sábado, 19 de febrero de 2011

EL VIACRUCIS : QUINTA ESTACION


El mismo día en que el Jefe del Servicio Cirugía Plástica nos comunicó el resultado del estudio anatomopatológico y el acuerdo de la Comisiòn conjunta de dicho Servicio y del de Oncología Radioterápica, por el que decidían derivar al paciente a éste último Servicio, para continuar el tratamiento, nos dirigimos a la Secretaría del mismo para iniciar el trámite correspondiente.

Una vez explicada la situación a la funcionaria de la ventanilla del Servicio y tras esperar unos tres cuartos de hora, fuimos invitados a pasar al despacho del doctor que nos había sido asignado; que en este caso, resultó una doctora.

La doctora una joven de aparentando poco más de treinta años, nos atendiò con una amabilidad y delicadeza, hasta entonces desconocida, explicándonos con detalle, en que consistiría el tratamiento radioterápico, sus riesgos, y los posibles efectos secundarios que podíamos esperar, así como las posibles formas de minimizar unos y otras; asimismo respondiò a nuestras preguntas sobre las posibilidades de curación tras el tratamiento; si bien,en este último punto, resultó mas vacilante, aunque si nos aclaró que, aunque no existía garantía alguna de curación, la radioterapia, constituía, después de la cirugía, la segunda indicaciòn terapéutica y que, a pesar de la dureza del tratamiento, resultaba conveniente intentarlo, pués no existía otra opción válida; ya que la quimioterapia, tanto por la edad del paciente, como por el tipo de tumor, no resultaba recomendable, al no conocerse ningún medicamente específico eficaz para el mismo.

Ante tan negro panorama decidimos probar suerte en la ruleta radioterápica; especialmente teniendo en cuenta que el paciente, a pesar de todo, se encontraba, físicamente, con fuerzas, y psicológicamene animado y que no conocíamos otra opción en ese momento. Además las explicaciones de la doctora y su trato amable y distendido, nos infundió confianza e inyectó una cierta dosis de moderado optimismo. Pues para esa fecha y después de todas las pasadas experiencias nuestra percepción del problema había ido cambiando de tono, pasando del color mas o menos rosa a un gris bastante oscuro.

Cuando le preguntamos, cuando podría empezar el tratamiento, no nos dió fecha en ese momento, alegando que antes sería preciso hacer un un estudio para determinar la zona exacta a tratar y su profundidad, junto con una previa simulación por ordenador para determinar la dosis de radiaciòn a aplicar; así como preparar la máscara que dejaría expuesta únicamente el área a tratar y protegería las restantes zonas adyacentes. A pesar de esa falta de concrecciòn, se comprometió a intentar que fuese lo antes posible, ya que era consciente de la agresividad del angiosarcoma y, probablemente tambien, teniendo en cuenta que, al principio de la entrevista, le habíamos comentado de nuestros malestar por los retrasos y fallos que habíamos detectado tanto en el diagnóstico como en las distintas intervenciones quirúrgicas, que entendíamos habían contribuido a que nos encontrásemos en la situaciòn actual.

A pesar de ello, y de su buena voluntad, que nos consta, el tratamimento efectivo, una vez realizadas todas las pruebas y ensayos preliminares, no fué posible iniciarlo hasta el día 18 de diciembre de ese mismo año 2007. Parecía claro que esa Navidad el paciente tendría que comerse el turrón con la cabeza chamuscada. Aún cuando pensábamos que eso carecía de importancia si con ello conseguíamos acabar con el problema.

Dada la agresividad del tratamiento radioterápico que el paciente iba a comenzar, y mientras transcurría el tiempo para su inicio, decidimos efectuar, al margen de la Seguridad Social, una segunda consuolta sobre la conveniencia del tratamiento propuesto y, en su caso la posibilidad de considerar otro tratamiento mas efectivo y menos agresivo.

Tras concertar una cita con el servicio de oncología de una de las clínicas privadas mas prestigiosas existentes en la provincia, la doctora que nos atendió, tras el estudio de todos los antecedentes y la realizaciòn de un TAC, nos informó que la opción radioterápica, a pesar de no proporcionar garantías de curaciòn, resultaba la mas indicada, descartando igualmente cualquier opción quimioterápica, al no concerse ningúna medicación de ese tipo indicada en el caso de angiosarcoma.

Con semejante información no nos quedaba mas remedio, si es que así podía llamarse, que la radioterapia. Y a Santa Radioterapia nos encomendamos.

Llegado el día 18 de diciembre, tras haber pasado previamente por todas las fases de preparación, llegamos con el paciente a la sala de espera del servicio de oncología radioterápica, donde ya se encontraban esperando otros pacientes; la mayoría de ellos junto a sus familiares.
Lo primero que nos sorprendió, fué el buen ambiente que nos encontramos, y la buena acogida recibida, tanto por los pacientes que esperaban como por el personal sanitario encargado de su tratamiento .

La sala de espera consistía en una larga sala rectangular con sillones adosados contra las dos paredes mas largas, separados por un pasillo de escasos dos metros de ancho; en uno de cuyos extremos se situaba la puerta de acceso a la sala de espera y en el otro, la puerta donde se ubicaba la sala de tratamiento; de la cual, cada cierto tiempo, salía una enfermera o enfermero, para anunciar el próximo paciente al que había llegado el turno de ser tratado, conforme al programa de citas previamente concertadas .

Cuando esperábamos encontrarnos una sala con pacientes semi-moribundos, deprimidos o sumidos en el dolor y la desesperanza, nos sorpendió ver el increible buen estado de ánimo de la mayoría de los allí presentes, a pesar de sus graves dolencias, del tiempo que llevaban en tratamiento radioterápico y de las secuelas que este iba dejando en alguno de ellos; de los cuales incluso mas de uno se encontraban compatibilizado aquel con quimioterapia.

Allí cada uno hablaba de sus males , tratamientos y experiencias con total naturalidad; bromeando, e incluso riendo las bromas, sin traslucir en ningún momento que se encontrasen en la antesala de la muerte. Casi todos irradiaban un espíritu positivo y de lucha que invitaba a la esperanza y que ayudó a relajar la que habíamos presagiado tensa espera del primer día.

Tras la entrada y posterior salida de varios pacientes llegó el turno al nuestro, al que su hija despidió, antes de desaparecer tras la puerta de la sala de tratamiento, tan efusivamente, como si se tratase de un gladiador que iba a enfrentarse a un peligroso enemigo, y al que corría el riesgo de no volver a ver .

Unos quince minutos mas tarde, aproximadamente, el paciente volvía a aparecer por la puerta donde había entrada, sonriente, como si nada hubiera pasado, y mostrando únicamente un ligero enrojecimiento en la zona radiada semejante al obtenido con una moderada esposición al sol.

Le preguntamos, curiosos, como había ido todo, y nos explicó que tras quitarle todos los objetos metálicos que llevaba, le colocaron la máscara protectora con la que en días anteriores habían realizado la simulación , sobre unos puntos previamente tatuados sobre la cara con el fin de no variar su posiciòn durante todo el tratamiento, y lo introdujeron en una especie de bunker aislado, comunicado por un interfono y visible a través de un cristal fijo, al tiempo que lo inmovilizaban para que la radiación aplicada incidiese exactamente en la zona programada.
Y así durante 33 sesiones, 5 días a la semana, con algún pequeño descanso añadido motivado, por las fiestas navideñas y por la avería que en una ocasiòn sufrió el aparato, y que obligó a suspender tratamientos hasta su reparaciòn; con lo que el mismo finalizó el 4 de febrero de 2008, recibiendo una dosis total de 65 Grays.

A pesar de los riesgos acerca de las posibles efectos secundarios del tratamiento radioterápico, sobre los cuales ya habiamos sido advertidos, todo fué mas o menos bien durante las 20 primeras sesiones. Después de cada sesión y varias veces al día el paciente se hidrataba y trataba el efecto de las radiaciones con el uso de una crema, a base de urea ( Ureadin ) o de aloe, tal como le había sido recomendado por los doctores;a pesar de lo cual resultaba prácticamente imposible evitar que la zona radiada se fuera enrojeciendo cada vez más, y en particular toda la fina capa de piel injertada. Durante las tres últimas semanas de tratamiento el paciente esperaba la llegada del viernes con la cabeza ardiendo, como el boxeador sonado que espera el sonido salvador de la campana, anunciando el final del asalto. Tras el descanso del fin de semana, la piel, ligeramente recuperada, volvía a ser bombardeada con nuevas dosis de radiación que se acumulaba con la ya recibida anteriormente. Al final, con la cabeza medio desollada y parte del pelo adyacente a la zona radiada perdido, el paciente pudo descansar de aquella tortura que supuestamente iba a salvarle la vida.Pero no fué así; como comprobaríamos, tristemente, algún tiempo después.

Una vez concluido el tratamiento radioterápico programado y dadas, por la doctora que hacía el seguimiento, las instrucciones para el tratamiento posterior de la epitelitis G 2 que afectaba a la zona radiada, se fijó un control, para comprobaciòn de la evoluciòn para el 17 de mayo de ese mismo año 2008. Durante ese tiempo, la epitelitis ( enrojecimiento, inflamación y descamaciòn de la piel radiada ) fué mejorando gracias al tratamiento diario y la zona radiada , si bien a finales de abril, en el area operada, comenzamos a notar unas pequeñas zonas donde se apreciaba un ligero cambio de la coloración y aspecto de la piel, que no sabíamos si atribuir a una redidiva o a un efecto secudario de la radiación. Así que decicimos observar su evoluciòn para comentárselo posteriormente a la doctora en caso de que el problema persistiese o se incrementase.

Llegada la fecha fijada para el control, las manchas habían evolucionado muy poco, pero no desaparecían, a pesar de continuar el paciente aplicando el tratamiento prescrito . Hecho que pusimos en conocimiento del nuevo doctor que nos habían asignado, puesto que la joven doctora que nos había atendido hasta ese momento había causado baja, por embarazo, según nos dijeron.
El doctor nos dijo que, dado el estado incipiente de los pequeños cambios en la coloraciòn y aspecto de la piel observados no era posible determinar si eran debidos a una recidiva o a efectos secundarios de la radioterapia, inclinándose por esta última posibilidad, dado que era frecuente y normal semejante tipo de alteraciones tras las sesiones de radioterapia . No obstante, ante nuestra insistencia para salir de dudas sin perder mas tiempo, solicitó la realizaciòn de una radiografía de torax, TAC y una analítica de glucosa, urea, creatinina, acido úridco, calcio, fosforo, sodio, potasio y cloro, colesterol, triglicéridos, HDL, hierro, ferritina, GOT, GTP, GGT, fosfatasa alcalina, así como un hemograma; tras todo lo cual no fué observada ninguna anormalidad destacable; Todo ello, al tiempo que programaba un nuevo control para dentro de otros tres meses.

Entre tanto la evolución de las pequeñas manchas, era tan lenta , poco notoria, y tan diferente en relación con la que había mostrado e angiosarcoma en sus comienzos, que optamos por terminar creyendo la versión del doctor relativa a que no constituía otra cosa que una mero efecto secundario de la radioterapia . Supongo que en ello influyó tambien el humano deseo de creer que la pesadilla había terminado, unido al hecho de que las recidivas tras cada operación quirúrgica no tardaban mas de un més en aparecer y que además lo hacían de forma mas agresiva que la que veníamos observando en los últimos días.

No obstante iniciado el més de septiembre los cambios hasta entonces observados, comenzaron a ser mas ostensibles y rápidos, y empezamos tener la sospecha de que aquello no era lo que habíamos pensado, sino el inicio de otra recidiva. Cuando el día 24 de septiembre nos citaron en el servicio de radioterapia para la revisión trimestral, el doctor, tras explicarle como se había producido la evoluciòn solicitó una citología para células neoplásicas. Dos días después,al paciente le era realizada una biopsia para llevar a cabo el análisis anatomopatològico de la muestra obtenida, y el 20 de octubre del mismo año se nos informaba del resultado : "CITOLOGIA NEGATIVA PARA CELULAS NEOPLASICAS".

Por otra parte, al igual que la analítica realizada, el TAC realizado el 17 de octubre del mismo año resultó todo normal y en particular respecto de la zona retroauricular el informe del mismo decía : "CAMBIOS POS-TQUIRURGICOS EN LAS PARTES BLANDAS DE LA REGION RETROAURICULAR Y OCCIPITAL IZQUIERDA SIN EVIDENCIA DE MASAS DE PARTES BLANDAS QUE SUGIERAN RESTOS O RECIDIVA TUMORAL . ESTOS HALLAZGOS NO HAN SUFRIDO MANIFESTACIONES SIGNIFICATIVAS RESPECTO AL TAC PREVIO QUE SE APORTA DE FEHA 6-5-2008" .

Extrañados, y aún sabiendo que el TAC no era un instrumento suficientemente fino en nuestro caso, pues tampoco había detectado en otras ocasiones anteriores pequeñas recicivas incipientes, resultado, ante la falta de evidencia de recidiva, nos marchamos, contentos, aunque un tanto escépticos, dados los precedentes de errores que habíamos sufrido. Y razones teníamos para el escepticismo; pues a los pocos días comprobamos que la zona biopsiada no cicatrizaba, al tiempo que crecía y lejos de mejorar, su aspecto era cada día mas preocupante, por lo cual, días mas tarde volvimos nuevamente al servicio de cirugía plástica , donde se había realizado la biopsia y a la vista de la evoluciòn observada en tan breve espacio de tiempo, se decidía reintervenir nuevamente en la zona ya operada, donde habia aparecido la supuesta recidiva.

Habíamos cubierto otra estación del via crucis, pero, desgraciadamente, el camino estaba lejos de concluir .

sábado, 1 de enero de 2011

EL VIACRUCIS: CUARTA ESTACION

En la tarde del día 8 de Noviembre de 2007 el paciente ingresaba nuevamente en el hospital para una nueva operaciòn, y a primera hora del día siguiente era intervenido, quirúrgicamente, para ampliar los márgenes de las resecciones anteriores.

Una vez más, la operación se realizó sin problema alguno y la estancia hospitalaria pasó por situaciones similares a las ya descritas en anteriores entradas.

Nuevo compañero de habitación de trato agradable. En esta ocasión se trataba de un padre de familia de unos sesenta años, que había sido operado de cancer de laringe, y que apenas se le entendía al hablar, por lo que tenía que ser traducido en muchas ocasiones por alguno de sus familiares. A pesar de ello, sabía hacerse entender con su mímica, manifestando una entereza, un optimismo y un sentido del humor admirables. De forma que lejos de resultar depresiva su compañía, era, por el contrario altamente estimulante. Y no menos simpáticos y agradables, resultaban su mujer, su hijo y sus dos hijas; estos últimos, todos, jóvenes abogados que trabajaban juntos en su propio bufete, turnándose para visitarle casi todas las tardes. En suma una familia muy unida, que afrontaba la desgracia familiar con gran espíritu deportivo, y en cuya compañía el ingreso hospitalario resultó mas fácil de soportar.

La dieta tampoco ofrecía variaciones respecto a la servida en ocasiones anteriores; dieta blanda el primer día y luego dieta sin restricciones. Y lo mismo sucedió con el trato del personal médico, en general frio , poco asequible, y parco a la hora de proporcionar informaciones. En cambio el resto del personal sanitario de la planta comenzaba a conocernos y a tratarnos como si fueramos de la familia, nos trataba, casi como tales, lo cual tambié ayudó a hacer mas humana y llevadera la estancia hospitalaria. A ello, bien es verdad, que tambien contribuyó la buena disposiciòn del paciente, quien en todo momento se encontraba ajeno a la gravedad de su dolencia, puesto que, para evitar la ansiedad habíamos procurado ocultarsela, actuando en todo momento con naturalidad y con pequeñas mentiras piadosas que, en su ignorancia, el aceptaba sin cuestionar; probablemente prefiriendo creer nuestras mentiras y mantenerse en la ingorancia, como forma de autodefensa mental frente a la realidad.

Eel día 14 del mismo mes, seis días despues de la operación, el paciente era dado de alta y el informe emitido con tal motivo decía lo siguiente :

ANTECEDENTES PERSONALES :

... " Intervenciones quirúrgicas previas: adenocarcinoma retroauricular. Angiosarcoma retroauricular.

ENFERMEDAD ACTUAL :
 
Ingresa programado de URPA, para ampliación de márgnes y reconstrucciòn quirúrgica. ( Ultima AP con diagnóstico de angiosarcoma retroauricular izquierdo, en borde superior )
 
EXPLORACION FISICA :
 
Al ingreso COC,BEG,BBHP,ICNR. Glasgow 15. Normotenso. Normocoloreado. Eutímico. Eupnéico. Anamnesis por aparatos sin hallazgos. Pruebas complementarias sin hallazgos
 
JUICIO DIAGNOSTICO :
 
ANGIOSARCOMA RETROAURICULAR IZQUIERDO.

Ampliación de márgnes.
 
INTERVENCION QUIRUGICA :

Con f echa 9/11/2007 ( Dr. ...... Dr. .......) BAG, IOT y DS, se realiza ampliacion de márgenes de cirugía previa en región auricular izquierda y cuero cabelludo. Hemostasia seleciva. Envio a AP.
Cobertua ILPH ( Zona dadora: MSI-cara lateral de brazo izqauierdo. Cura local. variohesive y vendaje compresivo. Zona receptora : Sutura metálica. Apósito atado. Cura local linitul y Furacin. Apósito compresivo.
 
EVOLUCION :
 
Satisfactoria, con injerto prendido en su totalidad, siendo dado de alta con fecha 14 de Noviembre de 2007, debiendo acudir a Consulta Externa de Cirugía Plástica el día 16/11/2007 de 9 a 11:00 h. para revisión, control y curas.
 
Varios días mas tarde, una vez más, siempre tras al alta hospitalaria, éramos informados del resultado del informe de Anatomía Patológica, que decía lo siguiente :

DATOS CLINICOS :

Angiosarcoma sobre Helix I y cuero cabelludo con contacto sobre márgenes de resección previos ( 3 informes AP. Ultimo octubre 2007 )
JC : Angiosarcoma cuero cabelludo.
Ampliación márgenes cobertura ILPH.

DESCRIPCION MACROSCOPICA :

Elipse de piel 5,1 x 3,5 x 0,0 cm. En la superficie se observan áreas pigmentadas de entre 0,4 y 0,1 cm., contactando con un área cicatricial de 1,6 cm. de longitud.

DIAGNOSTICO :

FRAGMENTO DE PIEL Y TEJIDO CELULAR SUBCUTANEO CON RECIDIVA DE ANTIOSARCOMA QUE AFECTA EXTENSAMENTE AL FRAGMENTO SUPERFICIAL, CON UN ESPESOR MAXIMO DE 4MM.EL MARGEN DE RESECCIÓN OPUESTO AL MARCADO CON HILO DE SEDA ESTA AMPLIAMENTE INFILTRADO POR LA NEOPLASIA.

Fecha de entrada : 12/11/2007
Informado : 16/11/2007

Como puede apreciarse, el informe anatomopatológico únicamente tardó cuatro días en ser informado, dos días menos de los que el paciente permaneció ingresado en el hospital. A pesar de lo cual fué dado de alta, una vez más, sin esperar al citado informe. ¿Por qué se repetía tantas veces ese perverso mecanismo, tan perjudicial para el paciente?

Sea como fuere, tras el citado informe, el servicio de Cirugía Plástica, reunido en sesiòn clínica conjunta con el Servicio de Oncología Radioterápica, acordaron no continuar con el tratamiento quirúrgico y sustituirlo por el tratamiento radioterápico .
Ese mismo día, el Jefe del Servicio de Cirugía Plástica, quien nos había citado para comunicarnos la decisiòn adoptada nos explicó las razones por las que habían decidido no continuar con la terapia quirúrgica y sustituirla por la radioterápica. Dichas razones consistían básicamente en que, dada la característica multifocal del angiosarcoma, no resultaba fácil y segura su plena extirpación quirúrgica con garantías de erradicar todos los pequeños focos satélites que salpican la zona adyacente, como hasta el momento se había demostrado. Focos que, además, por su pequeño tamaño no eran detectables en los TAC que se realizaban en los estudios de extensión previos a las intervenciones ( en aquel momento aún no se disponía de la tecnología PET en el hospital ); motivo por el que las intervenciones quirúrgicas se realizaban de una forma preferentemente intuitiva y sin certeza plena de haber alcanzado margenes de resecciòn libres de tejido tumoral, que pudiera provocar posteriores recidivas, hasta obtener el posterior resultado del estudio anatomopatológico.
¿Por qué entonces, hasta ese momento no se había tenido en cuenta el caracter multifocal del angiosarcoma y la dificultad de detectar mediante TAC los focos satélites, para adoptar otra estrategia de abordaje para erradicar el tumor? Nadie nos dió una respuesta satisfactoria a esta pregunta.
Lo cierto es que desde el primer contacto del paciente con su Servicio Primario de Salud ,hasta el primer diagnóstico certero tras el estudio anatomopatológico subsiguiente a la primera intervenciòn quirúrgica habían transcurrido mas de nueve meses. Y desde ésta, hasta el convencimiento de que la opción quirúrgica estaba prácticamente agotada como vía para evitar que el "enano" pudiera convertirse en un gigante, habían transcurrido otros cinco meses.
¿Por qué?
Tampoco nadie nos dió una respuesta satisfactoria a esta otra pregunta.

Y con estas incógnitas sin despejar el viacrucis iniciaría su quinta estación, emprendiendo un nuevo y desconocido camino.

viernes, 31 de diciembre de 2010

EL VIACRUCIS: TERCERA ESTACION


Los errores diagnósticos, y las incidencias mencionadas en entradas anteriores hicieron que comenzaramos, paulatinamente, a perder la excesiva confianza que, hasta ese momento, habíamos depositado, en el sistema sanitario en general y en los doctores que nos fueron atendiendo a lo largo de todo el proceso en particular, y a poner en cuarentena toda la informaciòn que nos habían facilitado hasta ese momento y la que nos irían facilitando en en el futuro. Por ello, para obtener el máximo de información objetiva y fiable posible, antes de que el paciente hubiese recibido el alta hospitalaria, el día 25 de julio de 2007 hicimos un escrito que èste firmó personalmente, solicitando todo su historial clínico existente en el Hospital Provincial durante los años 2006 y 2007, registrando su entrada en la Secretaría del Centro, y obteniendo una copia sellada del mismo.

Paralelamente habíamos empezado a recopilar toda la informacion posible, sobre el cáncer en general y sobre el angiosarcoma en particular, y sobre sus posibles tratamientos y métodos de diagnóstico, posibilidades de acudir a hospitales o clínicas especializadas, procedimientos y protocolos clínicos relacionados con el mismo etc. , a fin de poder tener mayores conocimientos y y mejores argumentos al hablar, con los médicos, formularles preguntas o plantearles sugerencias. Todo ello con el fin de intentar llevar una cierta iniciativa, en lugar de esperar como hasta ahora, sin posibilidades de análisis crítico, las soluciones que estos nos propusieran. Dicha informacion la obteníamos de diversas fuentes; bien mediante charlas o consultas con amigos médicos o relacionados con la sanidad y de amigos con experiencia amplia en el trato hospitalario o en el cancer; así como tambien consultando en Internet.

Una de las cosas que, en nuestra ignorancia, nos sorprendía es que, tratándose el angiosarcoma de un raro y agresivo tumor cancerigeno, ni antes ni después de las operaciónes el paciente había sido visto por ningún oncólogo, y que los doctores de cirugía plástica tampoco tenían contacto alguno con el servicio de oncología .

Otra cosa que nos costaba entender era que, el alta hospitalaria se produjera sin conocerse previamente el resultado del informe anatomopatológico que permitía saber si el área operada tenía o no los márgenes afectados por el tumor, y si había, por tanto, que realizar o no una nueva intervenciòn quirúrgica, cuando por sus características fuese necesaria como primera indicación.

En las ocasiones que preguntamos a los distintos doctores del hospital por esta cuestión, todos coincidían en decirnos que dichos informes solían tardar en concluirse entre 20 días a un més, y que dado que estábamos en época de vacaciones de verano, probablemente el tiempo de espera se aproximase más a esta segunda posibilidad que a la primera.

Sin embargo, una vez conocido el Historial Clínico, comprobaríamos que ésta era otra informaciòn sesgada e inexacta. Pero, sigamos la cronología y no adelantemos acontecimientos.

Llegado el día 27 de julio de 2007, fecha prevista en el Informe de alta hospitalaria para informar de los resultados del estudio anatomopatológico, volvimos al abarrotado pasillo donde se encontraba la sala de consultas y curetaje del Servicio de Cirugía Plástica. Una vez allí, y tras retirar, la enfermera, los puntos de sutura, el médico de servicio ese día nos dijo que el doctor que había realizado la intervenciòn estaba en ese momento de vacaciones y que regresaría el 1 de agosto, citándonos con el mismo para ese día a fin de que éste nos informara.

Llegado el 1 de agosto, volvimos al abarrotado pasillo del Servicio de Cirugía Plástica y tras la larga espera de rigor, por fin nos recibió el doctor que había realizado la intervención, quien luego supimos que estaba especializado en cirugía de cambio de sexo ( ahora parece que lo llaman de reasignación de sexo ) y que tambien hacía bolos en una clínica privada, como la inmensa mayoría de los doctores del Servicio de cirugía plástica.

En un plis plas, miró el informe y la zona operada, diciendo que estaba perfectamente, y citó al paciente, para un nueva revisió, para el més de octubre. Al pedirle mi esposa copia del resultado del informe anatomopatológico y que nos diese la fecha de la cita por escrito, para evitar problemas posteriores, aquel dijo que no podía facilitarnos copia del informe por tratarse de un informe de otro servicio y tener caracter interno; al insistirle que al menos nos escribiese un resumen del resultado del mismo, terminó, aunque a regañadientes, por escribir de puño y letra, al dorso de la hoja de alta hospitalaria, donde constaba la cita y que acabábamos de entregarle a nuestra llegada, lo siguiente : " Acude a revision, no recidiva. Cita OCTUBRE para revisión."

A pesar de ello, y aprovechando al igual que en anterior ocasiòn, que el paciente estaba siendo atendido por una enfermera cubriendo la herida, preguntamos al doctor sobre la conveniencia de remitir al paciente al servicios de oncología negando aquel tal posibilidad, y limitándose a repetir que era suficiente con la revisión en el més de octubre, o antes si se observase algún signo de recidiva o nuevo brote.

Salimos contentos, aunque nos resultaba extraño el hecho de que en las dos ocasiones que lo habíamos solicitado se nos hubiese denegado ver el informe anatomopatológico y solo se nos hubiese informado verbalmente del contenido del mismo; y además de forma no veraz en la anterior ocasión. No obstante, dado que ya hacía más de un més que habíamos solicitado el historial clínico, en breve esperábamos obtener del mismo toda la informaciòn que, hasta ese momento, pudiese habérsenos hurtado o facilitado en forma sesgada.

En vista del tiempo transcurrido, sin que recibiésemos noticia alguna para recoger el historial clínico solicitado, contactamos telefónicamente con el Departamento de Archivo de Historias clínicas, del Hospital Provincial, donde nos dijeron que aún no habían podido hacer la copia del historial porque el mismo aún se encontraba en el Servicio de Cirugía Plástica, por no haber sido, aún reintegrado al mismo, tras la última intervención quirúrgica.

Ante nuestra protesta y previa advertencia de que nos disponíamos a acudir al Servicio a atención al paciente para formular una reclamación al haber transcurrido más un més desde la solicitud, contestaron que intentarían solicitar el historial al Servicio de Cirugía Plástica y hacerlo a la mayor rapidez.

Ese mismo día preparamos un escrito de reclamaciòn, con la intenciòn de presentarlo en el Servicio de Atenciòn al paciente del Hospital, si en los próximos días no recibíamos una comunicación para recoger el citado historial.

A primera hora de la mañana del día siguiente, antes de que hubieramos salido para el Hospital, como era nuestra intenciòn, recibimos una llamada de la Secretaria del Servicio de Cirugía Plástica quien, en nombre del Jefe del Servicio, nos citaba para que comparecieramos con el paciente, dos días mas tarde a fin de reconocerlo personalmente y valorar su situación.

¿Que había ocurrido para suscitar ese repentino interés del Jefe del Servicio, si como nos habían dicho anteriormente los doctores, todo iba sobre ruedas? .

Al parecer había recibido la noticia de nuestra peticiòn del Historial Clínico, y al comprobar personalmente el historial, alguna alarma debía haber saltado para que, de forma inesperada nos citara interesándose por el paciente, nada menos que el Jefe del Servicio, quien acababa de regresar de vacaciones y se encontraba, al parecer, con al primer "marrón", que en su ausencia le habían servido en bandeja sus subordinados.

Ante esta novedad, optamos por no acudir ese día a interponer la reclamación que teníamos prevista, y aplazarlo, en su caso, para después de la entrevista con el Jefe del Servicio, en función de como ésta se desarrollase .

Curiosamente, el día anterior de la cita, recibimos otra llamada telefónica, esta vez del archivo de historias clínicas, informándonos que la copia del historial clínico se encontraba a nuestra disposición y que podíamos pasar a recogerla .

Dado que la cita con el Jefe del Servicio de Cirugía Plástica era a las nueve de la mañana optamos por acudir primero a ésta y recoger después, tranquilamente el historial clínico, para poder revisarlo tranquilamente.

Llegamos puntuales a la temprana cita y le comentamos a la Secretaria del Servicio el motivo de nuestra visita. Parecía avisada, pues sin mas preámbulos nos mandó esperar un momento, mientras ella pasaba a un despacho contiguo a avisar a su Jefe. Un minuto después éste nos recibía muy amablemente, invitándonos a sentarnos.

El despacho era sobrio y la mesa estaba abarrotada de sobres con historiales clínicos y otros papeles.

El Jefe del Servicio, sentado tras la misma con bata blanca, era un honbre de , de unos 55 años, complexión normal y aspecto serio. El discreto moreno de su rostro con frente despejada, contrastaba con su poblada y bien recortada barba entrecana que le daba un aspecto venerable.

¿Ustedes han solicitado el Historíal clínico del paciente ?, fué su primera pregunta. A lo que respondimos afirmativamente.

¿ Y con que finalidad ? nos preguntó también en tono amable, pero no exento de extrañeza.

Como estaba esperando la pregunta, me adelanté a responder, explicándole brevemente todo lo sucedido hasta ese momento, y poniendo el acento en la relativa opacidad de las informaciones que hasta ese momento habíamos recibido, así como el hecho de que mientras el primer doctor que nos había informado del estudio anatomopatológico, tras la primera intervención, daba por buena la evolución del paciente, citándolo para una nueva revisión en septiembre de 2007 , días mas tarde fué preciso un nuevo ingreso hospitalario y una nueva intervención . Asimismo le hice notar el hecho de que hasta el momento el paciente no hubiese sido evaluado por ningún servicio de oncología, a pesar de habérselo sugerido al último doctor que nos había informado del estudio anatomopatológico de la segunda intervenciòn; Motivo por el cual deseábamos tener disponible el Historial clínico del paciente por si en un momento dado deseábamos realizar una consulta a otros doctores, para obtener una segunda opiniòn.

Una vez recibida esa explicación dió por zanjado el tema del historial clínico y se levantó de la mesa para reconocer al paciente echando un vistazo al lecho ya cicatrizado de la operación. Sobre el mismo empezaban a mostrarse dos pequeños e incipientes nódulos, que aquel tocó, preguntando al paciente si le producía dolor al apretar ligeramente; contestando el paciente, que un poco.

Pensando que pudiéramos estar ante el inicio de una nueva recidiva, el Jefe del Servicio acordó realizar, en consulta, biopsias de los nódulos dudosos, con caracter preferente, y ante nuestra insistencia decide, además remitir al paciente, para evaluación al Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Provincial.

Tras despedirnos, antes de salir del Hospital pasamos por el Archivo de Historias clínicas del mismo para recoger el Historial del paciente; una vez firmado el recibo correspondiente nos hacen entrega de un voluminoso sobre tamaño folio conteniéndolo. Antes de salir y en el mismo mostrador, revisamos detenidamente el contenido comprobando que faltaba el último informe anatomopatológico, a la funcionaria que se encontraba al frente del archivo nos contesta diciendo, que eso es todo lo que hay y que no disponen del mismo; por lo que deberíamos solicitarlo directamente en el propio Servicio de Anatomopatología del Hospital .

Un poco molestos con la respuesta, exigimos que nos entreguen nuevamente el recibo que acabámos de firmar, para dejar constancia en el mismo, del documento que faltaba, dirigiéndonos acto seguido al Servicio de Anatomía Patológica, que se encontraba en el mismo Hospital .

Llegados al mismo, explicamos lo sucedido a la Secretaria del Servicio, y le solicitamos que nos entregase una copia del último informe anatomopatológico del paciente. Esta muy extrañada nos dice que solo puede entregarlo directa y personamente al paciente.

En previsión de tal eventualidad lo habíamos llevado con nosotros y así se lo hicimos saber.
Tras solicitar el documento de identidad del paciente para comprobarlo, se introdujo en un despacho, donde había una doctora, para consultarle y solicitarle permiso para obtener el original. Poco después salía en direcciòn a otro despacho donde se encontraba la fotocopiadora, del cual salía con una copia en la mano haciéndonos entrega de la misma.
En ese momento la doctora que se encontraba en el despacho, salió del mismo y dirigièndose a nosotros nos preguntó, amáblemente, si necesitábamos alguna aclaración, dado que ella había intervenido personalmente en el análisis de los tejidos extirpados .
Le dijimos que se lo agredecíríamos;, tras lo cual nos invitó a pasar a su despacho . Allí nos explicó un poco más detalladamente lo que constaba en el informe y la concreta zona afectada por la recidiva, así como la alta agresividad del angiosarcoma y la forma multifocal en que se presentaba.

Aprovechando su amabililidad, le preguntamos la razón por la cual tardaban tanto en emitir los informes, a lo que nos respondió que normalmete solían tardar unos siete días o incluso menos.
Nos pidió la copia del informe que acababa de entregarnos para demostrarlo, y pudimos, efectivamente, comprobar, como el mismo tenía como fecha de entrada el 05/07/2007 y como fecha de emisiòn el 11 del mismo més.
Mas tarde cuando revisamos el Historial clínico, pudimos comprobar que también el informe anatomopatológico de la primera inervención tenía como fecha de entrada el 11/06/2007 y de emisión el 19/06/2007. Es decir, en ambos casos habían sido emitidos antes de ser dado de alta y por tanto, cuando el paciente aún se encontraba ingresado en el hospital. Y la misma tónica siguieron los sucesivos informes realizados con posterioridad.

Una vez que salimos del archivo, y con el volante facilitado por el Jefe del Servicio de Cirugía Plastica, nos dirigimos al Servicio de Oncología Radioterápica, para solicitar cita preferente, la cual nos fué asignada para diez días mas tarde ; y poco después eramos tambien citados por el Servcio de Cirugía Plastica para la realización de la biopsia programada .

Llegado el día de la cita, la doctora asignada por oncología radioterápica, joven, pero al parecer, con reputada experiencia, nos atendió con gran amabilidad, informándonos que, para ir ganando tiempo en el caso de que tras el resultado de la biopsia se decidiese iniciar sesiones de radioterapia, pudiesen hacerse con la mayor rapidez posible, comenzaría a preparar la documentaciòn necesaria.

Pocos días mas tarde, y tras la espera de rigor en el abarrotado pasillo de la sala de consultas del Servicio de Cirugía Plástica, entrabamos en el mismo para realizar la biopsia, concluida la cual y realizada la cura correspondiente por una enfermera, nos indicaron que nos llamarían cuando tuviesen el informe anatomopatológico de la biopsia.

Entretanto, y una vez revisada toda la documentación del historial cliníco, pudimos comprobar que en las dos ocasiones en que se nos había informado del resultado del informe anatomopatológico, se había omitido el hecho de que los bordes de la resección ( herida de la operación ) se encontraban afectados por el angiosarcoma, y que en lugar de actuar en consecuencia, se nos habían programado revisiones ordinarias, como si tal hecho no se hubiese producido. Ahora entendíamos tanto la inmediata reacción del doctor que programó la segunda intervenciòn, al acudir al mismo tras observar nuevos síntomas de recidiva, como la del Jefe del Servicio, tras su vuelta de vacaciones, al percatarse de que solicitábamos el historial clínico que tenía retenido en su Servicio.

De hecho, el informe anatomopatológico de la segunda intervención decía :

DATOS CLINICOS :

Paciente intervenido de angiosarcoma retroauricular izquierdo el 8--2007. Acude por apariciòn de nódulo. Se programa cirugía para ampliaciòn de márgenes.

DESCRIPCION MACROSCOPICA:

Dos frascos :

1.- Tarro nº 1 : Fragmento irregula de piel de 4 x 0,9 x 0,3 cm de grosor
2.- Tarro nº 2 : Fragmentgo semianular de piel de 13 cm de perímetro y 1 cm de grosor, que en la porciòn superior presenta un ensanchamiento, alcnzando un grosor de 2,5 cm. A este nivel se observa una tumoración sólida de 1 cm. que queda a 0,5 cm del borde de resección.

DIAGNOSTICO :

1 .-FRAGMENTO DE PIEL CON CAMBIOS POSTQUIRÚRGICOS
2.- FRAGMENTO DE PIEL CON ANGIOSARCOMA QUE CONTACTA CON BORDE SUPERIOR DE RESECCION Y CON CAMBIOS POSTQUIRÚRGICOS

Aquello nos encendió todas las alarmas, pero dado que el Jefe del Servicio había
tomado directamente el asunto en sus manos y que había accedido a nuestras peticiones, optamos por callarnos, esperar y observar con los ojos muy abiertos.  
 
Finalmente, a principios de octubre de 2007, tras citarnos telefónicamente, el día 11 de ese mismo més, se realizaron, previa sedación, "tres biopsias retroauriculares izquierdas" mediante "exéresis-biopsia" de tres zonas:

1 Borde posterior
2 Borde supraauricular
3 Centro injerto

Como tratamiento, se prescribiò :

Curas con Betadine cada 48 horas en su Centro de Salud
Retirar puntos a los 14 días en su Centro de salud
Nolotil 1 comprimido cada 8 horas, si dolor

Prescribiendose la revisión para "Dentro de un més en Consulta de Cirugía Plástica para el resultado de anatomía patológica" .
 
Como en ocasiones anteriores, señalaban el plazo de un més sin comunicarnos el resultado de las biopsias; A pesar de que llamamos telefónicamente, varias veces, al Servicio de Cirugía Plástica interesándonos por el resultado de las mismas, repetidamente nos manifestaban que, aún no habían recibido los resultados.

Conocedores, tras haber recibido el historial clínico, de que los anteriores informes de anatomía patológica habían tardado menos de siete días en ser informados desde su entrada en el Servicio, cuando habían trasncurrido unos veinte días, sin que el Servicio de Cirugía Plástica nos informara que lo había recibido, nos personamos, junto con el paciente, en el Servicio de Anatomía Patológica, para preguntar si había sido emitido el informe de las últimas biopsias realizadas, contestándonos afirmativamente tras consultar en el ordenador, y facilitándonos, tras solicitarla, una copia del mismo, una vez comprobada la identidad del paciente.

El informe, en el que constaba como fecha de entrada el 15/10/2007 ( 4 días despues de la realización de las biopsias ) y como fecha de emisión del informe ( 23/10/2007 ) decía lo siguiente :

DATOS CLINICOS :

Se realizan tres biopsias sobe injerto retroauricular izquierdo

DESCRIPCION MACROSCOPICA :
Tres frascos .

1º "Borde posterior" . Elipse de piel de 2 x1 cm. que en la superficie tiene un area sobreelevada de 1,3 x 1 cm. con abundantes pelos en la superficie.
2º "Borde suprauricular" . Elipse de piel de 3 x 1,5 cm que hacia uno de sus extremos tgieneun área ulcerada de 1 cm. de dimensión máxima .
3º "Centro injerto". Elipse de piel de 1,5 x 1 cm. con un área central deprimida de 0,6 cm.

DIAGNOSTICO :

I.- "BORDE POSTERIOR". PIEL. EDEMA E INFLAMACION INESPECIFICA. AUSENCIA DE NEOPLASIA.
II.- "BORDE SUPRAAURICULAR". PIEL.. ANGIOSARCOMA.
III.-"CENTRO INJERTO". PIEL. FIBROSIS CICATRICIAL. AUSENCIA DE NEOPLASIA.

Con dicha copia en la mano nos dirigimos al despacho del Jefe del Servicio de Cirugía Plástica.
Tras, esperar su llegada, pués no se encontraba en el despacho en ese momento, lo abordamos antes de entrar, preguntándole si podía recibirnos, un momento. Lo hizo de mala gana, dado que suponía una interrupciòn imprevista de su rutina de trabajo del día. Pero probablemente teniendo en cuenta los antecedentes que ya conocía, aceptó dedicarnos un poco de su tiempo.
Le preguntamos si había reicibido el Informe anatomopatológico, contestándonos negativamente; ante lo cual sacamos la copia del mismo que acabábamos de obtener.
Se quedó muy sorprendido, preguntándonos cómo la habíamos obtenido. Le dijimos que bastó con reclamarlo en el Servicio de Anatomía Patológica, que se encontraba unas plantas por debajo, en el mismo Hospital. Intentó justificarse, diciendo que aún no se lo habían remitido, a lo que contestamos, que llevábamos interesándonos telefónicamente desde hacía varios días por el resultado del mismo limitándose, la persona que nos atendía al teléfono, a darnos esa misma respuesta de que aún no lo habían recibido, sin que, al parecer, nadie se hubiese molestado en preguntar en el Servicio de Anatomía Patológica .

Insistió en que el procedimiento previsto era esperar a que Anatomía Patológica remitiese les remitiese oficialmente el informe, como forma de justificarse ante nosotros.

Llegados a aquel punto, y visiblemente molestos con semejante rutina burocrática, impropia ded la urgencia que requería la situaciòn no quisimos que aquello quedase como un hecho aislado y le dijimos, que tras haber recibido y analizado el Historial Clínico, habíamos podido comprobar, como todos los informes estaban informados en menos tiempo del que el paciente había permanecido ingresado en el Hospital tras las dos intervenciones previas, y que en ambos casos la fecha en la que se nos había citado para ser informados de los resultados del análisis anatomopatológico de los tejidos extirpados había sido casi siempre cercana a un més después del alta hospitalaria. Asimismo le hicimos saber, ya con cierto tono de recriminación, que teniendo en cuenta las características del tumor, tal forma de actuar perjudicaba seriamente al enfermo al facilitar tales retrasos la progresiòn de la enfermedad; y que a lo largo de todo el proceso médico, los retrasos y los errores habían sido los principales culpables del empeoramiento del pronóstico del paciente.

Después de una breve refriega dialéctica sobre la cuestión planteada, finalizamos rebajando el tono de la misma, diciendo que lo que realmente deseábamos es que el paciente fuese intervenido nuevamente del modo más rápido posible, y que los retrasos o errores habidos no se repitieran en el futuro.
Aquello zanjó la polémica, y el Jefe del Servicio nos aseguró, que que se reunirían inmediatamente en sesiòn clínica conjunta con los doctores del Servicio de Oncología radioterápica, para evaluar las distintas opciones existentes, emplazándonos para ese día, que nos comunicarían oportunamente a fin de informarnos del resultado de sus deliberaciones.

A la semana siguiente, tras la celebraciòn de la citada sesión clínica conjunta, el Jefe del Servicio de Cirugía Plástica nos comunicó que habían decidido una nueva intervenciòn quirúrgica y que comenzarían inmediatamente a realizar el estudio previo de extensiòn, para proceder al ingreso hospitalario e intervenciòn quirúrgica, con caracter preferente, en cuanto tuviesen un hueco en su apretada agenda.

Finalmente nos era comunicada la fecha del ingreso hospitalario para el día 8 de noviembre de 2007 para ser intervenido al día siguiente.

Habíamos concluido otra estación. Pero resultaba evidente que el vía crucis continuaba.
NOTA : Hace unos dias acaba me ha comunicado un gran amigo catalán que aaban de diagnosticarle un cancer de recto. Desde este blog le deseo mucha suerte, mucho ánimo y paciencia para afrontar el problema y una pronta recuperación.

domingo, 21 de noviembre de 2010

EL VIACRUCIS : SEGUNDA ESTACION

Días mas tarde, viendo que en el lecho de la zona injertada, había alguna zona con distinto aspecto que el resto, llamamos al servicio de Cirugía plástica para preguntar si habían recibido el informe antomopatológico y comentar lo observado, contestándonos que acababan de recibirlo y que podíamos pasarnos por la consulta para ser informados y de paso observar la evoluciòn de la cicatrización .

Al día siguiente, el paciente acompañado de su hija, se personaban en la consulta externa de cirugía plástica.

Tras una larga espera de pie en el pasillo, repleto de otros pacientes y familiares, mi suegro y su hija, entraron en la consulta, donde fueron recibidos por el Jefe accidental del Servicio, a quien al parecer correspondía ese día el turno. Tras echar un rápido vistazo a la zona operada y otro igual de rápido al que parecía ser el Informe de anatomopatología, les dijo escuetamente : "Está todo muy bien", al tiempo que le citaba, verbalmente para una nueva revisión el mes de septiembre, una vez pasadas las vacaciones de verano, cuando los doctores que habían realizado la operaciòn, hubieran regresado de las vacaciones .

Tanta parquedad informativa, parecía tranquilizadora, pero, habiendo observado el aspecto de alguna de las zonas del lecho de la operaciòn, aún no totalmente cicatrizada, que no aparecía homogeneo con el resto de la misma y presentaba incluso un pequeño nódulo violaceo, mi mujer, no las tenía todas consigo. Por ello, aprovechó que la enfermera estaba cubriendo la herida de su padre, para apartar ligeramente al doctor, de forma que no pudiera oirlo el paciente, y preguntarle por el tipo de tumor que había sido identificado en el Informe de anatomopatologia, así como si había visto alguna complicación. A lo que aquel contestó, sin más, que se trataba de un angiosarcoma, pero sin que le permitiera obtener una copia del informe, al tiempo que insistía en que no debía preocuparse porque había ido todo muy bien.

El hecho de tatar de evitar que su padre se enterase de que se trataba de un cancer, y la tranquilidad que le transmitiò el doctor al decirle que todo iba bien y no darle aparente importancia, hizo que no siguiera insistiendo en formular nuevas preguntas .

Cuando más tarde mi esposa me comentó los detalles de la entrevista y dado que en ese momento nuestra ignorancia sobre el cancer y en particular sobre el angiosarcoma era casi total, intenté buscar informaciòn sobre el mismo a través de Internet, pudiendo constatar que, a diferencia de otras variedades de cánceres no existìa mucha informaciòn específica sobre el mismo; Sin embargo todas las informaciones coincidían en poner de manifiesto la gran agresividad y el mal pronóstico del mismo, así como la práctica inexistencia de tratamientos eficaces aplicables al mismo.

Al conocer esta información, comenzó a preocuparnos la distinta coloración y aspecto del lecho de la zona operada que habíamos observado, y el hecho de que el doctor no nos hubiese mencionado nada al respecto, así como que hubiese remitido al paciente para una revisión casi mes y medio mas tarde.

Ante ello, decidimos volver al servicio de cirugìa plástica, para que nos facilitasen una copia del informe anatomopatológico y nos explicasen mas detalladamente el contenido del mismo y los riesgos existentes, asì como que valorasen los cambios observados en la zona operada. Sin embargo al carecer de cita previa temíamos no ser recibidos, especialmente teniendo en cuenta la habitual saturación de pacientes. Por tanto, abusando de amabilidad de la hermana de una amiga que trabajaba en el mismo hospital y planta que el servicio de cirugía plástica, cionseguimos que nos gestionase una cita informal con el doctor de dicho servicio que ese día pasaba consulta.

Tuvimos que esperar, casi toda la mañana, a que terminasen las citas. Sin embargo la espera mereció la pena. El doctor, que casualmente era uno de los dos que había intervenido en la operaciòn, se mostró mucho mas receptivo que al anterior, y cuando viò el aspecto del lecho de la herida oprerada y leyó el informe anatomopatológico, no lo dudó un momento, diciéndonos que iniciaría los trámites para realizar una nueva intervenciòn lo mas urgentemente posible, que le permitiera la programación de que disponìa el servicio, y que nos avisarían telefónicamente de la fecha de ingreso hospitalario .

Dos meses mas tarde, aproximadamente, tras solicitar y reicibir el historial clínico, por fin tendríamos acceso al informe anatomopatológico, cuya lectura se nos había hurtado hasta el momento, el cual decía lo siguiente :

DATOS CLINICOS :

Tumoración retroauricular izquierda. JC : Basocelular pigmentado/melanoma

DESCRIPCION MACROSCOPICA :

Elipse de piel de 5,8 cm de dimensión máxima que en su zona central presenta una lesión sobreelevada hemisférica de superficie polilobulada y color blanquecina de 2,2 cm. de diámetro que queda a 0,5 del borde de resección más próximo. A 0,9 cm. de esta primera lesión se aprecia otra lesión sobreelevada de superficie plana de 0,6 cm. de diámetro que queda a 0,4 cm del borde de resección más próximo. En el resto de la pieza se aprecian múltiples lesiones satélites de entre 0,2 y 0,4 cm de diámetro, algunas de ellas confluentes que no alcanzan los bordes de resecciòn de la pieza.

DESCRIPCION MICROSCOPICA :

Técnicas realizadas : CD31 , CD34 , D2-40

DIAGNOSTICO :

PIEL. ANGIOSARCOMA QUE AFECTA MARGEN DE RESECCION.

Nota : Dada la agresividad de este tumor y la afectación del margen de resección la posibilidad de reciciva es alta.

 
La decisión del doctor de volver a intervenir inmediatamente tuvo un efecto doble. Por un lado nos tranquilizó, en cuanto contábamos que en esta ocasiòn la espera sería breve. Pero por otro nos preocupó la actitud contradictoria del doctor que días antes nos había informado sobre el resultado del estudio anatomopatológico, quien había restado importáncia al resultado del mismo y a la evolciòn de la cicatrización de la zona operada.

En aquel momento pensamos en acudir nuevamente a ver al doctor que días antes nos había informado para preguntarle por esa contradicciòn, pero pensando que se trataba del jefe accidental del servicio, decidimos no hacerlo para evitar posibles conflictos internos entre ambos doctores, que pudieran afectar la rapidez de los trámites para la nueva operaciòn.

Mientras pasaban los días esperando que nos comunicasen la fecha de la nueva intervenciòn, observábamos que el aspecto de las zonas irregulares del injerto, emperoraba y se agrandaba un poco cada día, y como, al cabo de cinco o seis días, empezaba a supurar; por lo que acudimos con el paciente al Servicio de Atención Primaria, donde a la vista del aspecto que mostraba, de los antecedentes, y de nuestras insistencia,optaron por facilitanos un volante para el Servicio de Urgencias del Hospital Provincial.

Llegados a dicho servicio de Urgencias, nuevamente tuvimos la suerte de que ese día se encontrase de Guardia en el mismo el doctor que lo había operado e iniciado los trámites para la nueva operaciòn de ampliación de los márgenes de resección, quien al ver al paciente y la evolución de la herida, acordó inmediatamente el ingreso hospitalario el 28 de junio de 2007, y tras las pruebas y estudios preoperatorios se programó la intervenciòn para el día 3 de julio.

Finalmente la operación, realizada con anestesia local, se iniciò a las 9,35, finalizando a las 10,15, y pasando luego el paciente a la sala de reanimación, como en la ocasión anterior, hasta su posterior envio a la habitación asignada.

Durante el tiempo de estancia, se reprodujeron las circunstancias, tanto positivas como negativas apuntadas en la entrada anterior ( Buena evoluciòn de la cicatrización del injerto; parquedad informativa de la mayoría de los distintos doctores informantes; siendo curiosamente los mas asequibles a las preguntas los más jóvenes; magnífica atención del personal de enfermería; suerte una vez más con el vecino de cama que nos correspondió; Alimentación aceptable, y variada con la única restricciòn de ser pobre en grasas, como en la ocasiòn anterior etc.

Sin embargo, durante las sucesivas citas para solicitar informaciòn sobre la evolución del paciente, habíamos preguntado a varios doctores , incluido quien realizó la intervenciòn, si antes del alta iban a hacer algún tipo de prueba para conocer la posible existencia de metástasis en otras zonas u órganos; algo que nos preocupaba especialmente. Y la respuesta era siempre evasiva cuando no claramente negativa, sin que los argumentos resultasen convincentes.

Ante tal actitud que nos resultaba incomprensible, solicitamos una cita con el jefe accidental del servicio, que resultó ser el mismo que, en un principio nos había informado tan "alegremente" del resultado del informe anatomopatológico. Ante ello se nos pasó por la cabeza preguntarle y recriminarle por semejente hecho; si bien, tras comentarlo entre nosotros dedicimos pasar por alto esta cuestiòn, para evitar que se pusiese a la defensiva y que pudiera frustrarse nuestra intención de que le fuesen realizadas pruebas al paciente para conocer, con todo el detalle posible, su verdadero estado, y lo que podíamos esperar de la evoluciòn de las enfermedad .

Después de hacernos esperar un buen tiempo y de insistir varias veces a la secretaria, finalmente, a regañadientes, aceptó recibirnos.

Ante todo lo vivido y experimentado hasta ese momento, habíamos empezado a informarnos de nuestros derechos como pacientes y las formas y medios de reclamaciòn, así como de las pruebas médicas existentes para determinar la posible extensión o metastasis del tumor. Todo lo cual nos ayudó a plantear seriamente lo que pretendíamos y para evitar que nuestro interlocutor pudiera torearnos fácilmente.

Cuando le planteamos nuestra petición, en principio se negó diciendo que no era necesario prueba alguna; alegando que el tumor estaba localizado.

Sin embargo, al preguntarle si podía garantizarlo y contestar con evasivas pero firme en su idea de no realizar nuevas pruebas, le recordamos lo ocurrido días antes, en que nos había afirmado que todo estaba bien, como días mas tarde era necesaria la nueva inervenciòn para ampliar márgenes. Y le hicimos saber, que con ese precedente y con los antecedentes de error diagnóstico ( basocelular ) y de los retrasos habidos hasta conseguir la primera intervención, confíabamos poco en sus palabras y necesitábamos alcanzar el mayor grado de certeza objetiva posible, mediante las pruebas adecuadas que nos sacasen de la duda; tales como un TAC craneo torácico y una ganmagrafía osea, por ejemplo.

Viendo que todavía remoloneaba, le amenazamos seriamente con acudir al servicio de atenciòn al paciente o a la Inspecciòn Médica, si fuese necesario, donde expondríamos por escrito la historia de todo el proceso médico-hospitalario sufrido hasta entonces, con especial énfasis en la nefasta informaciòn e instrucciones que días antes nos había facilitado, y que de haberla seguido, habría supuesto una agravación de la dolencia y un empeoramiento del pronóstico de superviviencia.

Ante la firme actitud y la indignación, hasta entonces reprimida, que empezaba a traslucirse de nuestras palabras y gestos, finalmente acabó, cediendo aunque, una vez más a regañadientes y muy a su pesar .

Habíamos ganado aquella pequeña escaramuza contra uno de los cancerberos del sistema sanitario, pero no sería la última, como se verá en las sucesivas entradas del blog.

Aquello prolongó el ingreso hospitalario unos días mas de lo habitual hasta obtener el resultado de las pruebas; pero al menos nos dejó mas tranquilos al resultar, aquellas satisfactorias, por no apreciarse del resultado de las mismas evidencia de metástasis.

Finalmente el paciente recibiò el alta el 23 de julio de 2007, cuyo informe decía :

ENFERMEDAD ACTUAL :

Acude por ampliación de márgenes de Basocelular quístico retroauricular izquierdo que contactaba con margen de resecciòn lateral y estudio de extensión.

Fué intervenido con fecha 08/06/07, bajo anestesia local y sedaciòn, Dr......., Dr.......... le realizan exéresis y cobertura mediante ILPH tomada de brazo.

EXPLORACION FISICA :

Lesión tumoral retroauricular izquierda recidivada de 2-3 mm, palpable no visible.

JUICIO DIAGNOSTICO :

Recidiva de basocelular quístico retroauricular izquierdo

INTERVENCION QUIRURGICA :

El 03/07/07 ( Dr........../Dr............) BAL y sedación se realiza ampliación de márgenes quirúrgicos y cobertura con ILH de brazo izquierdo.

EVOLUCION :

Rastreo oseo metastásico : Negativo ( 18/07/07 )

TAC craneal y toraco-abdominal sin evidencia de metástasis o infiltración ( 16/07/07 )
Satisfactoria, siendo dado de alta con fecha actual, debiendo acudir a Consulta Externa de Cirugía Plástica el 27/07/07 para informe anatomopatológico.

Tratamiento :

Realizar curas con Betadine en su domicilio o Centro de Salud hasta revisión en Consulta para retirar sutura retroauricular.
Seguir su medicación domiciliaria habitual.


Como podrá observarse, en el informe de alta todavía se sigue hablando de "Basocelular quistico", en lugar de angiosarcoma, a pesar de la existencia de un anterior informe anatomopatológico que recoge este último diagnostico.

Más aún, en la hoja de ingreso fechada el mismo día de este 28/06/2007, en el capítulo de " EPISODIOS PREVIOS" ( Prestaciones/Proceodimientos/Diagnósticos ) se recoge lo siguiente :

Fecha 08/06/07 : ESTIRPACION LIPOMA

Fecha 08/06/07 : NEO MAL PIEL CUERO CABELLUDO Y CUELLO

Fecha 28/06/07 : ADENOCARCINOMA RETR.

Y se da la circunstancia de que el 08/06/07 es la fecha de ingreso de la primera intervención y que en el parte de alta no consta ninguno de los diagnósticos que figuran en la hoja de ingreso de 28/06/2007.

Y lo mismo sucede con el diagnóstico de 28/06/07, fecha de la segunda intervenciòn, que no coincide con el diagnóstico de angiosarcoma. Sin embargo, este último diagnostico sí figura correctamente en la HOJA OPERATORIA

No obstante, todas estas contradicciones y otras interesantes cuestiones internas no llegaríamos a conocerlas hasta que, tras solicitar el historial clínico del paciente nos fuera facilitado, un més mas tarde.

Por ello, tras recibir el informe de alta hospitalaria, con el resultado de las pruebas realizadas salimos bastante más tranquilos y esperanzados, pensando que esta sería la última estaciòn del "Via Crucis" .

Craso error una vez más, como comprobaríamos días mas tarde .

Pero dejemos eso para después de la publicidad.

martes, 19 de octubre de 2010

FIN DEL CAMINO Y COMIENZO DEL VIACRUCIS : PRIMERA ESTACION

Tras mucho peregrinar, por fin habíamos concluido el "Camino de Santiago" . Lo que no sabíamos es que al final del mismo no nos esperaba la ansiada "indulgencia", sino que, allí mismo, se iniciaba un "via crucis", aún mas duro; al final del cual tampoco obtendríamos la salvación que esperábamos.

A las ocho de la mañana el paciente, en ayunas, y flanqueado por su hija y por quien suscribe, entraba en la sala de espera de los quirófanos de cirugía plástica, situada en la primera planta del Hospital . La sala, de unos 15 metros cuadrados, estaba abarrotada de pacientes y sus respectivos acompañantes; en algunos casos, mas de dos por paciente. El ambiente, a pesar de las circunstancias, era bastante animado y dicharachero, y hasta un punto ruidoso para tratarse de un hospital; no apreciándose miedo o precupación en las caras de casi ninguno de los allí presentes, que mas parecía que se encontraban en una consulta rutinaria que en la antesala de la mesa de operaciones.

Tras dar los buenos días y sentar al paciente en el único butacón que quedaba libre, nos dispusimos a esperar nuestro turno y , como forma de distracción nos dedicamos a prestar atenciòn a las distintas conversaciones o comentarios de todo tipo, que tenían lugar entre los presentes mas próximos; terminando, por involucrárnos en los comentarios que se hacían en voz alta y entablar algunas conversaciones informales con alguno de ellos .

Al cabo de unos diez minutos una enfermera abrió una puerta situada al fondo de la sala que conectaba con las dependencias interiores de los quirófanos, y llamó por su nombre a uno de los citados que se encontraban esperando. Este se levantó y tras ser despedido por sus acompañantes con efusivos abrazos y frases de ánimo y buenos deseos, desapareció junto con la enfermera tras la puerta por donde aquella había aparecido.

Media hora mas tarde, aproximadamente, por la misma puerta, aparecía un doctor con el típico traje verde y gorro de quirófano y llamaba a los familiares del recién operado, explicándoles, brevemente allí mismo, ante la expectación de todos los presentes, la operación que había realizado y que el resultado de la misma había sido el previsto; al tiempo que les informaba, que en ese momento, el paciente se encontraba bien, en la sala de reanimación y que cuando saliese de la misma para pasar a la habitación asignada, serian avisados y podrían verle.

El ritual se repitió con el siguiente paciente y a la tercera le llegó el turno a nuestro familiar. Esta vez quien salió a llamarle fué un enfermero. Cerrada la puerta por donde había aparecido, introdujo al paciente en un pequeño cuarto próximo y le ordenó que se despojase de sus ropas y se pusiese una especie de mandil azulado abierto por su parte delantera antes de entrar en el quirófano y que metiese sus ropas de calle en una bolsa negra que le había facilitado y que la entregase a sus acompañantes.Cuando lo hubo hecho, abrió la puerta de la sala de espera, donde nos encontrábamos y nos dió la bolsa con la ropa de calle. Le deseamos suerte y el enfermero volvió a cerrar la puerta. Acto seguido, el enfermero le rasuró la zona de la cabeza donde asentaba el enano, y poco después estaba tumbado en la mesa del quirófano.

Una hora más tarde, aproximadamente, abrió nuevamente la puerta uno de los cirujanos que le había intervenido, para informar del resultado de la intervenciòn. Al igual que en ocasiones anteriores la información tuvo lugar de pié y en la misma sala de espera, limitándose a informar del favorable resultado, del buen estado del paciente, y de que podríamos verle una vez saliera de la sala de reanimación, donde se encontraba, camino de la habitación asignada.

Poco a poco la sala de espera iba vaciándose de gente que, a su vez, comenzaba a acumularse en el hall de entrada a la puerta de quirófanos, en espera de ver salir a sus familiares o amigos recién operados, camino de las habitaciones.

Nosotros optamos, por salir por breve tiempo a la calle, para airearnos un poco, charlar mientras dabamos un corto paseo y tomar a continuación un pequeño refrigerio en la cafetería existente frente al Hospital; dado que el tiempo mínimo de espera antes de que el paciente abandonase la sala de reanimación rondaba las dos horas.

Cuando llegamos a la puerta principal de entrada al hospital, observamos un insólito espectáculo, hasta ahora único para nosotros, y que con tiempo comprobaríamos que constituía una arraigada costumbre de los pacientes del hospital.

En el exterior y bajo la marquesina, unos de pié o otros sentados, o incluso tumbados sobre un grueso muro bajo que limitaba por sus extremos la escalera de bajada hasta el pie de calle, se encontraba un nutrido grupo de enfermos con sus pijamas, sus vendajes y escayolas e incluso sus goteros o sillas de ruedas, fumando como auténticos cosacos. Días mas tarde, incluso pudimos ver a los mas osados, cruzar la calle en pijama para ir a comprar tabaco a la cafetería situada, justo frente al hospital. Aquello, que tanto nos extrañaba debía formar parte de los protocolos hospitalarios, pues se realizaba a la vista de todos con total naturalidad, y sin que nadie del personal del hospital se inmutase por ello lo más mínimo.

Una vez concluido el breve paseo y tomado un tentempié, volvimos a la planta. En el hall existente a las puertas de los quirófanos, nuevos familiares y acompañantes de los enfermos se iban sumando al grupo inicial y el murmullo comenzaba a parecerse a un gallinero, con gente hablando todos al mismo tiempo y cada vez mas alto para hacerse oir. De vez en cuando salía una enfermera a solicitar silencio. El rugido de la "marabunta" se atenuaba por un momento, para volver en rápido crescendo a alcanzar el volumen que había motivado la intervención de la enfermera.

Finalmente,en una camilla empujada por un fornido enfermero, salió el primer paciente intervenido. Se hizo por un momento el silencio, y todos los presentes dirigieron la mirada hacia el mismo esperando reconocer al enfermo que esperaban. El enfermo, inmediatamente fué rodeado por sus acompañantes, quienes tras hablar y bromear brevemente con el mismo siguieron al camillero hasta su habitación.En la puerta de quirófanos el sonido del silencio duro poco;siendo nuevamente roto por el barullo de gente que se encontraba a la espera.

Una hora más tarde, aproximadamente, por fin salió nuestro familiar; un poco adormilado todavía pero con buen aspecto; si bien lucía sobre la cabeza un aparatoso vendaje a modo de turbante, dando la impresiòn de que en lugar de extirparle un tumor de 15 milímetros, como había recogido el informe del dermatólogo, y reproducía la hoja de anamnesis y exploraciòn cliníca, confeccionada previamente al ingreso, parecía que hubiera sido objeto de una trepanaciòn.

Para quitarle importancia, hicimos algún chiste a cuenta del turbante, que fué correspondido por el paciente con una sonrisa forzada.

El camillero iniciò la marcha y nosotros le seguimos hasta la habitaciòn. Esperamos fuera, hasta que aquel lo acomodó al paciente en la cama, entrando una vez que aquel hubo salido.

Mi suegro tenía aún la voz gangosa, por efecto, de la intubación y de la "borrachera" producida por la anestesia; pero comprobamos que, a pesar de su situaciòn gozaba de buen humor; lo cual nos tranquilizó.

Habíamos tenido mucha suerte. Las habitaciones eran dobles, pero en ese momento eramos los únicos ocupantes. Siempre es una lotería quien pueda tocarte en suerte como vecino de cama. Y los primeros días en que el paciente suele encontrarse mas molesto suelen ser los peores. Especialmente si te toca en suerte un vecino en espera de ser intervenido y con múltiples y poco considerados visitantes. A medida que el paciente mejora y puede moverse, siempre queda la posibilidad de salir a pasear por el pasillo o sentarse en la sala de visitas, durante las, a menudo, bulliciosas horas de visita .

Aparte de lo aparatoso del vendaje, mi suegro tenía la boca seca. Sin embargo nos habían advertido de que no podía ingerir líquido hasta que a media tarde le fuera proporcionada una infusión. Tanto los efectos postoperatorios de la anestesia, aún no eliminada en su totalidad, como la sed contenida durante casi 18 horas sin probar líquido ni alimento alguno, hacía que mi suegro pareciese postrado y sin fuerzas.

Fué a partir de media tarde, tras serle servida una simple taza de manzanilla, cuando, repentinamente comenzó a recuperar su vitalidad . Al poco tiempo de tomarse la infusiòn, y aún con el gotero puesto se animó a levantarse y sentarse en uno de los sillones que había en la habitación. Lo cual nos sorprendió gratamente, pues era señal de que todo parecía marchar perfectamente. A la hora de la cena le sirvieron una dieta blanda, que devoró como si fuese un manjar. Ese noche insistió en que nadie se quedase con él; por lo que concluido el turno de visitas y tras habernos apuntado en la lista para ser informados al día siguiente de la evoluciòn del paciente, nos despedimos del mismo.

Mi mujer y yo estábamos bastante cansados, por el madrugón y por las más de doce horas que llevabamos fuera de casa, pero contentos, porque todo parecía ir sobre ruedas.

A las 13,30, hora fijada para el inicio de la informaciòn a los familiares de los pacientes, nos encontrábamos en la puerta de la sala de información del servicio de Cirugía Plástica, como nos habían indicado el día anterior . Otros tres familiares de otros tantos pacientes ingresados esperaban también de pié en el pasillo, para ser informados, según nos confirmaron tras preguntarles. Momentos más tarde se sumaban al grupo otros dos más. Entre tanto veíamos pasar , ante nuestras narices, y entrar y salir de la secretaría del Servicio o de otros departamentos del mismo, personal con bata o traje de quirófano e incluso vestidos de calle; pero nadie se dirigía a nosotros para preguntarnos por quien esperábamos o para informarnos sobre el retraso en el horario de informaciòn.

Cuando había transcurrido mas de un cuarto de hora de espera, preguntamos en la Secretaría del Servicio por los motivos de la tardanza, explicándonos que lo ignoraban, pero que probablemente el doctor que le correpondía informar ese día no habría salido aún del quirófano, pero que suponían que estaría a punto de hacerlo.

Cinco minutos mas tarde, llegó, con paso cansino y parsimonioso, una doctora con bata blanca y edad próxima a la de jubilaciòn, que sin decir ni pio se introdujo en la sala donde habitualmente se informaba a los familiares de los pacientes ingresados. Todos nos miramos, con cara de estupefacción, pensando si sería dicha doctora la informante. Una mujer cuyo marido llevaba ingresado ya varios días y que conocía a la doctora de ocasiones anteriores, bufó, al tiempo que decía : "buena nos ha tocado. me parece que hemos perdido el tiempo esperando". Transcurrido un minuto aproximadamente, el primero de la fila se dispuso a llamar a la puerta para preguntar; momento, en que, como si estuviese esperando esa acciòn, la doctora abrió la puerta, dejándola con el puño en el aire , y sin la más mínima disculpa, preguntó ¿Están ustedes para información . Si contestamos casi al unísono, excepto una discordante que añadió : "Llevamos ya mas de media hora esperando".

La doctora, con cara de no haber comido en toda la mañana, hizo como si no hubiese oido el comentario y, sin mirar a nadie, dijo escuetamente : "Pues que pase el primero", al tiempo que entre dientes mascullaba: "aunque no se que les voy a contar, porque no he podido hablar con los doctores".

Pasó en primer lugar una mujer y la que parecía ser su hija. La doctora, sin tan siquiera cerrar la puerta, las recibió de pié, a un metro del umbral de la misma y les preguntó por el nombre del paciente al que representaban.

Tras recibir las respuesta, miró en la hoja que contenía el listado de quienes habían solicitado ser informados, comprobando que se encontraba en la misma. Entornó ligeramente la puerta y al cabo de dos minutos aproximadamente, salían los familiares del paciente con cara de disgusto. Y algo parecido sucedió con el siguiente familiar que les siguió.

Cuando nos tocó entendimos la razón de aquellas caras largas. La doctora nos recibiò igualmente de pié, y tras la pregunta ritual relativa al familiar a quien representábamos, y su comprobaciòn en la lista, nos
indicó en unos términos muy vagos que la operaciòn había ido muy bien y que la evoluciòn también se estaba desarrollando satisfactoriamente. Sin embargo al preguntarle por algunos detalles, comprobamos que no tenía ni idea, terminando por admitir que no había podido hablar con los doctores que lo habían intervenido y que lo habían visitado ese día en Planta, y que volvieramos al día siguiente para ser informados con mayor detalle.

Al salir, comprobamos que los familiares que habían llegado después que nosotros se habían desaparecido. Mas tarde supimos que habían hablado con los que nos habían precedido, y que al explicarles la situación optaron por no perder el tiempo esperando una informaciòn que ese día no iban a obtener.

Con posterioridad y a lo largo de las distintas veces que el paciente ingresó para ser reintervenido por sucesivas recidivas, siempre vimos a la susodicha doctora deambulando, con bata blanca inmaculada por los pasillos, con aspecto mucho menos estresado que la mayoría de sus colegas, trasladando papeles de un lado a otro; pero en ninguna ocasión pudimos verla con traje de quirófano. Lo cual, vistos los precedentes, resultaba tranquilizador

Sin embargo, en la quinta y última intervenciòn nos extrañó no verla; enterándonos por manifiestaciones de personal del Hospital, que se había jubilado. Mas tarde supimos también que regentaba una clínica de cirugía estética, y que la mayoría de los colegas del hospital también trabajaban en clínicas privadas de cirugía plástica externas al Hospital Provincial.

Ese mismo día, por la tarde, fué ocupada la cama que permanecía libre en la habitaciòn. Tuvimos suerte; pues el enfermo además de resultar un ameno conversador, al igual que sus principales acompañantes habituales, permaneció a la espera de ser operado casi hasta el día del alta de nuestro pñaciente; con lo cual la estancia se hizo bastante agradable, dentro de lo agradable que puede considerarse la estancia en un hospital.

Por otro lado la comida hospitalaria era abundante, relativamente variada y de una calidad y preparaciòn bastante aceptable; si hemos de tener en cuenta los estándares de calidad y preparaciòn de las comidas hospitalarias. La ùnica limitación venía por el hecho de tatarse de una dieta pobre en grasas, como consecuencia del antecedente de infarto sufrido por el paciente. Sin embargo luego conoceríamos que nadie había tenido en cuenta en la dieta, el específico caracter tumoral maligno que constituía el objeto de la operaciòn, de forma que se prescribiesen alimentos específicos con potencial anticancerígeno, o que se evitasen otros que pudiesen facilitar la progresión tumoral. Y ese problema de la dieta constituiría una constante a lo largo de las cuarto ocasiones siguientes en que el paciente tuvo que ingresar para ser nuevamente reintervenido.

En honor a la verdad, hay que decir que, en general, el trato del personal de enfermería, tanto en aspecto profesional, como en el humano fué magnífico, facilitando mucho la estancia, del enfermo y contribuyendo, bajo la dirección médica y con ayuda de los acompañantes, a que en todas las ocasiones, la operación y su posterior evolución hospitalaria resultasen sin incidencias notables . Tanto el paciente como sus familiares acompañantes guardamos un grato recuerdo de este personal.

No se puede decir lo mismo del equipo médico; pues si bien no cabe objecciòn alguna a la profesionalidad técnica de las operaciones en su aspecto puramente quirúrgico y postquirúrgico, ( cicatrización y buena aceptacion del autotrasplante de piel etc .) dejaba mucho que desear en el aspecto humano y de comunicación tanto con el paciente como con los familiares representantes del mismo; así como en cuanto a la coordinación con otros servicios, ( en especial con el de anatomopatología ), y en cuando abordaje quirúrgico específico elegido, teniendo en cuenta las características específicas propias de tipo de tumor de que se trataba . Lo cual ha quedado patente en las reiteradas recidivas, tras cada alta hospitalaria, en los bordes de la zona operada. Elementos todos ellos negativos que vinieron a sumarse al retraso en el diagnóstico y en la reaslización de la primera intervención quirúrgica. Deficiencias, todas ellas, sin las cuales es muy probable que no estaríamos aquí narrando esta historia para no dormir.

Finalmente, tras diez días de hospitalización, el día 18 de junio de 2007, el paciente recibiò el alta hospitalaria y en el informe de alta decía :


ENFERMEDAD ACTUAL:

Paciente con tumoración quística de 1,5 cm. de diámetro en región retroauricular izquierda

EXPLORACION FISICA :

Lesión tumoral retroauricular izquierda, de características quísticas y de 5 x 3 cm de tamaño

JUICIO DIAGNOSTICO :

Basocelular quístico retroauricular izquierdo

INTERVENCION QUIRURGICA :

Con fecha 08/06/07, bajo anestesia local y sedación Dr....... Y Dr....... le realizan exéresis y cobertura mediante ILPH tomada de brazo.

EVOLUCION :

Satisfactoria, siendo dado de alta con fecha actual 18/06/07, debiendo acudir a consulta externa de Cirugía Plástica dentro de 3 semanas para informe anatomopatológico.

TRATAMIENTO :

Realizar curas con Betadine en su domicilio

Seguir su medicaciòn domiciliaria habitual .


Como puede verse, el tumor fué operado como si se tratase de un CARCINOMA BASOCELULAR QUISTICO, y no como un ANGIOSARCOMA, que tienen comportamiento, patrón de desarrollo y agresividad distintas. Y ello debido a que con caracter previo no se realizó ni una sola prueba objetiva para su correcta diagnosis.

Al mismo tiempo su tamaño, desde su descripción inicial por el dermatólogo del Hospital Comarcal, hasta el momento de la intervención quirurgica, había crecido desde 1,5 cm de diámetro hasta una elipse de 5 x 3 cm. , al tiempo que mostraba el desarrollo de varios satélites"o focos secundarios, próximos al tumor principal, como pondría de manifiesto posteriormente el informe anatomopatológico.

Por último puede observarse, igualmente, que ni antes de la intervenciòn se realizaron pruebas para determinar el tipo de tumor y su extensiòn, ni tampoco se realizaron, durante la hospitalización, antes de alta hospitalaria.

Y así paciente y familiares se fueron a casa, tan contentos, pensando ingenuamente que allí acababa aquel larga y tortuosa peregrinaciòn. Mas tarde, tras conocer el resultado del informe anatomopatológico, decubriríamos que el camino, lejos de terminar se había transformado en "via crucis".