismo año se nos informaba del resultado : "CITOLOGIA NEGATIVA PARA CELULAS NEOPLASICAS".

Por otra parte, al igual que la analítica realizada, el TAC realizado el 17 de octubre del mismo año resultó todo normal y en particular respecto de la zona retroauricular el informe del mismo decía : "CAMBIOS POS-TQUIRURGICOS EN LAS PARTES BLANDAS DE LA REGION RETROAURICULAR Y OCCIPITAL IZQUIERDA SIN EVIDENCIA DE MASAS DE PARTES BLANDAS QUE SUGIERAN RESTOS O RECIDIVA TUMORAL . ESTOS HALLAZGOS NO HAN SUFRIDO MANIFESTACIONES SIGNIFICATIVAS RESPECTO AL TAC PREVIO QUE SE APORTA DE FEHA 6-5-2008" .

Extrañados, y aún sabiendo que el TAC no era un instrumento suficientemente fino en nuestro caso, pues tampoco había detectado en otras ocasiones anteriores pequeñas recicivas incipientes, resultado, ante la falta de evidencia de recidiva, nos marchamos, contentos, aunque un tanto escépticos, dados los precedentes de errores que habíamos sufrido. Y razones teníamos para el escepticismo; pues a los pocos días comprobamos que la zona biopsiada no cicatrizaba, al tiempo que crecía y lejos de mejorar, su aspecto era cada día mas preocupante, por lo cual, días mas tarde volvimos nuevamente al servicio de cirugía plástica , donde se había realizado la biopsia y a la vista de la evoluciòn observada en tan breve espacio de tiempo, se decidía reintervenir nuevamente en la zona ya operada, donde habia aparecido la supuesta recidiva.

Habíamos cubierto otra estación del via crucis, pero, desgraciadamente, el camino estaba lejos de concluir .